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Lucky de Apple TV, ¿merece la pena este nuevo thriller de Anya Taylor-Joy?

Esta miniserie, perfecta para verla en un fin de semana, combina tensión y acción, donde la actriz se desenvuelve como pez en el agua.

Anya Taylor-Joy en la serie LuckyApple TV

Si hay algo que ya está más que claro con Anya Taylor-Joy es que su presencia en la pantalla es sinónimo de que algo interesante va a pasar -esto es así desde que nos dejó embobados con sus jugadas de ajedrez o en Peaky Blinders-. Por eso, cuando Apple TV anunció la serie Lucky, más de uno ha estado esperando su estreno. Algo que ya ha sucedido.

Estamos ante una serie que mete al espectador de lleno en el mundillo de las estafas, los planes que salen regular y esa adrenalina de saber que tienes a medio mundo buscándote mientras tú solo intentas sobrevivir un día más. Pero, ¿está la serie a la altura de su protagonista o es solo un envoltorio bonito? Vamos a desgranarlo todo porque hay mucha tela que cortar en esta producción de Jonathan Tropper.

Lucky así es este thriller de Apple TV

La historia arranca fuerte, con uno de esos inicios de acción que tanto enganchan. En él se conoce a Luciana “Lucky” Armstrong, interpretada por una Taylor-Joy que parece haber nacido para estos papeles de mujer astuta, pero al borde del abismo. Bien es cierto que el punto de partida de la creación es un clásico del género: el último gran golpe.

Tras un atraco de 10 millones de dólares en Las Vegas, Lucky y su marido Cary, a quien da vida Drew Starkey, celebran lo que creen que será el inicio de su nueva vida. Sin embargo, esta idea dura poco. La protagonista despierta en una suite de lujo y se encuentra con un panorama desolador: ni rastro de su marido, ni del maletín con el dinero y, para rematar, la policía ya le pisa los talones. A partir de aquí, la serie se convierte en una carrera de obstáculos constante donde Lucky tiene que usar todo lo que aprendió de su padre, un estafador profesional, para no acabar entre rejas o bajo tierra.

Un buen acabado en esta miniserie

Lo que hace que Lucky destaque visualmente desde el primer minuto es su factura técnica. No es solo que se vea bien, es que tiene esa pátina de calidad que Apple suele imprimir a sus originales. Jonathan Van Tulleken, que ya nos dejó locos con su dirección en Shōgun, se encarga de varios episodios y utiliza un formato panorámico que aísla a nuestra protagonista en mitad del caos, dándole un aire cinematográfico muy potente. Los planos son dinámicos y las persecuciones en coche tienen fuerza, huyendo de los típicos clichés visuales de las series de televisión convencionales. Además, la banda sonora es un auténtico puntazo. Por cierto, el tema de apertura de Fiona Apple te mete el miedo en el cuerpo y establece un tono inquietante que acompaña perfectamente a la serie.

Es importante indicar el peso que tiene el padre de la protagonista, John, interpretado por un Timothy Olyphant que como siempre rebosa carisma -hasta convertirse en el corazón emocional de la serie-. Este es un tipo encantador pero peligroso, un embaucador que ha criado a su hija en la mentira y el engaño. Las interacciones entre ellos son, de lejos, lo mejor de la trama. Existe una desconfianza latente porque Lucky debido a que es consciente que su progenitor miente con la misma facilidad con la que respira… y esa tensión le da una profundidad a la serie que va más allá de un simple thriller de acción.

Tramas que son bastante amplias

Pero no todo es drama familiar. Lucky tiene que lidiar con fuerzas oscuras. Por un lado, tenemos a la jefa de la mafia Priscilla Matheson, una Annette Bening que se aleja de sus papeles más amables para encarnar a una mujer implacable y fría. Esta no solo quiere su dinero de vuelta; también es la madre del desaparecido Cary, lo que convierte la búsqueda en algo personal y mucho más retorcido. Por otro lado, la ley no se queda atrás con la agente del FBI Billie Rand, interpretada por Aunjanue Ellis-Taylor. Ella es la típica sabuesa resistente que lucha por equilibrar su vida familiar mientras intenta desmantelar una red de criminales que siempre parecen ir un paso por delante.

A pesar de estos ingredientes de primera, Lucky no es perfecta. A veces la serie parece sufrir de esa crisis de identidad que tienen algunas adaptaciones literarias que intentan ser demasiadas cosas a la vez. Hay momentos en los que el ritmo se frena en seco para dar explicaciones -que ya se habían intuido-, y algunos personajes secundarios se notan un poco desaprovechados, como si estuvieran ahí solo para mover la trama hacia el siguiente punto de control. Especialmente llamativo es el caso del marido, que en ocasiones se percibe más como un elemento del guion en vez de un personaje con alma propia.

Aun así, hay episodios que son pequeñas joyas. Por ejemplo, el segundo, donde Lucky se refugia con una familia en el desierto, permite que la serie respire y muestra una faceta mucho más humana y reflexiva de la protagonista. Es en estos respiros donde Taylor-Joy brilla de verdad, demostrando que puede sostener el peso de la historia solo con su presencia, transmitiendo esa mezcla de miedo infantil y astucia depredadora que define a Lucky.

Por cierto, y esto es todo un acierto: la serie no se corta a la hora de llevar a que el espectador se pregunte si estos personajes son malas personas, explorando la ambigüedad moral de unos protagonistas que dañan a inocentes sin mucho remordimiento en su lucha por la supervivencia.

En mi opinión, Lucky es una propuesta sólida que se apoya en un reparto muy competente (con algunas actuaciones sobresalientes) para cubrir ciertos baches narrativos. No revolucionará el género de los estafadores ni se convertirá en un clásico instantáneo, pero ofrece las suficientes dosis de intriga y estilo como para que merezca la pena el viaje por el desierto y los casinos de neón. Si os gusta ver a personajes inteligentes intentando salir de situaciones imposibles mientras lucen pelucas y cambios de look constantes… Esta puede ser la serie que marque tu verano.

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