Cómo ha cambiado la formación de los jueces en 25 años

La preparación inicial de los jueces tras aprobar la oposición dura dos años en los que dan el paso de la teoría a la práctica

Fachada de la Escuela Judicial en Barcelona.
Fachada de la Escuela Judicial en Barcelona.

Después de años de estudio cuando un juez consigue aprobar la oposición, el siguiente paso es la Escuela Judicial, institución que acaba de celebrar su 25 aniversario. Por sus aulas han pasado un total de 3.569 jueces en prácticas, el 65,6% mujeres.

La formación inicial de los jueces en España tiene actualmente tres fases, previstas en la Ley Orgánica del Poder Judicial: el curso teórico-práctico en la Escuela Judicial, ocho meses de prácticas tuteladas y cinco meses como juez sustituto o de refuerzo. La primera, que se desarrolla íntegramente en la sede de la Escuela Judicial en Barcelona, dura aproximadamente once meses y se centra en el método del caso, trabajando sobre casos reales. En esta etapa se realizan simulaciones de juicios y estancias de trabajo en distintas instituciones como prisiones, fiscalía, despachos de abogados, policía, hospitales o registros para conocer el día a día de los distintos operadores jurídicos. “Se recibe una formación especializada, multidisciplinar y de alta calidad para el desarrollo de los conocimientos, habilidades y actitudes necesarias para el ejercicio de la función jurisdiccional”, señala Jorge Jiménez, director de la Escuela Judicial, que también fue profesor y alumno.

La emoción, la ilusión, los nervios y la sensación del “comienzo del resto de tu vida” es lo que los alumnos experimentan el primer día en la Escuela Judicial. “Todo era maravilloso: la clase, los compañeros, ver tu carnet de estudiante sobre la mesa, firmar tu ‘contrato’ de funcionario en prácticas. Aquel fue el momento en el que me percaté de que esto iba en serio y que no era un sueño”, cuenta la magistrada Natalia Velilla de la promoción 54. David Fernández, juez del Juzgado de Primera Instancia e Instrucción número 1 de Figueres y número uno de la 70 promoción, lo describe como “la primera vez que empiezas a creerte, de verdad, que la pesadilla de las oposiciones ha terminado y que, al fin, tu vida comienza de nuevo”.

También para los profesores el primer día en la Escuela, situada en una montaña en plena sierra de Collserola, significaba “el inicio de una nueva etapa vital”, como afirma la magistrada Rosa María Freire, que fue profesora de prácticas tuteladas desde abril de 2009 a julio de 2014. Freire destaca que lo que más le marcó de esa etapa de su vida profesional fue funcionar en claustro “estaba acostumbrada a producir resoluciones como juez unipersonal”.

Para la magistrada Rocío Ortega, que fue alumna y ahora es profesora de la Escuela, uno de los puntos clave de la evolución de la institución es el acceso a las nuevas tecnologías. “En mi época de alumna al llegar ibas a la taquilla donde un montón de dosieres nos esperaban con los casos y el material necesario para seguir la clase”, relata Ortega. La magistrada añade que no es lo mismo fotocopiar un expediente que poder acceder a ellos telemáticamente, o tener la posibilidad de realizar una actividad de un juzgado virtual en el que los alumnos ven a tiempo real lo que pasa en un expediente concreto durante varios meses y están presentes telemáticamente, el día del juicio para ver cómo acaba.

Experiencias que marcan

La formación en la Escuela supone para los jueces el paso de la teoría a la práctica. Es por ello, que la simulación de los juicios es una de las experiencias que más valoran. “Es la primera vez que te pones la toga y te sientas en el estrado, y, aunque sea simulado, te das cuenta de que, de verdad, eres juez, y has aprobado la oposición”, reconoce el magistrado Carlos Viader de la promoción 64. Así como los programas de intercambio, como el que realizó el juez David Fernández en Alemania.

Las estancias con otros operadores relacionados también son enriquecedoras, como por ejemplo, con la comunidad transplantadora en el Hospital Sant Joan de Deu de Barcelona, que marcó especialmente a Velilla. O con los servicios sociales, una experiencia, que según reconoce Ortega, le ayudó a entender mejor a determinadas personas que acudían al juzgado y a tener una visión más integral y social del trabajo de juez. Así como pasar una semana en un centro penitenciario, donde, como relata Jiménez, conocen en profundidad todo el circuito que realiza una persona que es privada de libertad cuando ingresa allí y conversan con los presos para compartir sus distintas experiencias de vida.

 

 

 

Principales retos

  • Nuevos ámbitos formativos. “La introducción de nuevos ámbitos formativos que vienen exigidos por las herramientas tecnológicas y por el necesario desarrollo de nuevas competencias profesionales para el ejercicio de la función jurisdiccional”, destaca Jorge Jiménez, director de la Escuela Judicial.
  • Mayor formación humanística. “Las leyes ya nos las sabemos, se trata de comprender mejor el mundo en el que nos movemos”, señala la magistrada Natalia Velilla.
  • Más práctica. “Se sigue abusando del formato de clase magistral y creo que es necesario incrementar el número de sesiones dedicadas a la simulación de juicios y a la redacción de resoluciones”, considera el juez David Fernández.
  • Recuperar su misión. “Centrarse en la formación de los jueces, en su desempeño en juzgados y tribunales, en gestionar equipos, en hacerles conocer la sociedad en la que viven, y la dimensión de juez comunitario europeo”, son las prioridades para la magistrada Rosa María Freire.
  • Nuevas tecnologías. “La Escuela tiene que saber adaptarse a las nuevas tecnologías, explotando los nuevos métodos educativos que con ellas se abren”, opina la magistrada Rocío Ortega.
  • Mantener la excelencia. “Actualmente su nivel de excelencia es muy elevado, también en cuanto a la formación continua que dispensa”, valora el magistrado Carlos Viader.
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