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Análisis

Solbes y Pizarro, al cuadrilátero

Buenas noticias desde la precampaña. Los candidatos están dispuestos a debatir cuerpo a cuerpo sobre sus planes para los próximos cuatro años. Lo harán, a dos vueltas y a la vista de todos, Zapatero y Rajoy. Pero también han cruzado desafíos la vicepresidenta De la Vega y el ínclito Acebes, y Solbes con el último en llegar a la plaza política, Pizarro.

Este sí que augura ser un buen combate de fondo. Solbes se confiesa dispuesto a 'aclarar las ideas' al ex presidente de Endesa, y el de Teruel le ha hecho a los socialistas el ademán de venid aquí, con un pugilístico 'que vayan saliendo'. Esto promete.

Ninguno de los dos es un estilista. El de Pinoso es un fajador de largo recorrido. Sin gran pegada, pero capaz de castigar al adversario hasta doblarlo de tedio. Pizarro es de verbo eléctrico. Su experiencia en la Bolsa y la empresa le ha enseñado trucos muy útiles para la política.

¿Será una gran velada? La gestión de la economía está en juego. Pero la televisión, si al final la eligen, es traicionera. Por eso a los contendientes hay que exigirles buena técnica, y no sólo espectáculo. El defensor del título está obligado a ser didáctico y claro. El aspirante a no dejarse llevar por su juego de piernas y estar bien asentado en el suelo. Los dos tienen la encomiable tarea de contarle la verdad económica al país. Y los espectadores, desde la primera fila de ring hasta el gallinero, tienen derecho a un combate de altura.

Materia prima, desde luego que hay. Basta con fijarse en el aroma intervencionista de algunas de las últimas declaraciones de Solbes, o en los nuevos mercados -de abastos- por los que se mueve ahora Pizarro. El mismo que hace una docena de años se preocupaba por el poco ambiente en el parqué y pedía la vuelta a la negociación de las acciones de Bolsa a viva voz, en detrimento de los ordenadores, por aquello el ambientillo.

Aquí el árbitro es el público. Los golpes bajos se pagan en televisión tanto como el aburrimiento. Pueden hacer un combate plúmbeo y perderán audiencia. Pueden hacer un combate marrullero y perderán una oportunidad. Pero también pueden hacer una gran velada, y entonces cumplirán con su obligación. Porque su compromiso debe ser despejar muchas incógnitas, que empiezan a preocupar a los ciudadanos cuando la economía se ralentiza seriamente. Lo que nunca se entendería es que suban al cuadrilátero a tirarse trastos o explicarle uno al otro la cuadratura del círculo.

Juan José Morodo Subdirector

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