COLUMNA

Grecia y Reino Unido

La crisis griega ha reivindicado el euroescepticismo británico, pero es una advertencia para el déficit y la deuda de Reino Unido. Gordon Brown, ahora al parecer en el ocaso de su liderazgo, tenía razón al mantenerse al margen del euro. Sin embargo, el déficit fiscal británico no está lejos del 13,6% del PIB griego, y es mayor que el de Portugal y el de España, que acaban de ser rebajadas por las agencias de calificación.

No puede haber duda de que si Reino Unido se hubiera adherido a la zona euro habría sufrido una burbuja inmobiliaria incluso mayor -y un desplome aún peor-. Irlanda da una idea de lo que podría haber sucedido. Los precios de las viviendas irlandesas han caído más de un tercio de su máximo. Los bancos irlandeses habrían quebrado todos sin el apoyo del Estado y la deuda del Gobierno se ha disparado aún más rápidamente que en el Reino Unido. La crisis griega, no obstante, muestra también que Brown estaba equivocado al empujar a otros para que aumentaran el gasto público para superar la debilidad económica. Italia, por fortuna, no hizo caso. Su deuda es tan grande como la de Grecia, pero su 5% de déficit fiscal se encuentra lejos de las rocas griegas.

Si el déficit fiscal de Reino Unido no se aborda pronto de modo significativo tras la semana de elecciones, corre el riesgo de ser rebajado por las agencias de calificación y caer en una espiral de tasas de interés sobre la deuda del Gobierno. Reino Unido puede estar satisfecha de no haberse puesto un euronudo. Pero puede que se lo haya puesto ella misma.

Ian Campbell