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Revista de Prensa

Represalias y relaciones comerciales

Los mecanismos de la Organización Mundial del Comercio (OMC) para arbitrar en las grandes disputas comerciales han actuado para controlar los conflictos económicos desde su establecimiento años atrás. En cualquier caso, no han alejado los impulsos gubernamentales, ni sus oportunidades, en el intento de ganar puntos por el mero hecho de golpearse unos a otros y acabar haciéndose heridas.

Ciertamente, la reciente guerra, llevada a cabo con mucho ruido, por la postura de la UE en determinadas cuestiones ha cambiado mucho. Bruselas está considerando imponer cantidades millonarias a las exportaciones estadounidenses en respuesta a los aranceles planteados al acero (...). También está acordando sanciones a las exportaciones estadounidenses para complementar la decisión de la OMC de censurar un impuesto tan ilegal como los subsidios a las exportaciones (...).

Cuando los poderes económicos entran en colisión, confiando a la Organización Mundial del Comercio la maquinaria de las disputas para mantenerse alejados del peligro, se corre un riesgo. Finalmente, el freno depende de sus propias percepciones sobre los intereses y el temor a sufrir los correspondientes daños.

Si el sistema está para sobrevivir, Estados Unidos y la Unión Europea necesitan intentar más firmemente mantener alejados sus conflictos al margen de la Organización Mundial del Comercio y esforzarse en las soluciones diplomáticas.

Sus riñas son una de las mayores fuentes de tensión en la organización. Sólo ellos pueden prevenir esos conflictos derramando lágrimas aparte.

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