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El pacto entre Europa y Mercosur reactiva el interés de las empresas españolas por Brasil

El acuerdo reduce aranceles, pero no disminuye la elevada fiscalidad. Las exportaciones alcanzaron los 3.091 millones en 2025, con los productos químicos en cabeza

Belén Trincado Aznar

Los efectos del acuerdo de libre comercio entre la UE y Mercosur, en aplicación provisional desde el pasado mes de mayo y cuya ratificación por el Parlamento Europeo está prevista para julio, ya se están notando en las operaciones de las miles de empresas españolas que exportan a Brasil (4.418 en 2025). Es el caso del fabricante de lubricantes y aceites industriales Cogelsa. Marcelo Maza, su gerente del área de exportación, lo celebra: “Para nosotros, el acuerdo es una noticia muy positiva. Uno de los sectores clave del tratado es el de los productos químicos”. Los aranceles para estas sustancias suponían de media el 11%, que se eliminará en un plazo de entre cuatro y diez años, según el compuesto; en comparación, la industria farmaceútica –principal vendedor exterior español– tenía un máximo del 14%, liberándose en su mayoría en cuatro años.

Más allá de la bajada de costes, Maza destaca la previsibilidad que aporta el convenio: “Un marco estable nos permite planificar inversiones y reforzar nuestra red de distribución en el país con mucha más confianza”. La compañía desembarcó en el mercado brasileño en 2012, para dar respuesta a las solicitudes de clientes, y actualmente opera a través de un distribuidor local.

Si bien ahora representa alrededor del 3% de su negocio internacional, sus responsables consideran a Brasil como uno de sus países prioritarios en Sudamérica a corto plazo y aspiran a situarlo entre sus principales destinos fuera de Europa, apoyándose en el peso de sectores como la minería, la siderurgia o la industria alimentaria, donde concentra buena parte de su oferta.

Para Alexis Granero, director general de Flexor, la reducción de aranceles no supondrá una gran variación en sus ventas. De hecho, cree que el pacto será más significativo para sus exportaciones a Argentina y Chile. En particular, las ortesis plantares (plantillas ortopédicas a medida) que confeccionan soportaban gravámenes de entre el 10% y el 15%, pero “la principal barrera no son tanto los aranceles sino la cascada de impuestos que va después”, asegura.

Granero explica que la elevada carga fiscal que soportan las importaciones junto a los costes de transporte –del 15%– hacen que el precio final de sus productos casi se duplique al llegar a Brasil. Esto, unido al descenso que experimenta la actividad del calzado, provoca que sus expectativas sean contenidas, a pesar de que antes de la pandemia este mercado estuviera entre sus principales destinos, con cerca de 150.000 euros facturados anualmente, mientras que hoy supone un 2% de su volumen de intercambios.

Burocracia

No en vano, Flexor está presente en el país desde 2009 a través de un distribuidor local, un modelo que Granero considera imprescindible para tener éxito en este mercado: “Hay que operar sí o sí a través de un distribuidor que actúe como un socio de confianza”. A lo anterior añade que Brasil es un mercado que exige paciencia y flexibilidad para consolidar la presencia, “por ejemplo, en lo que se refiere a los plazos de pago”.

La razón es que el país presenta una combinación de complejidades tributarias, legislativas y burocráticas, a decir de Marcus Vinicius Monteiro, director de la oficina de UR Global en Brasil. “No es un mercado simple para las pymes, por lo que ni debe abordarse como un destino más ni replicar los mismos modelos que se utilicen en otros, aunque ya estén probados”, apunta.

Con todo, Monteiro afirma que se trata de un destino de escala difícilmente comparable en América Latina, con cerca de 215 millones de habitantes y “una base industrial relevante, fuerte consumo interno y grandes necesidades de inversión en infraestructura”.

Estos factores contribuyeron a la explosión en las exportaciones españolas al país sudamericano tras la pandemia, al pasar de unos 2.250 millones de euros en 2020 a más de 3.500 millones en 2022, cuando registró el mayor pico. Aunque ha descendido levemente en los siguientes ejercicios hasta situarse en 2025 en 3.091 millones. Un crecimiento que el director de UR Global atribuye a dos elementos puntuales: el encarecimiento histórico de las materias primas energéticas y los bienes de capital tras el estallido de la guerra en Ucrania y la demanda reprimida durante la pandemia de la covid-19.

Tras el acuerdo con la UE, Monteiro prevé un renovado interés por Brasil, “pero no por la eliminación de obstáculos, sino gracias a mejorar el marco de acceso y generar oportunidades”.

Oportunidades

Conexión. Óscar Méndez, director ejecutivo de la Cámara de Comercio Brasil-España, tiene una percepción muy positiva de los productos españoles. “Es difícil encontrar un mercado con más potencial y mejores condiciones de partida para las pymes, máxime cuando España es ya el segundo mayor inversor en el país”, afirma.

Barreras. Acceder al país requiere “sus propios ritmos”, aclara Méndez, quien señala que contar con un socio local “lo es todo”. La clave pasa por construir relaciones de confianza sobre el terreno y apoyarse en instituciones como el Icex o la propia Cámara, sin olvidar que “los negocios se hacen entre personas antes que entre empresas”, recuerda.

Interés. El volumen de solicitudes de interesados en la exportación que recibe la Cámara ha crecido casi un 50% respecto a los niveles anteriores a la pandemia, con una aceleración “especialmente notable” en las semanas anteriores a la entrada en vigor del acuerdo UE-Mercosur.

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