El Mundial dispara el mercado de apuestas: “Se están apropiando de la emoción del fútbol”
El campeonato dispara el volumen negociado en las plataformas de predicción hasta un récord de 43.700 millones de euros y ya supera lo movilizado en todo 2022


Todos los que vieron la semifinal entre España y Francia recordarán el gol de Pedro Porro, una jugada convertida en símbolo de esta nueva encarnación del tiki-taka de la Roja. También tendrán presente dónde estaban, con quién vieron el partido, quién gritaba más en cada lance y quién se mordía más las uñas. Otros detalles, sin embargo, se difuminan. ¿Cuántos córneres hubo en la semifinal? ¿Cuántos fueron para los galos? Algunos lo tendrán en mente, como el usuario “dingamonke” en la plataforma de apuestas Kalshi. Había apostado nueve euros a una serie de resultados, entre ellos el número de saques de esquina en aquel partido. Acertó todas y terminó duplicando su dinero.
El Mundial de 2026 es el primero desde la popularización de los autodenominados “mercados de predicción”, plataformas como Kalshi y Polymarket, donde los usuarios pueden especular sobre acontecimientos tan dispares como un partido de fútbol, un bombardeo en Oriente Próximo o el regreso de Cristo. Un negocio favorecido por una regulación más permisiva del gobierno estadounidense de Donald Trump y que ha entrado a competir directamente con las plataformas de apuestas deportivas tradicionales en mercados como EE UU. En este contexto, el torneo de la FIFA ha disparado la actividad y se ha convertido en el mayor acontecimiento de apuestas de la historia.
Kalshi y Polymarket, ninguna de ellas autorizada para operar en España, registraron en junio un volumen récord de negociaciones y juntas alcanzaron unos 43.700 millones de euros, en su gran mayoría vinculados a apuestas deportivas, según datos publicados por el sector. Kalshi asegura que solo las operaciones relacionadas con el Mundial ya sumaban 20.000 millones de euros. O lo que es lo mismo, el 80% de todas las operaciones realizadas, cuando el torneo apenas había llegado a la mitad. Por comparar, el Mundial de 2022 movió unos 30.000 millones de euros, de acuerdo con la consultora Macquarie.
“Apostar es un aliciente para ver el partido con amigos y comentar si habrá suerte o no”, cuenta Raúl López, de 44 años y natural de Ciudad Real. Apostador ocasional, López ha jugado 100 euros este Mundial a través de plataformas de juego online [como Betway, Bwin o Sportium] repartidos entre cuatro pronósticos sobre el campeón, casi todos fallidos —“Brasil pagaba muy bien”—, aunque recuperó el dinero y obtuvo ganancias al acertar el resultado de tres partidos, entre ellos el de España y Francia. Con lo ganado, prevé poner entre 80 y 120 euros en la final entre la Roja y Argentina, partido que será disputado este domingo a las 21.00 horas (en horario de España peninsular).

Hoy, con tan solo un euro, cualquier persona puede especular con el fútbol, desde la clasificación de un campeonato y el resultado de los partidos hasta detalles como el número de goles en la primera parte, los córneres, el autor del primer tanto o incluso los anunciantes que aparecerán durante la retransmisión. En Kalshi, especular que Lionel Messi marque el primer gol de la final paga algo más de cinco euros por cada euro jugado, mientras que hacerlo por Mikel Oyarzabal, algo visto como menos probable por los usuarios, eleva el premio a casi siete euros. A ello se suma la posibilidad de combinar varias apuestas, que multiplica las posibles ganancias, pero hace perderlo todo si falla uno solo de los pronósticos encadenados. Una variedad de opciones que ha despertado un gran interés en el mercado de apuestas en los últimos años, pero que ha despertado a su vez el temor al riesgo de adicción.
“Son apuestas aún más rápidas, porque se resuelven en tiempo real y, al acortarse la espera, aumentan su capacidad de enganchar. La inmediatez se convierte en una trampa”, señala la psicóloga María del Consuelo Tomás, fundadora y directora del Instituto Valenciano de Ludopatía y Adicciones Tóxicas, pionero en España en tratar este tipo de comportamientos. Además, apunta que, al estar el deporte y especialmente el fútbol “tan integrado en nuestra sociedad”, estas apuestas se normalizan pese al riesgo de adicción que entrañan: “Es un negocio que se está apropiando de la emoción del fútbol”.
Un negocio que cuenta con el respaldo comercial del máximo organismo del fútbol mundial pero bajo una estrecha vigilancia de los supervisores nacionales. La FIFA ha firmado por primera vez una alianza con una plataforma de apuestas deportivas. Se llama ADI Predictstreet, una empresa desconocida hasta hace unos meses, con licencia para operar en Gibraltar y vinculada a la familia real de Abu Dabi. La plataforma está bloqueada en España, donde cualquier potencial usuario es advertido de que el acceso está restringido, y en otros países europeos como Alemania. Estos dos estados, junto a Bélgica, Francia, Italia, Países Bajos, Polonia, Portugal y Suiza, alzaron la voz al comienzo del Mundial para advertir de que las plataformas de predicción “pueden favorecer conductas adictivas, especialmente por su disponibilidad permanente, la ausencia de límites temporales o de gasto y la insuficiencia de los mecanismos de verificación de identidad”. A todo ello añadieron los riesgos ligados a estas actividades, como el “bloqueo de fondos, el fraude basado en información privilegiada y la elevada volatilidad financiera”.
Pero más allá de esta alianza, la entidad presidida por Gianni Infantino, la Asociación del Fútbol Argentino se ha asociado con Kalshi, con un enorme anuncio en Times Square, que reza a pocos días antes de la final: “¿Hacer historia otra vez?”, preguntaba la campaña junto a la probabilidad que el mercado atribuía al inicio del torneo a una victoria albiceleste, un 9,4%. La última selección que conquistó dos Mundiales consecutivos fue el Brasil de Pelé y Garrincha, entre 1958 y 1962.
“Hoy los sitios de apuestas tienen mucha más publicidad y ofrecen muchas más facilidades que cuando empecé. Antes era difícil encontrar una plataforma e incluso ingresar el dinero”, cuenta Fermín Salaverri, activo en estos mercados desde hace más de diez años, aunque por lo general con apuestas de importes reducidos (la mayor fue de 500 euros en un partido de tenis). Natural de un pueblo de las afueras de Buenos Aires y residente en la capital argentina, Salaverri ha apostado unos 100 euros entre los resultados de 12 partidos en este Mundial, con pérdidas en general. Solo se impone una regla —no apostar en los partidos eliminatorios de Argentina—, por lo que no jugará nada en la final.
“Te mantiene demasiado pendiente de la apuesta y te aparta de la emoción del partido”, sentencia Salaverri. Aunque no es psicólogo como Tomás, el bonaerense de 34 años identifica la frontera clara entre el juego y la adicción, como la médica resume: “La señal de que hay que parar aparece cuando ya no se puede controlar el impulso de apostar, cuando no hacerlo genera ansiedad y el juego lleva a descuidar el dinero u otras actividades”.
Independientemente de lo que ocurra este domingo —Kalshi y Polymarket sitúan en torno al 58% las probabilidades de victoria de España—, los aficionados de la Roja y la Albiceleste recordarán durante años dónde vieron la final, qué sintieron y con quién la vivieron, como muchos españoles aún recuerdan la emoción del Mundial de 2010, hace ya 16 años. Eso no tiene precio.