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La fórmula: amor en todas sus expresiones bután

Aunque cada persona es feliz de distinta manera, las investigaciones psicológicas han llegado a un consenso: una cantidad razonable de dinero, una salud física aceptable y, sobre todo, muchos amigos.

Las encuestas mundiales coinciden en que el bienestar declarado de los individuos crece a medida que aumenta la renta per cápita muy rápidamente en niveles bajos, pero a partir de unos 9.300 euros anuales (Hungría, Argentina), lo hace más lentamente.

Eso se ve sobre todo en que los países del Este europeo y las repúblicas ex soviéticas tienen niveles de bienestar subjetivo mucho más bajos que los de Centro y Suramérica, pese a tener rentas similares.

El apartado de la salud es el más complejo de medir, debido a que la salud diagnosticada está menos relacionada con el bienestar declarado que la salud percibida. Aunque los expertos señalan que las mediciones eléctricas cerebrales confirman que la gente en general no se autoengaña, los economistas no lo tienen tan claro.

El Nobel Amartya Sen pone el ejemplo de una investigación en India, donde se diagnosticaron enfermedades a mujeres que ellas no sentían, 'porque estaban entregadas a sus hijos, a sus familias', explica la profesora Rebeca Echávarri, de la Universidad Pública de Navarra. 'Pero su esperanza de vida era menor que la masculina'.

Para compensar esa distorsión el sociólogo holandés Ruut Veenhovencreó el ranking de años de vida felices (Happy Life Years), resultado de multiplicar la esperanza de vida por un factor de bienestar, que no difiere demasiado de otras clasificaciones.

Por encima de los demás ingredientes destacan, según los psicólogos, las relaciones interpersonales, el amor en todas sus expresiones. 'Las culturas más extrovertidas, en las que se comparte más, donde hay más confianza mutua, tienden a ser más felices', señala el psicólogo Carmelo Vázquez, profesor de la Universidad Complutense.

En eso abunda el hecho de que los países donde más distribuida está la riqueza, mayor es la felicidad general; la forma en que eso se consiga (Estado del bienestar o iniciativa privada) es secundaria, según los datos.

Un factor como el clima, no tiene una relación tan directa con el grado de satisfacción, 'aunque sí con el número de homicidios', señala Vázquez. Los suicidios, abundantes en los países nórdicos, tampoco son un buen indicador del bienestar, 'sino del malestar; tiene que ver con la cultura de la muerte', explica el experto.

El proyecto más ambicioso de crear un índice consensuado es el del Nobel de Economía Daniel Kahneman, en colaboración con economistas como Alan Krueger.

La receta de un dictador

Tres décadas antes de que el político británico David Cameron incorporara la Felicidad Nacional Bruta a su discurso, el rey de un pequeño país entre India y China, llamado Bután, ya había utilizado el concepto.

Jigme Singye Wangchuck quería construir una economía al servicio de los valores espirituales budistas. El índice sirve de base a los planes quinquenales del país, que sigue bajo el dominio del dictador Wangchuck, aunque éste ha dado pasos hacia la democracia y ha anunciado que abdicará en su hijo en 2008.

Los críticos con este tipo de indicadores denuncian que pueden ser diseñados de modo que convenga a los gobernantes. Cerca de Bután, el gobierno chino anunció hace unos meses que formularía su índice particular de bienestar, que incluiría condiciones de vida, ambientales y salariales.