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ANDALUCÍA

Los agricultores de Almería piden su cosecha de ayudas

Se venden invernaderos en el poniente almeriense y no hay quien los compre. ¿Qué está pasando con la floreciente agricultura intensiva de Almería? ¿Por qué hay agricultores que quieren abandonar la actividad?

José Miguel Pérez, uno de los cerca de 20.000 agricultores almerienses que cultiva hortalizas bajo plásticos, tiene una explicación: "Vendemos nuestros productos ca-si a los mismos precios que hace 20 años, mientras los costes no paran de subir y, además, en esta campaña los virus y las plagas han destruido buena parte de las cosechas".

Desde hace algunas semanas, las organizaciones agrarias están alertando sobre la pérdida de rentabilidad de los invernaderos almerienses. Por un lado, los precios de venta están siendo esta campaña una media de 20 pesetas por kilo (0,12 euros) inferiores a la temporada pasada, que fueron de unas 90 pesetas en el tomate y 115 en el pimiento. Por el otro, los costes de producción se han disparado: combustibles y, por lo tanto, los plásticos y el transporte; los fitosanitarios, a causa del incremento de las plagas; las semillas (más caras para que resistan los virus). Y, como consecuencia, el endeudamiento de los agricultores, que, según la organización agraria Coag, supera ya 300.000 millones de pesetas (1.800 millones de euros), el triple que hace seis años.

El presidente provincial de otra asociación, Asaja, Francisco Vargas, calcula que el coste por metro de cultivo ha pasado de 300 pesetas a 500 en esta campaña (de 1,8 a tres euros). Eso supone, en las 30.000 hectáreas de invernaderos de Almería, 60.000 millones de pesetas más de costes (360,6 millones de euros), sobre un valor de la producción, ya en los mercados finales, que el año pasado fue de 270.000 millones.

"Hay ya un 10% de agricultores que ha decidido abandonar sus explotaciones", dice Armando García, portavoz de Coag, en parte por la asfixia financiera. "Los primeros productos los llevamos a la cooperativa a los tres meses, pero no recibimos la primera peseta hasta 45 días después, por lo que pasan cuatro o cinco meses en los que sólo hay gastos; tenemos que recurrir a créditos de campaña, y si luego las cosechas no responden por las plagas o los precios, no hay para pagar el crédito y hay que pedir otro", explica José Miguel Pérez la situación.

¿Y qué hacer para superar esta crisis? Las organizaciones agrarias creen que la responsabilidad debe ser compartida, pero que esta vez las Administraciones han de arrimar más el hombro. "La agricultura intensiva se ha desarrollado sólo con el esfuerzo del sector, que es el menos subvencionado", dice el presidente de Asaja. De hecho, la horticultura recibe sólo un 2% de dinero público sobre su valor de producción final, mientras otros cultivos alcanzan el 80%, según la patronal Coexphal.

Por eso piden ayudas "prometidas", según Vargas, como préstamos para compensar la subida de los carburantes, rebajas fiscales para los afectados por las plagas, apoyo a la refinanciación de la deuda, un plan de higiene rural y un mayor control sobre los "abusos" de las empresas de semillas, entre otras reivindicaciones. Por otro lado, reconocen que para mejorar los precios de venta es necesario concentrar más la oferta, pero también piden a la Unión Europea un mayor proteccionismo frente a productos terceros, como los marroquíes.

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