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La intervención de Estados Unidos en Venezuela hace al mundo más inseguro

Es obsceno que se pongan los intereses de empresas concretas por delante de la estabilidad mundial, de los valores democráticos y del derecho internacional.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ayer en Washington.Kevin Lamarque (REUTERS)

La intervención militar de EE UU en Venezuela, para capturar al presidente de facto, Nicolás Maduro, y plantear una especie de tutela o protectorado sobre el Gobierno chavista que encabeza ahora Delcy Rodríguez, es un nuevo elemento de inestabilidad geopolítica en un momento de desmoronamiento del orden mundial surgido de la Segunda Guerra Mundial. Donald Trump actualiza la Doctrina Monroe, que en el pasado causó estragos en la región latinoamericana, sin que se perciba que exista un plan sobre cómo gestionar en lo sucesivo Venezuela, mucho menos sobre cómo propiciar una transición a la democracia en un país que votó mayoritariamente, según las actas conocidas y que oculta el régimen, al candidato opositor Edmundo González en 2024.

De los hechos y las declaraciones del presidente de EE UU y su equipo queda claro que la prioridad no es derrocar a un régimen dictatorial, que se apropió de una victoria que le negaron las urnas, ni tampoco cesar la represión o liberar a los presos políticos. No, el fin expreso es el acceso de las empresas norteamericanas al petróleo del país, que cuenta con las mayores reservas del mundo pero está en la cola en explotación por la mala gestión de la industria. No es nuevo que las distintas formas del imperialismo persigan hacerse con recursos naturales de otros países, pero nunca se había hecho público con esta crudeza. Es obsceno que se pongan los intereses de empresas concretas por delante de la estabilidad mundial, de los valores democráticos y del derecho internacional.

Los mercados acogieron con indiferencia la nueva convulsión geopolítica, porque se han adaptado a una etapa de gran imprevisibilidad y prefieren operar mirando la situación de la economía y de las grandes empresas. La Bolsa registró subidas moderadas el lunes siguiente a la acción militar, y el petróleo subió levemente, porque en cualquier escenario pasarán varios años antes de que Venezuela pueda volver al mercado internacional.

Despreciar los riesgos para la estabilidad mundial del caos desatado ahora puede ser imprudente. Nadie sabe cuál será el siguiente movimiento de Trump, si Cuba, Colombia o Groenlandia; ni qué supone este escenario para las otras grandes potencias, en particular China (que ambiciona hacerse con Taiwán) pero también Rusia (que bloquea un acuerdo sobre Ucrania a pesar de que la propuesta de Washington es favorable a sus intereses). Los agentes económicos deberían incorporar los nuevos riesgos a sus estrategias. Pero cabe dudas de que sea así: esta nueva escalada es vista con notoria pasividad por los inversores, como por las autoridades occidentales (temerosas de irritar al gran líder) e incluso buena parte de las opiniones públicas.

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