La cena de los magnates. ¿Quién se sienta al lado de Trump?
Huang y Musk ocuparon el centro del banquete presidencial sobre inteligencia artificial, con OpenAI y Anthropic más apartadas
El pasado 29 de septiembre, Donald Trump reunió en la Casa Blanca a los que, a su juicio, son los empresarios más influyentes en lo que el presidente norteamericano considera lo más importante para el desarrollo de su país en las próximas décadas: la inteligencia artificial.
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El pasado 29 de septiembre, Donald Trump reunió en la Casa Blanca a los que, a su juicio, son los empresarios más influyentes en lo que el presidente norteamericano considera lo más importante para el desarrollo de su país en las próximas décadas: la inteligencia artificial.
O mejor dicho, la superinteligencia, ya que así es como el autor de nuevos gentilicios como el golfo de América (antes golfo de México) ha decidido llamar a esta tecnología. La cita congregó a 34 comensales.
El curso había empezado revuelto en la clase de IA. Algunos alumnos se habían desmarcado del guion oficial con visiones distópicas sobre la rebelión de algunos agentes que, a ojos de algún observador más o menos conspiranoico, podían poner en peligro el futuro de la humanidad.
Y los maestros no les quitaban del todo la razón. Amodei, Musk y Altman apuntaron la conveniencia de poner un freno a la exponencial velocidad con la que se están desarrollando los modelos de inteligencia artificial generativa. No hablaban de pararlo, sino de frenarlo. Pero esto no cuadraba con los planes del mandatario estadounidense.
Tampoco con los de China, es importante decirlo. Y si uno no frena, no lo va a hacer otro, menos aún en tiempos de guerra fría. Máxime cuando ambas regiones del mundo tienen claro que el dominio de la IA será lo que marcará el devenir de los próximos decenios.
Así que Trump tenía prisa por demostrar al mundo que la IA no se frena y que Estados Unidos, país que concentra aproximadamente el 74% de la capacidad mundial de cómputo avanzado para IA, tiene intenciones de seguir haciéndolo. Qué mejor que una cena entre amigos para escenificarlo.
¿Quién se sentó al lado de Trump?
Aparte de la cena, claro está, el selfie. En este caso no se hizo porque 34 personas es mucho, pero el presidente de los Estados Unidos sí compartió, en su propia red social, los asistentes a la misma y cómo se sentaron. Y eso da muchas pistas sobre el nuevo mapa de poder tecnológico en el gigante norteamericano.
La primera conclusión es que Nvidia y Elon Musk ocupan las posiciones de mayor proximidad física a Trump. Jensen Huang, al frente de Nvidia, está sentado al lado derecho del presidente; Musk, vinculado a xAI, Tesla y SpaceX, ocupa el primer asiento a la izquierda. La ubicación de Huang tiene una lectura industrial evidente: Nvidia suministra los aceleradores que impulsan buena parte de la infraestructura de IA, mientras que Musk combina el desarrollo de modelos con proyectos de computación, centros de datos y satélites.
Su cercanía simboliza la importancia estratégica que la administración concede tanto al hardware como a la capacidad de desarrollar y desplegar sistemas de IA. El plano no demuestra por sí solo que ambos disfruten de mayor acceso político efectivo que los demás asistentes, pero, en un escenario ultracompetitivo donde cualquier gesto cuenta, tampoco conviene pasarlo por alto.
En el siguiente círculo de proximidad aparecen Mark Zuckerberg, de Meta; Sundar Pichai, de Google; Satya Nadella, de Microsoft; y Jeff Bezos, fundador de Amazon. Representan cuatro pilares distintos del ecosistema: redes sociales y modelos abiertos, búsqueda y servicios digitales, nube empresarial e infraestructura global, y comercio electrónico, a los que se suman cuantiosas inversiones en computación en la nube.
La posición de Zuckerberg, muy próximo a Huang, y la de Pichai reflejan la relevancia de las grandes plataformas que controlan datos, distribución digital y recursos informáticos. Nadella y Bezos aparecen algo más alejados, pero sus empresas siguen siendo fundamentales para financiar, alojar y comercializar la IA a gran escala.
La distribución más llamativa es la de OpenAI y Anthropic, dos de los principales desarrolladores de modelos de frontera. Greg Brockman, presidente de OpenAI, aparece relativamente lejos de Trump, mientras que Dario Amodei, consejero delegado de Anthropic, está situado todavía más apartado, en la parte superior del lado derecho.
Ambos representan organizaciones decisivas para la carrera de la IA, pero ocupan posiciones menos centrales que los responsables de Nvidia o Meta. La diferencia ha alimentado interpretaciones sobre las relaciones políticas de las compañías y las tensiones en torno a la regulación y la seguridad de la IA. Pero son conjeturas. No es posible demostrar a partir de la distribución de la mesa que esos asientos sean un castigo deliberado o una señal directa de desconfianza presidencial.
En realidad, lo relevante es estar. Y lo cierto es que la inteligencia artificial o superinteligencia toca a tantos ámbitos de la sociedad que no debió resultar fácil hacer la lista de invitados. Aunque más alejados, no faltan al convite empresas como Palantir (con dos comensales), Exiger, Altimeter Capital o ServiceNow, acompañadas de otras tan relevantes en el escenario de los semiconductores como Broadcom, AMD y Micron Technology. Completa la cena otro apartado decisivo para el desarrollo de la IA: la ciberseguridad. El consejero delegado de Palo Alto Networks, Nikesh Arora, estuvo sentado junto al director nacional de ciberseguridad de Estados Unidos, Sean Cairncross.
La cena está servida. Tiempo habrá de saber si a los comensales les sentó bien o se les va a atragantar en un futuro, pero una cosa está clara: nadie quiso perdérsela. Y la escenificación deja una cosa clara. En Estados Unidos, nadie va a frenar el desarrollo de la inteligencia artificial. No al menos mientras gobierne Trump.