Jan-Oliver Sell (Qivalis): “Que los bancos tengan que utilizar ‘stablecoins’ en dólares emitidas por EE UU no es una opción en el entorno geopolítico actual”
El consejero delegado del consorcio de bancos europeos explica que, ante el trasvase de servicios financieros a la tecnología ‘blockchain’, el euro debe jugar un papel clave
Jan-Oliver Sell (Gaildorf, Alemania, 1976) es el hombre que lidera la revolución de los bancos europeos en el mundo cripto y en el ecosistema blockchain. Desde 2025 es consejero delegado de Qivalis, el consorcio de 37 entidades del Viejo Continente que buscan emitir una stablecoin en euro para eficientar sus procesos y llevar la divisa a la cadena de bloques, donde se construirán las finanzas del futuro. Las entidades financieras quieren poner a Europa en el mapa y lo hacen bajo la guía de un buen conocedor del ecosistema cripto: viene de Coinbase, uno de los mayores exchanges del mercado, tras pasar por Binance e iFunded. Antes, trabajó en la gestión de activos en la City de Londres. Sell es optimista: los bancos europeos se están moviendo rápidamente, especialmente después de la entrada en vigor de MiCA que les ha dado claridad regulatoria para operar.
Pregunta. ¿Cómo surgió la idea de formar un consorcio para emitir una stablecoin?
Respuesta. Comenzó hace tres años. En ING estaban pensando en emitir una stablecoin pero se dieron cuenta de que tenía sentido hacerlo en un consorcio. Así empezaron a buscar otros bancos, pero les llevó tiempo para dar el siguiente paso y poner en marcha el proyecto. Yo me uní en el verano de 2025 y empezamos a estructurarlo. Lanzamos la entidad el año pasado en Países Bajos, inicialmente con unos 12 bancos. Desde entonces hemos estado desarrollando la entidad.
P. ¿Por qué emitir una stablecoin ligada al euro?
R. Muchos de los bancos del consorcio están pensando en cómo utilizar la blockchain [cadena de bloques, tecnología permite realizar transacciones de forma inmediata a través de una base de datos distribuida] para mejorar sus procesos internos. Los pagos transfronterizos, la liquidación de bonos, los fondos tokenizados...Ven que puede ser más rápido, más barato y mejor para los clientes. Pero necesitan una contraparte en efectivo en la blockchain para que realmente funcione.
Y si no hay euros en la red, hay que recurrir a otra moneda. Y, en este momento, la única con suficiente liquidez es el dólar estadounidense, lo que plantea el riesgo de dolarización. A medida que los servicios financieros en Europa empiezan a trasladarse a la blockchain, si no hay euros con suficiente liquidez para usarse a escala, los bancos tienen que utilizar dólares emitidos por empresas privadas en EE UU. Y en el entorno geopolítico actual no es una opción.
P. Entonces podría ser una oportunidad para los activos en euro.
R. El euro es la segunda moneda de reserva mundial. Un informe reciente del BCE señala el peso de la divisa en los pagos internacionales, en la liquidación internacional de la deuda, y siempre se sitúa entre el 20% y el 25%, dependiendo del caso de uso. Lo interesante es que en la blockchain es del 0,3%. Así que existe una brecha enorme.
Creo que el euro también será la segunda divisa de reserva en la blockchain. Porque, a medida que los mercados se trasladan a la cadena, las entidades necesitan operar en su propia moneda y la clave es tener liquidez para que sea utilizable. Por ejemplo, si una compañía en España tiene una filial en Argentina y esta le envía 20 o 30 millones de euros, ese dinero tiene que estar disponible on-chain. Y ahora mismo no lo está. Hay una gran oportunidad para crear el instrumento de pago en la blockchain, que sería esta stablecoin en euros.
P. ¿Tendrá alcance global como USDT o USDC?
R. Es el objetivo. A medida que se desarrollen actividades financieras en la blockchain y quieran utilizar el euro, seremos nosotros quienes pongamos ese euro en manos de las entidades. O, dicho de otro modo, quienes hagan posible usar el euro en la blockchain. Y con la expansión del consorcio deberíamos tener un efecto red porque los bancos miembros utilizarán ese token.
El uso de las stablecoins en este momento se centra principalmente en el espacio DeFi y el trading cripto. Pero cuando los servicios financieros pasen a la blockchain, los volúmenes van a ser completamente distintos. Estamos hablando de una escala industrial. Europa se está moviendo muy rápido y veo en los bancos mucho interés en utilizar las stablecoins.
P. Esta semana se ha oficializado la intregración de nuevas entidades. Muchas son españolas.
R. Son bancos de 15 países europeos. Y no solo hablamos de la UE, también del Espacio Económico Europeo y de países que no pertenecen a la zona euro, como Dinamarca o Suecia. La presencia geográfica es excelente. Tenemos bancos desde Islandia hasta Grecia, desde España hasta Finlandia. Resulta interesante que haya tantas entidades españolas. Pienso que los bancos españoles están bastante avanzados en su forma de abordar los activos digitales.
P. ¿El consorcio está abierto a bancos internacionales?
R. Por ahora estamos centrados principalmente en bancos europeos, pero el acuerdo de accionistas incluye disposiciones que permiten la entrada de bancos no europeos bajo ciertas condiciones, como grandes bancos internacionales que puedan desempeñar un papel relevante en la distribución global. Creo que tiene sentido, porque uno de los principales casos de uso son los pagos transfronterizos o en la financiación comercial...Es decir, casos donde el uso de la stablecoin resulta evidente, por su rapidez y por ser programable. Pero para que todo funcione, se necesita una red a nivel global.
P. ¿Cerraron acuerdos con exchanges cripto para distribuir la stablecoin?
R. Aún no. Contamos con un plan de salida al mercado muy detallado, en el que tenemos claro con quién estamos hablando y cómo lo estamos haciendo. Pero todavía no hemos firmado nada, porque es un poco pronto, dado el punto en el que nos encontramos en el proceso de licencia.
P. Gran parte de la operativa en estas plataformas es en dólares.
R. En la blockchain existe todo un ecosistema alrededor del dólar: préstamos, financiación... El euro no está presente. Si tienes bitcoin y quieres pedir prestados euros, pides USDC y luego compras euros si los necesitas. O pides prestado USDC y acabas manteniendo dólares estadounidenses. Por ello necesitamos crear todo un ecosistema, para que los que tengan bitcoin puedan pedir prestados euros, o los que tengan euros y quieran prestarlos con bitcoin como colateral, puedan hacerlo.
O incluso para operar. Hoy si haces trading de criptos, aunque compres con euros, el exchange está operando contra el dólar estadounidense. Debemos conseguir que todos esos actores también consideren el uso del euro.
P. Están en proceso de obtener la licencia de dinero electrónico. ¿Cuándo esperan recibirla?
R. Estamos en el proceso con De Nederlandsche Bank y creo que es probable que la obtengamos en la segunda mitad del año. La fecha de lanzamiento de la stablecoin depende de cuándo recibamos la licencia.
P. ¿Será en la segunda mitad de 2026?
R. Sí. Lo que estamos haciendo ahora es desarrollar la tecnología, el equipo, los procesos operativos y de cumplimiento normativo de modo que cuando obtengamos la licencia estemos listos para empezar a operar. Parte de este trabajo también consiste en hablar con distintos actores del ecosistema para ver quién podría querer utilizar euros en la blockchain, o quién ya lo está considerando pero no encuentra la liquidez que necesita.
P. ¿En qué red se lanzará?
R. En Ethereum, pero con el tiempo nos volveremos multichain. Tendremos un marco para evaluar qué redes tienen más actividad y cuáles pueden resultar interesantes para los accionistas.
P. ¿Están pensando solo en redes públicas o también privadas?
R. Pensamos en ambas en función de dónde esté la demanda. No tendría sentido construir algo que nadie quiere. Por eso tenemos que elegir cuidadosamente donde operar, porque si nos desplegamos en demasiadas blockchain fragmentamos la liquidez.
P. Parte de las reservas que respaldan el activo pueden invertirse en deuda soberana de distintos países. ¿Son los mismos en los que están basados los bancos del consorcio?
R. No, serían también países diferentes. Hay que respaldar el 100% de los activos. Un mínimo del 30% debe mantenerse en depósitos en efectivo en bancos, y hasta un 70% puede invertirse en activos líquidos de alta calidad. Además, debemos estar sobrecolateralizados, de hecho mantenemos un 102% de respaldo, lo que nos da un margen de seguridad en caso de que algo falle con la deuda que tenemos, por ejemplo.
Se trata de una selección muy acotada de bonos y activos de renta fija, normalmente deuda pública a corto plazo. Lo más importante es la liquidez y la seguridad de la cartera, porque en cualquier momento, si alguien solicita un reembolso significativo, debemos poder atenderlo de inmediato. Queremos asegurarnos de mantener la paridad, es decir, que el token conserve un valor de uno a uno con el euro. Y solo se mantendrá si cada vez que alguien lo solicite podemos devolverle los euros de forma inmediata. No puede ser una decisión política, tiene que basarse en un marco financiero.
P. ¿Las reservas pueden depositarse en entidades que no forman parte del consorcio?
R. Sí. Cada euro que recibimos debe depositarse en cuentas seguras, segregadas de nuestros propios fondos. Contamos con un marco para seleccionar a nuestros socios bancarios: pueden ser bancos fuera del consorcio o dentro del mismo. Los fondos se distribuyen entre varias entidades, seleccionadas en función de su calificación crediticia, su solidez y otros factores. Pero también de sus capacidades técnicas, ya que deben poder operar las 24 horas del día, los 7 días de la semana.
P. ¿Cómo distribuirán los intereses que generen las reservas?
R. MiCA no nos permite distribuirlos ni pagar rendimiento sobre nuestra stablecoin. Por tanto, nuestra principal fuente de ingresos es el rendimiento que generamos.
P. ¿Un usuario podría pagar en la eurozona con esta stablecoin?
R. Desde luego. Pero nosotros estamos centrados en construir la capa de infraestructura. Y sobre esta, los bancos u otras fintech desarrollarán los casos de uso. Ellos pueden ver ventajas en utilizar una stablecoin para sus propias transacciones, pero es poco probable que los usuarios minoristas en Europa utilicen stablecoins, porque ya contamos con sistemas de pago que funcionan bien, como SEPA Instant o Bizum, que operan 24/7. Donde tiene sentido es en los pagos transfronterizos o en la liquidación de activos tokenizados, es decir, en procesos donde actualmente existen fricciones.
P. ¿Podría ofrecerse en Estados Unidos?
R. Estados Unidos tiene un régimen regulatorio distinto, la Genius Act, y además está avanzando la Clarity Act, así que habrá que ver en qué termina todo eso. Aún no está claro cómo podríamos hacerlo. En cualquier caso, probablemente no sea uno de los principales mercados en los que nos estamos centrando. Nos interesan más Asia y Latinoamérica, corredores donde hay un gran volumen de pagos en euros.
En Asia hay muchos pagos relacionados con cadenas de suministro y financiación comercial. En Latinoamérica y África hay muchas remesas. Muchos de esos pagos, que se originan en Europa, siguen siendo lentos, caros, complejos. Ahí es donde una stablecoin en euros puede tener una ventaja real.
P. ¿Os preocupa la fragmentación regulatoria en América Latina?
R. Lo positivo es que contamos con socios europeos fuertes que están conectados con Latinoamérica, especialmente los bancos españoles. Es la gran ventaja de formar parte de un consorcio: tenemos visibilidad de lo que está ocurriendo allí y contamos con buenas conexiones. Por eso estamos pensando en cómo colaborar con bancos en Colombia, Argentina, México u otros países de la región.
P. El BCE ha cuestionado la necesidad de las stablecoins en la región y ha advertido sobre sus riesgos. ¿Hay diálogo con las instituciones?
R. Hay diálogo, también con la Comisión Europea y el Parlamento Europeo. Somos conscientes de que, por nuestro perfil, tenemos cierta voz para hablar con los responsables políticos, y es importante hacerlo bien. Es fundamental acertar con la regulación para que Europa pueda seguir innovando.