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Lealtad, 1
Análisis

Disuasión nuclear en el BCE

Desde que quebró Lehman las informaciones que invitan a comprar oro, agua y una escopeta y echarse al monte se han vuelto de lo más normal. Pero ayer tuvieron un sorprendente y profundo eco en el mercado, pese a la escasa verosimilitud de algunas de ellas. Como la idea de que, ayer por la mañana, España habría solicitado 280.000 millones de dólares en ayuda. Así, por las buenas.

Lo malo no es que salten estas informaciones, ni que algunas personas les den credibilidad. Lo malo es que si en el mercado las manos fuertes quieren jugar esta carta, los demás tienen que seguir el juego, quieran o no. Si alguien quisiese saber qué paso ayer, la explicación sería difícil. Porque pasar, no pasó nada. Fue un mal día para muchos inversores que sufrieron la sangría en sus carteras, y para otros que tardaron en darle a la tecla de vender. Y quien mantuviese posiciones cortas habrá conseguido deshacerlas en beneficio.

Y ahora, ¿qué? Pues depende. Quizá las manos fuertes quieran seguir haciendo sangre, pero yo no apostaría por ello. Dos, tres, cuatro días más de crac a lo sumo. Tensar la cuerda más puede no salir rentable. A medida que el deterioro de los mercados amenaza la estabilidad financiera de la zona euro, hay más motivos para que el BCE active su programa nuclear estratégico: la monetización directa de deuda, es decir, poner en marcha la máquina de hacer dinero. Una decisión que ya tomaron la Fed y el Banco de Inglaterra. El BCE se quedó en el paso anterior, en la admisión de deuda como colateral en las operaciones de financiación bancarias. Si no lo ha hecho es por ortodoxia monetaria, pero el mercado puede forzar una situación en la que las ventajas de esta decisión superen a los costes. Y los operadores bajistas quedarían colgados. No es fácil. Pero tampoco parecía fácil que el BCE hiciese excepciones en su política de colateral, ni parecía fácil que Merkel aceptase un rescate antes de las elecciones.

No es una cuestión de sentido de Estado o europeísmo. El sistema financiero europeo no podría soportar el contagio de Grecia a España o Italia; supondrían gigantescas pérdidas en la cartera de inversiones, problemas de solvencia, ventas forzadas de activos y, en fin, la misma espiral que se desató tras Lehman. Las políticas de los últimos dos años demuestran que el sistema financiero es prioritario para los gobernantes, y los hedge funds lo saben. Resultaría raro que no tuviesen este factor en cuenta, pues el dinero no se caracteriza por su valentía.

nrodrigo@cincodias.es

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