Hugo Ferrer: “Los bonos soberanos se están depreciando y esa es una señal clara para no invertir”
Este gestor de carteras independiente reconoce su escepticismo ante el rally de la Bolsa y señala que cada vez hay más indicios que apuntan a un final de ciclo bursátil
La industria financiera española está tremendamente concentrada en Madrid y Barcelona. Pero hay excepciones. En algunos rincones del país hay profesionales y trayectorias que han logrado hacerse notar, en un sector dominado por los gigantes bancarios y las grandes gestoras internacionales. Uno de ellos es Hugo Enrique Ferrer Quintana (Arrecife, 1982). El inversor vive en su Lanzarote natal y fue allí donde cofundó hace 15 años la comunidad de consejos bursátiles Inbestia. Allí escribió el libro El inversor global. Luego fue asesor durante cuatro años del fondo de inversión Ítaca Global Macro (2015-2018) y ahora gestiona carteras para clientes particulares en Link Securities. Además, es el responsable del Club Bursátil Confidencial, donde ofrece formación financiera.
Pregunta. ¿Le condiciona seguir los mercados financieros desde una pequeña isla del Atlántico?
Respuesta. Nunca ha sido un problema a la hora de invertir. Al revés, creo que me permite aislarme del ruido que rodea a los grandes centros financieros.
P. ¿Hay clientes que se extrañan de que gestione millones de euros desde aquí?
R. Sí, claro. Incluso alguno me recomienda que en las fotos no se vea de fondo la playa o las palmeras. Porque les parece poco profesional. Pero es que este es mi hogar y mi lugar de trabajo. Y desde aquí puedo seguir los mercados igual que desde Londres o Nueva York.
P. ¿Cómo define su estilo de inversión?
R. Me defino como un inversor sistemático por momentum. Esto consiste en invertir en los sectores que mejor rendimiento ofrecen en los últimos meses.
P. ¿No supone invertir en acciones caras?
R. La inversión momentum se basa en una ineficiencia del mercado muy estudiada que consiste en que los activos que han tenido un rendimiento superior en el pasado reciente tienden a seguir haciéndolo bien en el corto plazo, mientras que los rezagados continúan cayendo.
P. ¿Cómo llegó a este estilo?
R. Por mis lecturas, por la amplísima evidencia académica al respecto... Pero también por mis propios errores. Cuando empecé, tendía a buscar activos que el mercado despreciara y que estuvieran muy baratos. De hecho, en redes sociales me hacía llamar Contrainvest, pero el señor Mercado me acabó poniendo en mi sitio. El 99% de las veces es contraproducente ir en contra de la tendencia del mercado.
P. ¿Cuál es la tendencia actual?
R. Estamos viviendo una manía bursátil vinculada a la inteligencia artificial. Eso no significa que la tecnología no sea real. La IA ya está cambiando muchísimo nuestras vidas, igual que ocurrió en otros momentos de la historia con tecnologías que terminaron siendo absolutamente transformadoras. El problema es cuánto están pagando los inversores por esas expectativas de crecimiento.
P. ¿Ve paralelismos con otras revoluciones tecnológicas que acabaron en burbuja?
R. Hay un elemento que se repite históricamente con el ciclo de inversión de capital. Cuando aparece una nueva tecnología que promete cambiar el mundo, muchísimas empresas quieren convertirse en las ganadoras. Invierten cantidades enormes de dinero, se endeudan y compiten entre ellas. Pero finalmente no hay mercado suficiente para que todas sean ganadoras. Acaba habiendo una o unas pocas compañías vencedoras y muchas otras que han invertido cantidades enormes de capital intentando competir y que terminan sufriendo. Esto lo hemos visto con la inversión en los canales y el ferrocarril, en el siglo XIX, o con internet en el siglo XX. La tecnología podía ser extraordinaria y transformar completamente la economía, pero eso no significaba que todos los inversores que financiaron aquella expansión acabaran ganando dinero.
P. Aun así, ¿se mantiene totalmente invertido en Bolsa?
R. Ahora mismo, las carteras que gestiono tienen un 70% de renta variable y un 20% en materias primas, que van muy bien por la situación en Oriente Próximo. El resto está en liquidez. Hace unos años funcionó muy bien la apuesta por el oro, pero ya lo saqué de las carteras.
P. ¿Qué señales de alarma le preocupan más?
R. Primero, la alta concentración que hay en el mercado, con un puñado de compañías acaparando la mayor parte de la capitalización bursátil de EE UU. Algo muy típico de final de ciclo. Además, la obsesión del mercado por la IA. Y, por último, la aceleración del apalancamiento de los inversores, que cada vez piden más prestado para comprar acciones. Otra señal inquietante.
P. ¿Y todo esto no basta para reducir el riesgo en cartera?
R. Hoy por hoy sigo siendo un alcista escéptico y creo que el mercado aún tiene recorrido.
P. ¿Qué otras señales espera?
R. Antes de modificar sustancialmente la cartera, comprobaré cuatro variables. Primero, ver si hay una tendencia clara de caída bursátil a lo largo de varias semanas o meses. Segundo, ver si eso ocurre no solo en las grandes empresas, sino en todo el espectro del mercado, también en las medianas y pequeñas. Las grandes tecnológicas pesan tanto que pueden distorsionar la visión global. En tercer lugar, me fijo en si hay una rotación de la inversión desde los sectores de crecimiento a los más defensivos. Y, por último, me fijo en si hay un deterioro del ciclo macroeconómico. Hoy por hoy, ninguna de estas cuatro señales de alarma ha saltado. Pero con que una o dos saltaran, ya modificaría la cartera.
P. ¿A través de qué vehículos invierte?
R. Ahora, con las carteras, utilizo fundamentalmente fondos cotizados [ETF, por sus siglas en inglés] sectoriales de la Bolsa de Estados Unidos. Voy modificando su peso en función del momentum de cada uno de los sectores. Cuando era asesor de un fondo, sí que invertía en acciones.
P. La deuda soberana cada vez ofrece rentabilidades más altas, ¿no le parece un activo atractivo?
R. Rentabilidades más altas implican que los bonos soberanos se están depreciando. Según mi metodología, esa es una señal clara para no invertir. Igual que tampoco invierto en deuda corporativa.
P. Su forma de invertir tiene una parte de indexación...
R. Sí, pero el problema de ceñirte a las reglas es cómo se crea ese índice determinado. Un índice ponderado por capitalización va dando cada vez más peso a las compañías que se hacen más grandes y que mejor funcionan, mientras que las que pierden capitalización van perdiendo peso o terminan saliendo del índice. Tiene, por tanto, cierto componente de momentum. Mientras la Bolsa sube, todo es precioso. Pero cuando llega un mercado bajista prolongado, un inversor indexado puede encontrarse con pérdidas del 50% y acabar tirando la toalla. Con mi enfoque momentum intento justo evitar esos mercados bajistas.
P. ¿Cuándo considera que empezó el actual ciclo alcista?
R. Técnicamente, en septiembre de 2022, porque considero que ahí se produce el giro tras el mercado bajista provocado por el endurecimiento monetario de la Reserva Federal. Pero realmente creo que vivimos en un gran ciclo alcista secular que se inició en marzo de 2009, tras el suelo de la crisis financiera global.
P. ¿Y podríamos ver un ciclo bajista tan largo como el ciclo alcista actual?
R. Es posible. Tal vez no puramente bajista, pero sí un mercado lateral que dure años y años.