El conflicto con Google amenaza el Tratado de libre comercio con EE UU

Google y la UE se buscan, pero no se encuentran

Google y la UE se buscan, pero no se encuentran

Por una vez, Google no encuentra lo que busca. La multinacional estadounidense intenta desde hace cuatro años quitarse de encima a las autoridades europeas, pero no logra dar con la vía de escape y parece cada vez más enfangada en una pantanosa marisma política, legal y económica. La encarnizada persecución, sin embargo, podría tener también graves consecuencias para la economía europea porque tanto Washington como Google disponen de amplia capacidad de respuesta.

Google, de momento, lleva las de perder, tras cometer el mismo error que otras empresas estadounidenses, como Microsoft o General Electric: infravalorar la amenaza que puede suponer la UE. Los interminables conflictos con Bruselas y otras capitales europeas ya han conseguido deteriorar la imagen de la otrora simpática compañía de Mountain View y convertirla en sinónimo de presunto abuso de posición dominante, de explotación indiscriminada de datos personales, de apropiación indebida de los contenidos de otros proveedores o de elusión de impuestos

La ofensiva acaba de entrar, además, en un terreno político potencialmente muy peligroso. Para ambas partes.

Google se expone a verse sometida a un control regulatorio y legislativo que puede poner en peligro su propio modelo de negocio. Los partidarios del buscador aseguran que el ataque llega instigado por importantes multinacionales, resentidas por el éxito comercial del buscador más popular del mundo.

El buscador minusvaloró la amenaza que puede llega a suponer Bruselas

Esas voces incluso identifican al magnate alemán de los medios de comunicación Axel Springer como uno de los artífices de que la Comisión Europea esté endureciendo el tono hacia Google. La sospecha coincide con la beligerancia de Berlín contra Google, hasta el punto de que el miembro alemán de la Comisión Europea, Gunter Oettinger, es uno de los responsables de que Bruselas no haya cerrado con un acuerdo amistoso el caso de competencia contra Google.

La presión alemana está llamada a aumentar. Oettinger, que frustró el acuerdo siendo comisario de Energía, ocupa desde el 1 de noviembre la cartera europea encargada del mercado digital, desde la que se podría impulsar una “ley Google” para atar corto al buscador.

Y la sombra de Springer también aumenta. La semana pasada se presentó la versión europea de Politico, la influyente revista estadounidense que a partir de la primavera se publicará en Bruselas con la participación financiera del propietario del diario Bild.

Fuentes familiarizadas con el caso Google reconocen que la nueva deriva resulta mucho más amenazante para la compañía que el expediente abierto en 2010 por el entonces comisario europeo de Competencia, Joaquín Almunia. El español dejó el puesto el pasado 31 de octubre sin poder llegar a ninguna conclusión definitiva, quizá porque también infravaloró la creciente resistencia de Berlín y París a una solución amistosa.

La nueva comisaria de Competencia, la liberal danesa Margrete Vestager, deberá decidir en las próximas semanas si continúa con el expediente de Almunia o le da carpetazo. Cualquiera que sea la decisión no parece inquietar demasiado a Google, pues los especialistas en Derecho de la Competencia consideran que Bruselas tendría muy difícil demostrar ante el Tribunal de Justicia de la UE que el buscador está dañando realmente el libre mercado en Europa.

Las mismas fuentes también creen muy difícil que la Comisión pueda declarar a Google como “infraestructura clave”, una definición del Derecho de la Competencia que permite imponer obligaciones especiales al propietario de una infraestructura difícilmente replicable. Ese no parece ser el caso del buscador, que cuenta ya con la competencia de otros buscadores (como Yahoo) o de plataformas que ofrecen servicios de búsqueda (desde Twitter a Facebook).

La verdadera amenaza para Google parece ser la vía legislativa, sugerida ya abiertamente por una resolución del Parlamento Europeo aprobada el mes pasado con una amplía mayoría. El origen de la resolución de nuevo se remonta hasta Berlín, pues fue impulsada por eurodiputados alemanes de la CDU (conservadores) y del SPD (socialistas).

Pero ni Google ni EE UU parecen dispuestos a permanecer pasivos ante esa amenaza.Y la contraofensiva ya ha comenzado. Los medios estadounidenses se hacen eco de los presuntos conflictos de interés de los eurodiputados que abogan por regular a Google. Y un reciente reportaje (LuxLeaks), financiado en parte por millonarios estadounidenses como George Soros, ha mostrado que muchas empresas europeas también se libran de buena parte de sus impuestos en Europa con la complicidad de países de la UE como Luxemburgo.

Google también ha tomado represalias contra los países que, como España, pretenden imponer por ley un canon por enlazar contenidos de medios de comunicación. Desde mañana, si se cumple su amenaza, el servicio de Google News dejará de ofrecer a sus usuarios los contenidos de diarios españoles, incluidos los exclusivamente digitales.

Y fuentes estadounidenses advierten que la respuesta podría endurecerse hasta el punto de hacer descarrilar las negociaciones del Tratado transatlántico de libre comercio si Washington percibe un clima hostil hacia el buscador o hacia empresas estadounidenses como Apple o Amazon, a las que se acusa de no pagar impuestos en Europa.

La advertencia coloca a Bruselas en el mismo callejón en el que se encuentra Google: sin salida a la vista y con dificultades para dar la vuelta.

Dos semanas de incertidumbre

Grecia tiene por delante dos semanas de incertidumbre que podrían acabar con la disolución del Parlamento. La convocatoria de elecciones anticipadas será inevitable si el aspirante a la presidencia de la República, Stavros Dimas, no logra la mayoría necesaria (180 votos de 300 escaños) en las tres votaciones que el Parlamento griego llevará a cabo entre el día 17 de diciembre y final de año.

El Gobierno de coalición (populares y socialistas) presidido por Antonis Samaras (en la foto) suma 155 escaños e intentará arañar los 25 que le faltan. Si no lo consigue, los griegos acudirán a las urnas a comienzos de 2015, un año antes de lo previsto. El desenlace no llamaría demasiado la atención si no fuera porque los sondeos indican de manera persistente que si esos comicios llegan a celebrarse con antelación, la izquierda radical de Syriza se alzará fácilmente con la victoria.

La posibilidad de que Alexis Tzipras, líder de Syriza, se convierta en el próximo primer ministro provocó la semana pasada una espectacular caída en la Bolsa de Atenas y puso fin por unas horas a la calma de los mercados de deuda de la zona euro.El susto de los inversores se debe, en parte, a la precipitación de los acontecimientos. Samaras ha preferido desencadenar ya la tormenta con la esperanza de que la sensación de pánico le reporte aliados en el Parlamento o asuste a potenciales votantes de Syriza, la única formación que defiende una renegociación completa de las condiciones impuestas por la troika a cambio de los sucesivos y fallidos rescates.

Si la jugada le sale bien, Samaras podría salir reforzado del envite. Si le sale mal, como indican muchos pronósticos, Syriza, que ya controla gran parte del gasto público griego gracias a su victoria en las últimas elecciones locales, asumiría el poder bajo el liderazgo de Tzipras (ingeniero nacido en 1974). Sus aliados españoles de Podemos observan con alegría un escenario que podría materializarse solo unos días después de la manifestación que celebrarán en Madrid el 31 de enero para hacer una demostración de fuerza.