Indexa y Value Tree: dos formas de invertir y un enemigo común, la banca tradicional
Sus fundadores, François Derbaix y Eric Collinger, defienden la inversión a largo plazo, los bajos costes y la independencia
Gestión activa frente a pasiva. Selección detallada de acciones frente a fondos que siguen a índices. Servicio ultrapersonalizado versus operativa vía móvil u ordenador. Value Tree e Indexa Capital —dos proyectos empresariales fundados y liderados por dos belgas en España, Eric Ollinger y François Derbaix— parecen dos propuestas de valor en las antípodas, pero bajo la superficie, ambos proyectos tienen mucho en común.
Derbaix y Ollinger, afincados en España desde hace 25 años, participaron el pasado lunes en un encuentro con lectores y suscriptores, organizado por EL PAÍS bajo el título Finanzas con acento belga. La conversación reunió a dos de los empresarios que han logrado hacerse un hueco en el competitivo sector financiero español desde propuestas muy diferentes: Derbaix, impulsando la gestión indexada y de bajo coste a través de Indexa Capital; y Ollinger, desarrollando una firma de asesoramiento patrimonial ligada al mundo de la banca privada.
La primera gran coincidencia entre los dos empresarios apareció al abordar la relación con la banca tradicional. Derbaix recordó que, cuando lanzó Indexa hace una década, la primera frase con la que presentaba el proyecto era contundente: “No dejes que un banco gestione tu dinero”. Su argumento es que durante años la industria bancaria ha priorizado la venta de los productos que más comisiones cobraban, en detrimento de la rentabilidad final para el cliente.
“Más diversificación y menos costes” es, según explicó, la esencia de la propuesta de Indexa. La firma administra actualmente casi 6.400 millones de euros mediante carteras basadas principalmente en fondos indexados y dirigidas a un público muy amplio. De hecho, la entidad permite abrir una cartera desde 1.000 euros y cuenta con clientes que van desde pequeños ahorradores hasta grandes patrimonios con decenas de millones de euros invertidos.
Ollinger, aunque desde una filosofía distinta, hizo un diagnóstico similar. Recordó que cuando decidió implantarse en España a comienzos de la década de los 2000 se encontró con un mercado dominado por las grandes entidades financieras. Según explicó, la intención de Value Tree nunca fue competir frontalmente con los bancos, sino ofrecer un modelo más personalizado y cercano para aquellos clientes que buscaban un servicio de acompañamiento patrimonial a largo plazo.
“La gestión de patrimonio no consiste en vender productos, sino en prestar un servicio”, resumió. La firma dirigida por Ollinger combina la gestión de inversiones con asesoramiento fiscal, planificación patrimonial y acompañamiento financiero integral, una aproximación que históricamente ha estado asociada a la banca privada.
Gestión activa vs. gestión pasiva
El principal punto de diferencia entre ambos llegó al abordar el eterno debate entre gestión activa y gestión pasiva. Derbaix defendió que la mayoría de los inversores obtiene mejores resultados si apuesta por fondos indexados de bajo coste que replican el comportamiento de los mercados. “En 10 años de historia, nuestros clientes han obtenido una rentabilidad media anual del 8%, lo que supone una rentabilidad acumulada del 130%, muy superior a la que hubieran obtenido con fondos de la banca”, explicó.
En su opinión, intentar seleccionar de manera sistemática las mejores acciones añade costes y complejidad sin que exista evidencia suficiente de que esa estrategia genere mejores resultados para la mayoría de los clientes.
Ollinger respondió reivindicando el valor de la gestión activa cuando está basada en un análisis riguroso. Su filosofía se centra en identificar compañías infravaloradas con capacidad para generar flujos de caja sostenibles en el tiempo. No obstante, el presidente de Value Tree evitó presentar ambas estrategias como irreconciliables. De hecho, reconoció que en determinadas áreas geográficas o mercados donde resulta más difícil realizar un seguimiento detallado, puede tener sentido recurrir a productos indexados para complementar una cartera. Un ejemplo citado es Asia, donde algunos gestores destinan una parte de la cartera a través de ETF (fondos cotizados) que siguen índices regionales.
Comisiones
A pesar de esta contraposición de modelos, ambos empresarios sí que coincidieron en la importancia de que los vehículos a través de los que se invierte tengan unas comisiones moderadas. Ollinger defendió que la gestión activa no tiene por qué ser sinónimo de unos altos costes. “Nuestro mayor fondo de inversión [Blue Global Fund], con un patrimonio de más de 600 millones de euros, tiene unos gastos anuales del 0,35%, y tenemos el compromiso de ir reduciéndolos según vaya creciendo el fondo”, apuntó el presidente de Value Tree.
En el caso de Indexa Capital, las comisiones bajas están en el ADN del proyecto. Su origen es la distribución de carteras de fondos indexados. A día de hoy, el coste medio que pagan los clientes es del 0,53% anual. Dos tercios de ese porcentaje van para Indexa, y el resto va para pagar a las gestoras de los fondos subyacentes y la comisión de custodia.
Otro de los asuntos que despertó más interés fue la irrupción de los neobancos y plataformas digitales como Revolut, N26 o Trade Republic. En este punto volvieron a emerger matices. Ollinger considera que estas entidades operan en segmentos distintos al suyo y, por tanto, no representan una competencia directa para firmas especializadas en gestión patrimonial. Derbaix fue algo más allá y reconoció que sí constituyen un competidor relevante, especialmente entre las generaciones más jóvenes. Sin embargo, considera que su desarrollo contribuirá a ampliar el mercado y a que más personas se familiaricen con la inversión.
El debate también abordó cuestiones de actualidad regulatoria. Ambos mostraron reservas sobre la nueva cuenta de ahorro e inversión Financia Europa, impulsada para canalizar una mayor parte del ahorro de los ciudadanos hacia empresas europeas. Derbaix cuestionó especialmente la obligación de concentrar una elevada proporción de la inversión en activos de la Unión Europea, una exigencia que, a su juicio, reduce la diversificación que debería perseguir cualquier ahorrador. Tanto él como Ollinger coincidieron además en reclamar un mayor impulso al ahorro para la jubilación y criticaron las limitaciones que han sufrido los planes de pensiones individuales en los últimos años.
A preguntas de los asistentes, los dos gestores lanzaron también un mensaje de prudencia respecto a las predicciones de mercado. Ninguno quiso aventurar cuándo llegará la próxima crisis financiera ni cuáles serán sus detonantes. Para Derbaix, intentar anticipar esos movimientos resulta inútil y suele acabar perjudicando al inversor. Ollinger defendió una postura similar: más que adivinar el comportamiento de los mercados, lo importante es identificar activos de calidad que coticen por debajo de su valor intrínseco.
La educación financiera fue otro de los grandes temas de la mañana. Ambos coincidieron en señalar la mejora que ha experimentado España durante las últimas dos décadas. Ollinger recordó que, a comienzos de los años 2000, buena parte de los inversores españoles limitaban sus decisiones a los productos comercializados por los grandes bancos nacionales. Hoy, gracias a internet y a la mayor disponibilidad de información, los ahorradores disponen de muchas más herramientas para comparar costes, analizar productos y tomar decisiones informadas.
Al final, el supuesto enfrentamiento entre gestión activa y gestión pasiva quedó relegado a un segundo plano. La principal conclusión del encuentro fue otra: independientemente del modelo elegido, la clave está en invertir a largo plazo, controlar los costes y mantener la independencia frente a los intereses comerciales que durante años han dominado la distribución financiera en España. Dos caminos distintos que, al menos en ese diagnóstico, convergen plenamente.