Una mina de oro que se agota: el imperio cripto de los Trump pincha tras meses de euforia
La plataforma World Liberty Financial afronta la desconfianza de los inversores, el token cae un 77% y las ‘memecoins’ presidenciales borran todo su valor
Donald Trump volvió al Despacho Oval con una promesa: la de convertir a Estados Unidos en la capital cripto del planeta. Y en parte lo ha conseguido. La flexibilidad regulatoria y la postura a favor de los activos digitales han impulsado el desarrollo de una industria que sufrió durante años el recelo de los reguladores. Po...
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Donald Trump volvió al Despacho Oval con una promesa: la de convertir a Estados Unidos en la capital cripto del planeta. Y en parte lo ha conseguido. La flexibilidad regulatoria y la postura a favor de los activos digitales han impulsado el desarrollo de una industria que sufrió durante años el recelo de los reguladores. Por el camino, el presidente y su entorno vieron en el sector una mina de oro para sus negocios y lanzaron desde mineras de criptoactivos a tokens o plataformas para invertir, todos identificados con en omnipresente presidente. Pero la personalización no es garantia de éxito y tiene las patas cortas, incluso en un ecosistema donde la especulación está a la orden del día.
La primera incursión de la familia Trump en el mundo cripto fue la plataforma World Liberty Financial, que lanzó durante su campaña electoral en septiembre de 2024. La empresa nació vendiendo un token exclusivo, el WLFI, que inicialmente no se podía comercializar. “La única utilidad de poseer $WLFI es para gobernanza, no como una inversión (...) Todos los $WLFI serán no transferibles y estarán bloqueados indefinidamente en una billetera o contrato inteligente”, decía la web. No obstante, con el tiempo parte de estos activos empezaron a liberarse para su compraventa en el mercado, que llegó a capitalizar 2.300 millones de dólares. Pero el precio del token, que no tiene utilidad aparente, se ha desplomado y vale 0,07 dólares, un 77% menos que el día de su lanzamiento.
La propia plataforma también está en horas bajas. Justin Sun, fundador de Tron y el mayor inversor de la empresa, la acusó de extorsión y de diseñar un “plan ilegal” para hacerse con sus tokens. El empresario, que en una subasta de arte compró un plátano por 6,2 millones de dólares (para después comérselo), invirtió unos 45 millones para adquirir 3.000 millones de tokens WLFI en 2024 y 2025, y se le concedieron otros 1.000 millones de tokens por asesorar al proyecto, según la demanda. No obstante, ahora denuncia que sufrió pérdidas de cientos de millones de dólares cuando la empresa congeló sus activos impidiendo que los vendiera.
Los inversores también están furiosos con la empresa. La plataforma depositó recientemente sus propios tokens como garantía en Dolomite, una plataforma de préstamos, a cambio de 75 millones de dólares en stablecoins. Pero el valor del activo sigue cayendo y, si lo hace aún más, existe el riesgo de que la posición se liquide automáticamente. Eso podría desencadenar una venta masiva que presione todavía más el precio a la baja y deje a los inversores con las manos vacías.
La segunda irrupción de Trump en el mundo cripto fue con las memecoins $TRUMP y $MELANIA. En vísperas de la toma de posesión, el magnate desató el caos y la euforia en TruthSocial. “¡Mi NUEVO Meme Oficial de Trump está AQUÍ! CONSIGUE TU $TRUMP AHORA". Unas horas después, se lanzó también la memecoin de la primera dama. Para muchos, aquella era una señal de lo que iba a venir: más especulación y más volatilidad a expensas de la credibilidad y la confianza del sector.
Las víctimas de aquel juego presidencial no fueron solo los inversores minoristas que perdieron toda su inversión en cuestión de horas, sino el mismo proyecto. La memecoin de Trump cae un 95% desde su debut, mientras la de Melania ha borrado todo su valor. Desde su lanzamiento se ha intentado resucitar el proyecto: el año pasado se anunció una cena privada con el presidente para los 220 mayores poseedores de este token. El pasado sábado, se organizó un segundo encuentro con los mayores inversores en su residencia en Mar-a-Lago, que calificó como “la conferencia cripto más exclusiva del mundo”. Sin éxito.
Con el tiempo, los tentáculos de la familia presidencial en los negocios cripto se expandieron. Eric y Donald Jr., los hijos de Trump, se subieron a la ola cripto al calor del avance legislativo impulsado por la administración. Ambos poseen una participación en American Bitcoin, una compañía minera de criptos que se estrenó en el Nasdaq en septiembre con un objetivo claro: acumular bitcoin. Ahora se sitúa entre las 20 empresas que más unidades de criptomonedas atesoran (unas 7.000, por un valor de mercado de más de 530 millones). Su apuesta ha ido contracorriente respecto a la de sus competidores, que están progresivamente abandonando la actividad minera, poco rentable, para reinventarse como centros de datos de la IA. La resistencia de la empresa de los Trump se está revelando un error: desde su estreno en el Nasdaq, se hunde un 87%.
A ALT5 Sigma, una biotecnológica transformada en fintech, tampoco le ha ido mejor. A su junta directiva se incorporó Eric Trump y la empresa firmó un acuerdo el verano pasado con World Liberty Financial: recaudó 1.500 millones con el objetivo de acumular tokens $WLFI, cuyo valor se ha hundido. Así, desde el pasado agosto, la compañía se hunde un 90%.
En año y medio de administración, la oposición ha criticado duramente los negocios de los Trump con la industria cripto por el conflicto de interés y posibles casos de información privilegiada. Pero los reguladores mantuvieron silencio mientras la familia presidencial movía miles de millones en el mercado a golpe de tuits. Su patrimonio familiar y los proyectos cripto se convirtieron en el principal motor de su riqueza: Bloomberg estimaba en enero que los Trump habían generado alrededor de 1.400 millones de dólares a partir de proyectos cripto. Pero ahora aquella mina de oro parece haberse desmoronado ante un mercado cripto estancado, una regulación encallada y un conflicto geopolítico que mantiene a los inversores en vilo.