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El shock energético ahoga el crecimiento de la Unión Europea

El conflicto impacta contra las economías del Viejo Continente, recortando el crecimiento del bloque y asfixiando a su tejido empresarial. El riesgo de recesión aumenta y los expertos temen que sectores como el químico, la industria pesada, la electrónica y la producción de semiconductores se vean particularmente afectados

Bomba de extracción de petróleo crudo al atardecer. Maksim Safaniuk (Getty Images)

El impacto de la guerra en Oriente Próximo pasa factura al Viejo Continente, lastrando el crecimiento del bloque y ahogando sus industrias. Las últimas previsiones económicas de la Comisión Europea anticipan que esta “perturbación energética” ralentizará el crecimiento del PIB regional, que posiblemente avance solo un 1,1% en 2026 (y en la zona euro tan solo un 0,9%). Así, el aumento de los precios de la energía se está traduciendo en facturas cada vez más elevadas para los hogares y en un incremento de los costes empresariales que reduce los beneficios de las empresas. En este contexto, los expertos se cuestionan: ¿cuánto afectará la crisis energética al bloque y qué segmentos son los más perjudicados?

“Si bien Europa solo importa alrededor del 5% de su crudo y el 13% de su gas natural licuado [GNL] a través del estrecho de Ormuz, está lejos de quedar aislada de esta crisis. El precio de la energía se fija en los mercados mundiales y una carrera por los cargamentos de GNL, con Europa y Asia compitiendo cara a cara, podría mantener los precios elevados durante más tiempo. En este sentido, la vulnerabilidad es mayor donde la dependencia de las importaciones es más alta. En el caso de Europa, Italia, España y Alemania importan más de dos tercios de su energía”, explica a CincoDías Irene Lauro, economista sénior para Europa y especialista en clima de Schroders. Como dato, los precios de la energía en Europa se han llegado a disparar hasta un 70% de media en el caso del gas y hasta un 60% de media en la electricidad en los mercados mayoristas de la región desde el inicio de la guerra en Irán, y los países miembros planean desembolsar 14.500 millones de euros para mitigar el impacto social y económico de los elevados precios.

Ante esta coyuntura, el Ejecutivo comunitario ha advertido de que la confianza de los consumidores ha caído a su nivel más bajo en 40 meses, en un contexto de “creciente temor a un aumento de la inflación y a la pérdida de puestos de trabajo”. Asimismo, se prevé que la inversión empresarial se vea limitada por el endurecimiento de las condiciones de financiación, la reducción de los beneficios y el alza de la incertidumbre. Por otra parte, Bruselas alerta de que el debilitamiento de la demanda externa también está lastrando el crecimiento de las exportaciones.

“La situación mundial actual, marcada por tensiones geopolíticas y perturbaciones en las cadenas de suministro, ha afectado gravemente al abastecimiento energético europeo. Ante el acceso reducido a fuentes tradicionales como el gas natural ruso, Europa se enfrenta a un aumento de los precios de la energía y a una mayor volatilidad”, responde Pascal Dudle, responsable de inversiones temáticas y de impacto en Conviction Equities de Vontobel, tras ser consultado por este periódico.

Darío Bertagna, director general sénior y responsable de energía limpia de Capital Dynamics, concuerda con este análisis. “Europa se encuentra al final de una cadena de suministro extensa y frágil, y cuando se produce una disrupción en el sistema energético global, el coste para el bloque es considerable. Por ello, la diversificación aporta seguridad energética, algo que se ha convertido en una necesidad económica”, ilustra Bertagna.

Crisis regional

Los expertos consultados coinciden en que la crisis es real y sus consecuencias ya se están viendo. Philippe Waechter, economista jefe de Ostrum, resalta que en la zona del euro empieza a notarse una mayor inflación y una menor actividad. “El riesgo de recesión está aumentando rápidamente en la eurozona. El PIB en el segundo trimestre podría contraerse, ya que todos los índices compuestos de la actividad se encuentran en territorio negativo. Este retroceso de la actividad se observa en todos los países. El empleo también se está deteriorando rápidamente en toda la zona. Esto limitará la capacidad de consumo de los hogares, reduciendo el dinamismo de la demanda interna”, expresan desde la firma afiliada a Natixis.

Desde Vontobel comparten este análisis, y recuerdan que los retos planteados por el conflicto han obligado a los gobiernos y a los líderes del bloque a buscar alternativas con urgencia y a replantearse sus estrategias energéticas. “La crisis ha ejercido presión sobre las infraestructuras y las redes de distribución, haciendo que la energía sea menos asequible y segura. Como resultado, los hogares y las empresas de toda Europa están sintiendo la presión, lo que indica que, efectivamente, se está produciendo una crisis energética, cuyos efectos se prevé que sean duraderos”, añade Dudle.

Endeudamiento

Una de las principales preo­cupaciones de los especialistas es que la coyuntura ocasione una crisis de endeudamiento en el bloque. En específico, se espera que el déficit de las Administraciones públicas en la UE aumente del 3,1% del PIB en 2025 al 3,6% de aquí a 2027, como consecuencia de la moderación de la actividad económica, la subida del gasto por intereses, las medidas para amortiguar el impacto del aumento de los costes de la energía en los hogares y las empresas vulnerables, y el incremento del gasto en defensa.

“Las economías con un alto consumo energético, como Alemania e Italia, están especialmente expuestas, dada la importancia de sus sectores industriales. Por su parte, España y Francia parecen menos comprometidas, aunque la disminución de los ingresos reales y la presión sobre los sectores relacionados con el turismo y el transporte podrían suponer un lastre”, señala Felix Feather, economista de Aberdeen a CincoDías.

Como consecuencia, se calcula que la ratio de deuda respecto al PIB de la UE aumente del 82,8% en 2025 al 84,2% en 2026 y al 85,3% en 2027. En cuanto a la zona del euro, se prevé que la ratio aumente del 88,7% en 2025 al 90,2% y al 91,2% en 2026 y 2027, respectivamente. “Esto refleja un aumento de los déficits primarios y un diferencial de­ crecimiento de los intereses cada vez más desfavorable. Para 2027, se espera que cuatro Estados miembros tengan ratios de deuda superiores al 100% del PIB”, revela una comunicación oficial de Bruselas.

Además, el alza de los tipos de interés también está ejerciendo presión sobre los Estados. “Los mercados de bonos están limitando lo que los gobiernos pueden hacer, obligándolos a encontrar un equilibrio entre proteger la economía del impacto energético y evitar un fuerte aumento de los déficits que podría provocar una mayor presión sobre los tipos de interés”, explica Raphaël Thuin, director de estrategias de mercados de capitales de Tikehau Capital a este diario.

Sectores más golpeados

Las fuentes consultadas concuerdan en que esta crisis está dañando el tejido industrial de la región. “El impacto en Europa ha sido significativo, sobre todo porque los mercados europeos son de naturaleza más industrial y cíclica. El aumento de los precios de la energía resulta especialmente perjudicial para sectores como las industrias básicas, la industria química y el sector del papel y el embalaje”, subraya Thuin.

Desde J. Safra Sarasin Sustainable AM (JSS), evalúan que los sectores más expuestos son aquellos intensivos en energía y con capacidad limitada para cambiar de combustible, como los químicos, petroquímicos y partes de la industria pesada.

“Estas industrias están absorbiendo tanto mayores costes de insumos como retrasos en la entrega de materiales especializados, como helio, azufre y fertilizantes”, detallan desde JSS. Asimismo, los especialistas de la firma diagnostican que el impacto también se está trasladando a la electrónica y a la producción de semiconductores, donde la demanda final impulsada por la inversión en IA está acelerándose en paralelo. “Más allá de la industria pesada, sectores como la agricultura, la pesca y el transporte terrestre han sido identificados como estructuralmente expuestos, y ahora están cubiertos por un marco temporal específico de ayudas”, comentan los analistas tras ser consultados por este diario.

A pesar de lo anterior, Thuin argumenta que, hasta ahora, las compañías han gestionado la situación “relativamente bien”, mediante estrategias de cobertura, gestión de la cadena de suministro y, en algunos casos, el almacenamiento previo de materias primas. “Esto ha ayudado a suavizar parte del impacto del incremento de los precios de la energía. Si la crisis se desescala rápidamente, las empresas podrían mantenerse en una posición manejable”, pondera el directivo de Tikehau.

¿Transición o reforma?

La inestabilidad y volatilidad en el mercado energético, que se inició con la pandemia del coronavirus, siguió con la guerra en Ucrania y ahora se agrava con el conflicto en Oriente Próximo, ha obligado a las industrias comunitarias a replantearse su relación con los hidrocarburos importados.

En este contexto, muchas compañías han comenzado a blindarse de distintas formas. Por ejemplo, desde Forestalia, un grupo empresarial español especializado en el desarrollo, promoción y gestión de proyectos de energías renovables, defienden que la transición energética no solo es una herramienta para reducir el impacto de la actual crisis, sino también una oportunidad estratégica para reforzar la competitividad industrial.

“Las compañías con un elevado consumo energético están empezando a valorar cada vez más la posibilidad de asociar sus procesos productivos a generación renovable, ya sea mediante autoconsumo, acuerdos de compra de energía o nuevos modelos de suministro energético. Esto puede reducir de forma muy significativa sus costes operativos y mejorar su competitividad frente a otros mercados europeos”, dicen desde el grupo empresarial a CincoDías.

Shirley Chojnacki, directora del área de energía de la plataforma de deuda para infraestructuras de Edmond de Rothschild, destaca que la soberanía energética se ha convertido más que nunca en un objetivo; especialmente en Europa, donde los combustibles fósiles son muy limitados o incluso inexistentes en algunos países. “Esto impulsa la necesidad de una mayor independencia energética, que puede alcanzarse de varias maneras: mediante energías renovables respaldadas por sistemas de almacenamiento, potencialmente a través de la energía nuclear, así como por medio de producción local de carga base, como la hidroeléctrica o el biogás”, apunta Chojnacki.

Dicho esto, cabe mencionar también el Mecanismo de Ajuste en Frontera de Carbono de la Unión Europea (MACF), que representa uno de los intentos más concretos de traducir la ambición climática en una política aplicable. “Esta política tiene dos objetivos principales: ayudar a mitigar la desventaja competitiva a la que se enfrentan actualmente los productores europeos y garantizar que se pague un precio del carbono por todas las importaciones de carbono. Inicialmente, este ajuste se aplicará a los sectores del cemento, el aluminio, los fertilizantes, el hierro y el acero, los productos químicos y la electricidad”, desglosan los analistas de la firma Neuberger

Otros especialistas, sin embargo, consideran que el actual caos dará origen a una reestructuración del suministro de combustibles fósiles. “Históricamente, este tipo de acontecimientos geopolíticos han actuado como catalizadores para la reestructuración de la logística del petróleo, y es poco probable que el conflicto actual sea una excepción. La solución alternativa más obvia al Estrecho parece ser una red de oleoductos similar a la Petroline construida durante la guerra entre Irán e Irak, que se extiende 1.201 kilómetros a través de Arabia Saudí de este a oeste”, calcula Pierre Pincemaille, secretario general de inversiones de DNCA (afiliada a Natixis) .

Finalmente, Roberto Giner, CEO de Octopus Energy España, opina que más que un shock agudo de desabastecimiento, se debe hablar de una crisis estructural de costes y de reorganización geopolítica. “Europa ha aprendido a vivir sin el gas ruso, pero el suministro global sigue siendo precario debido a las tensiones en Oriente Medio y la competencia con Asia por el gas natural licuado. El suministro está garantizado, sí, pero a un coste de volatilidad constante que pagamos todos en la factura. La calma actual es aparente; el riesgo sigue ahí mientras dependamos del gas”, concluye el ejecutivo.

Bruselas teme el efecto de una guerra prolongada (y lo que venga después)

Resiliencia. Bruselas celebra que la inversión de la UE en resiliencia energética, especialmente tras la invasión a gran escala de Ucrania, está dando sus frutos. “El impulso hacia la diversificación del suministro, la descarbonización y la reducción del consumo de energía ha situado a la economía de la UE en mejores condiciones para hacer frente a la crisis actual”, destacan desde Bruselas.

Extensión. Sin embargo, el Ejecutivo comunitario reconoce que una mayor duración del conflicto puede tener repercusiones. Ante una contienda más extensa, Bruselas prevé que los precios de las materias primas energéticas “aumenten significativamente por encima de las curvas de futuros de referencia”, alcanzando su máximo a finales de 2026 antes de volver a alinearse gradualmente a finales del próximo año.

Impacto. En este escenario, la inflación no disminuiría y la actividad económica no repuntaría en 2027, tal como se calcula en las previsiones de referencia. “Además, el aumento de los precios podría llevar a los hogares y a las empresas a reducir el consumo y la inversión de forma más drástica”, indica la Comisión Europea.

Materias primas. Por otra parte, la escasez generalizada de determinadas materias primas e insumos (como, por ejemplo, algunos productos petrolíferos refinados, helio y fertilizantes) podría agravarse, con repercusiones en las cadenas de producción mundiales y la asequibilidad de los alimentos.

Trabajo. La Unión Europea también teme que el continuo descenso de la demanda de mano de obra, como ya lo evidencian las disminuciones de las ofertas de empleo y las tasas de contratación, podría apuntar a un impacto más negativo en el crecimiento del empleo en el futuro.

Inversión. La Comisión piensa que una aplicación más rápida de las reformas estructurales destinadas a eliminar los obstáculos que frenan el crecimiento de la Unión podría marcar una desviación en las perspectivas. “La fuerte inversión pública en sectores como la defensa y la transición energética puede compensar parte de la debilidad esperada en el sector privado”, argumentan.

Incertidumbre. Incluso si la guerra se soluciona, Bruselas teme que la inestabilidad siga rigiendo las relaciones internacionales. “La continua incertidumbre en torno a las políticas comerciales mundiales y la reconfiguración en curso de las relaciones geopolíticas y comerciales podrían afectar aún más a la confianza y la actividad”, asegura la CE en un comunicado.

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