El subsuelo gallego, clave en la extracción de los minerales críticos que necesita Europa
Un estudio identifica 18 de las 34 materias primas estratégicas para la UE. Su valor oscila entre los 25.000 y 45.000 millones de euros
La autonomía estratégica de Europa ya no depende solo de fábricas o infraestructuras energéticas, también pasa por asegurar el acceso a las materias primas con las que se fabrican desde vehículos eléctricos hasta sistemas de defensa. Esa prioridad ha situado la mirada sobre regiones con un importante potencial geológico. El subsuelo gallego, de tradición minera en productos de cantera o en rocas ornamentales, reúne indicios de 18 de las 34 materias consideradas críticas por la Unión Europea.
El estudio que señala las pistas de estos elementos, elaborado por la Universidad de Santiago de Compostela junto a la Xunta de Galicia, estima que el valor de los recursos oscila entre los 25.000 y 45.000 millones de euros, e identifica cinco corredores principales de estas materias primas en la comunidad. Sin embargo, su extracción aún despierta un debate que va más allá de lo económico y pone en juego intereses sociales y ambientales.
El director general de Planificación Energética y Minas del Gobierno autonómico, Pablo Fernández, detalla los elementos con mayor potencial por su abundancia y viabilidad. Destaca “la única producción activa en Europa” de tantalio y el niobio, con un importante corredor entre Penouta y Forcarei; las tierras raras en la sierra del Galiñeiro; el litio, con la mina de Doade, declarado estratégico por la Unión Europea, y el wolframio, un recurso preciado en el ámbito de la defensa desde el siglo pasado.
La especialista en Recursos Minerales en el Instituto Geológico y Minero de España (IGME), Ester Boixereu, confirma la importancia de las tierras raras para la elaboración de los imanes permanentes aplicados en la medicina, las energías verdes o el sector automotriz. Y enfatiza que si existe un elemento crítico para electrificar la economía y para la transición energética es el cobre, presente en el yacimiento histórico de Touro.
Para entender por qué Galicia parece ser el sitio adecuado en el momento justo hace falta mirar el contexto. Miguel Otero, investigador principal para Economía Política Internacional del Real Instituto Elcano, lo describe como un “retorno de la geopolítica más dura, de rivalidad entre grandes potencias y de la llamada weaponization de las relaciones económicas”.
Otero sostiene que no solo se trata de estar al mismo nivel de China. Si bien Europa se apartó de la minería y dejó que otros países la desarrollen, “hoy hace falta estar preparado ante cualquier eventualidad y tener un mínimo de extracción, producción o almacenamiento de estos elementos clave”, argumenta. Y añade que para aprovechar del todo la oportunidad, se debe integrar esa materia prima en procesos productivos con mayor valor añadido.
Bajo la lupa
La Xunta convocará en las próximas semanas nuevos concursos de derechos mineros caducados para explotar elementos como oro, wolframio o estaño por un valor de 7.000 millones. Es el caso de las minas de Corcoesto, San Finx, y Santa Comba. Fernández afirma que la ley gallega de recursos naturales garantiza que cualquier aprovechamiento de los recursos naturales tiene que generar riqueza social y económica en el territorio donde se implante el proyecto. Esto implica que, tanto en nuevas explotaciones como en concursos para reactivar yacimientos, los criterios sociales y económicos representan un 60% del total de la puntuación.
Fernández asegura que defienden una minería sostenible, “no a cualquier precio o a costa de todo”, pero existen sectores reticentes a darle un voto de confianza. “Hace 100 años una nueva mina se celebraba con champán, hoy la gente opone resistencia por el propio malhacer y la irresponsabilidad del sector”, señala Cristóbal López, portavoz de Ecologistas en Acción en Galicia. “Hacen parecer que bajo el suelo gallego hay billetes de 500 euros y que somos tontos por no querer sacarlos, pero cuando hablamos de minerales críticos hay riesgo asociado de una contaminación mucho más peligrosa”, apunta.
El coordinador del Grupo de Impacto Ambiental de la Minería del IGME, Julio César Arranz, insiste en que el riesgo varía según el proyecto. Aunque cree que a nivel normativo y tecnológico España no tiene nada que envidiarles a otros países, “la posibilidad de impactos importantes depende de procesos de larga duración y no del todo estudiados; no se puede decir que todo es absolutamente seguro”.
En cifras
Trabajo. La directora de la Cámara Oficial Mineira de Galicia (COMG), Arantxa Prado, asegura que Galicia es una referencia en empleo minero. Según los datos de su institución, el sector está detrás de 4.600 puestos directos en la región, lo que supone el 12,25% del empleo minero nacional. Además, destaca que más del 23% del personal es mujer, “un dato relevante en una industria históricamente masculinizada”, apunta.
Economía local. La COMG defiende que la comunidad parte de una base sólida, y una actividad diversificada y arraigada. “Hablamos de un tejido empresarial donde el 97% de los titulares de derechos mineros son pymes, en su mayor parte de capital gallego, lo que refuerza la vinculación territorial y el impacto en economía local”, refiere Prado.
Valor. Es la cuarta autonomía según su porcentaje en valor de producción respecto al total nacional. Contribuye con un 8,7%, de acuerdo con la última Estadística Minera de España elaborada por el Ministerio para la Transición Ecológica y Reto Demográfico, correspondiente a 2024. La cifra representa un descenso del 5,9% desde el ejercicio previo.
Materiales industriales. La misma estadística recoge que la región mantiene un peso acreditado del 7,8% en minerales industriales respecto al total nacional. Hasta hace dos años, eran 15 las explotaciones mineras dedicadas a esta variedad de extracción, frente a 101 a productos de cantera y 90 a rocas ornamentales.
Nuevos proyectos. Según estimaciones de la Xunta, los concursos para la explotación de materiales críticos que lanzará pronto ascienden a un valor próximo a los 7.000 millones de euros, con la movilización de 200 millones de inversión directa y la creación de más de 250 empleos directos y 750 indirectos.