¿Por qué no hace falta protegerse de la radiación Wi-Fi?

¿Por qué no hace falta protegerse de la radiación Wi-Fi?

Puedes estar tranquilo pues, aunque moriremos todos, no será por culpa de la Wi-Fi ni de las radiaciones de los móviles.

El tiempo pasa volando y los teléfonos móviles y las Wi-Fi llevan más de 20 años con nosotros, por no hablar de la radio que lleva casi 100, y los datos epidemiológicos siguen sin alertarnos de ninguna pandemia mundial, como llevan agorando algunos casi los mismos años. Aunque pueda parecer lo contrario, sabemos mucho sobre la exposición personal a campos electromagnéticos de radiofrecuencia, en particular a aquellas radiaciones producidas por móviles, antenas de telefonía, Wi-Fi, pero también radio FM, TV y un sinfín de dispositivos que nos hacen la vida un poco más fácil, o difícil, según se mire. Se ha estudiado a fondo la exposición a la que estamos sometidas las personas en nuestra vida diaria. Para ello se han desarrollado numerosos estudios con cientos de voluntarios que han portado durante, en algunos casos, hasta una semana, un exposímetro extremadamente preciso que registraba la intensidad de las diferentes señales que alcanzaban al individuo, cada pocos segundos, de día y de noche, en su trabajo y en su casa.

Router Wifi

Una reciente revisión sistemática de 21 trabajos científicos publicada en Journal of Exposure Science and Environmental Epidemiology concluyó que, en exteriores, las principales fuentes de radiación son las antenas de telefonía móvil y, en nuestras casas, los teléfonos inalámbricos DECT, con un escaso aporte de las redes Wi-Fi. En el primer caso, los valores medios no fueron superiores al 0,013% del valor máximo recomendado por la agencia internacional para la protección frente a radiaciones no ionizantes (ICNIRP por sus siglas en inglés). En el segundo, en nuestras casas, la exposición personal no superó el 0,004%. Pero ¿quién fija y por qué esos valores? La ICNIRP es una agencia independiente que, basándose en criterios y evidencias científicas, fija valores de exposición máxima con un factor de protección de entre 20 y 50. Esto es, conocidos los niveles a los cuales sabemos que estas radiaciones producen efectos, ICNIRP los divide entre 20 o 50, fijando un límite de referencia al cual no podrán producirse. Para que te hagas una idea, el microondas en el que calientas la leche por la mañana, utiliza las mismas radiaciones que la Wi-Fi, pero a intensidades de hasta un millón de veces superiores, o lo que es lo mismo, a niveles de entre 5.000 y 10.000% de los límites ICNIRP. Tranquilo que está apantallado para que las fugas sean mínimas y, aunque te pongas pegado a su puerta, no notarás nada.

¿Por qué no hace falta protegerse de la radiación Wi-Fi?

En resumen, los valores registrados en las casas europeas van de 0,1 a 0,4 V/m (usando unidades de medida de campo eléctrico) y el límite establecido por ICNIRP es de 61,5 V/m. Por tanto, estamos expuestos a niveles muy por debajo de los niveles de seguridad. Además, en casa, la principal fuente de radiación no es la Wi-Fi sino el teléfono inalámbrico, produciendo valores inferiores a los que encontramos en la calle. Pues bien, a pesar de que los niveles de exposición son tremendamente bajos y de que no existe evidencia que demuestre efectos sobre humanos en condiciones normales de exposición, son frecuentes los mensajes alarmistas contra las Wi-Fi, las antenas de telefonía, etc.

¿Por qué tanto miedo? Al final, detrás de todos estos mensajes alarmistas contra antenas o Wi-Fi siempre me encuentro a alguien, casi siempre los mismos, que pretende vender algo para proteger nuestra Salud. ¡Aunque no haga falta! Así, lo último que he encontrado, después de píldoras o calzoncillos antirradiación, son los “routers eco”. El uso del “eco” podría tener sentido si el consumo de energía fuera muy reducido y tuviera una clasificación energética “A+++”, pero me temo que no es el caso. Es “eco” porque emite, según dicen, menos radiación que otros, sin que eso tenga que ser sinónimo de bueno ni, mucho menos, de saludable (otro término que debería estar prohibido en publicidad). El reclamo es falaz, porque se nos ofrece un producto que, según dicen, emite menos radiación para protegernos de algo de lo que no es necesario protegerse. Pero es que realmente, tener un router que emite menos, provoca una situación que no sé si han pensado. Al emitir menos intensidad, tendremos zonas sin cobertura o, al menos, zonas con poca intensidad de la señal, por lo que nuestros dispositivos “escucharán peor” y tendrán que “gritar más” o, lo que es lo mismo, emitir más radiación, para poder alcanzar a un router medio sordo y que habla muy bajito. En definitiva, estaremos incrementando la radiación producida por los dispositivos, al tiempo que reducimos la calidad.

En conclusión. No, no te preocupes de la Wi-Fide su casa o trabajo, tampoco de la del colegio de tus hijos. Aunque haya una pseudofundación y pseudoprofesionales interesados en vender miedo, y a hacer caja vendiendo servicios y productos, alertando insistentemente de los inexistentes peligros de las Wi-Fi. A los niveles habituales de exposición es imposible producir efectos sobre la Salud. Si alguien te dice “pero tampoco han demostrado su inocuidad” está demostrando que no sabe que en Ciencia no se pueden demostrar negaciones y, recuerda, que lo que nadie ha demostrado en décadas es que, a esos niveles, sean perjudiciales. 

Alberto Nájera es miembro de ARP-Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico y
profesor del Área de Radiología y Medicina Física del Departamento de Ciencias Médicas de la Facultad de Medicina de Albacete de la Universidad de Castilla-La Mancha.

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