Aliko Dangote, el hombre más rico de África quiere una refinería para todos
El magnate prepara la salida a Bolsa de su gran planta en Nigeria, una operación con la que espera captar unos 1.440 millones de euros
Llegará un momento en el que, si se alarga su vida, Aliko Dangote (Nigeria, 69 años) haya vivido más tiempo siendo la persona más rica de África que sin serlo. Es un magnate a la antigua usanza. Algo analógico. De los que cambian el rumbo de ...
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Llegará un momento en el que, si se alarga su vida, Aliko Dangote (Nigeria, 69 años) haya vivido más tiempo siendo la persona más rica de África que sin serlo. Es un magnate a la antigua usanza. Algo analógico. De los que cambian el rumbo de un país. Su conglomerado de cemento, azúcar y fertilizantes ha derivado finalmente en un imperio del petróleo, beneficiado por las guerras de Oriente Próximo. Su gran joya, la mayor refinería de África, está a punto de salir a Bolsa.
El cargo oficial de Dangote es presidente y consejero delegado de Dangote Group, el conglomerado que aglutina sus negocios. Es un personaje con claroscuros. El mérito de su fortuna se ha discutido en ocasiones por sus orígenes privilegiados. Su cumbre, hasta el momento, seguramente sea la refinería Dangote, un proyecto colosal cuya salida a Bolsa espera recaudar 2,15 billones de nairas (1.440 millones de euros) para ampliar sus instalaciones. La operación ha despertado entusiasmo en Nigeria porque permitirá a los ciudadanos comprar una parte del negocio. Desde la empresa la presentan como la “OPV del pueblo”.
La participación de Dangote bajará del 87,3% al 84,4%. Bloomberg estima su fortuna en 30.900 millones de euros. Forbes, que revisó al alza la valoración de la planta, la sitúa en unos 44.600 millones, casi el doble de lo que calculaba a finales de 2025. Con cualquiera de las dos estimaciones, Dangote es el hombre más rico de África, a gran distancia del segundo.
Es musulmán practicante. Ayuna al menos un día a la semana. Seguramente es su día de más descanso, porque habitualmente el empresario recibe más de cien llamadas diarias, en jornadas que empiezan a las cinco de la mañana tras solo cuatro o cinco horas de sueño, en una vida que admite poco descanso. Suele recordar, dice, el consejo que le dio el ex primer ministro británico Tony Blair: “El mundo no se hundirá si dejas de contestar”. Vive en Nigeria y asegura no tener ninguna casa fuera del país. Como buen magnate, le gustan los coches, y ha contado que con poco más de 20 años ya tenía casi 27. Sus tres hijas son su apuesta sucesoria. El año pasado dejó la presidencia de Dangote Cement y una de ellas entró en su consejo. La administración diaria de la mayoría de sus empresas corre a cargo de directivos de confianza. Dangote es aficionado al fútbol y seguidor del Arsenal, y en 2018 llegó a decir que compraría el club cuando terminara la planta, aunque en 2024 dio la idea por enterrada.
La fortuna del empresario viene de familia. Nació en Kano, la gran ciudad comercial del norte de Nigeria, tres años antes de la independencia del país. Su padre, comerciante, murió cuando él tenía ocho años. Aliko quedó en manos de su abuelo materno, Sanusi Dantata, que junto a su tío Usman se convirtió en su figura paterna. El gran comerciante de la familia fue el bisabuelo, Alhassan Dantata, nacido a finales del siglo XIX, que hizo fortuna importando nuez de cola de la Costa de Oro, la actual Ghana, y exportando cacahuete. Llegó a ser el hombre más rico de África Occidental.
Claroscuros
Dangote estudió en la madrasa del jeque Ali Kumasi, un erudito sufí, y después pasó por la Capital High School de Kano y por el Government College de Birnin Kudu. Se marchó a Egipto para estudiar Administración de Empresas en la Universidad de Al Azhar, en El Cairo. A su vuelta, con veintipocos años y ya casado con su primera esposa, Zainab, empezó a comerciar. Sobre cómo arrancó circulan varias versiones. Lo seguro es que recibió ayuda de la familia, aunque las cifras difieren. El propio Dangote contó que empezó trabajando con su tío y que después montó su propio negocio comprando y vendiendo cemento en Lagos, en plena fiebre constructora financiada por el auge del petróleo. Hacia 1980 empezó a importar azúcar, arroz y otras materias primas, y en 1981 fundó Dangote Nigeria Limited, el germen del grupo. Ya con estos primeros negocios empezó a ganar dinero. Por lo que él mismo ha reconocido, se compró su primer avión privado a los 22 años y medio.
El salto decisivo llegó cuando pasó de importar a fabricar. Adquirió refinerías de azúcar, molinos de harina, fábricas de pasta y la salinera Nascon, pero el cemento fue su gran apuesta. A comienzos de los 2000 el presidente Olusegun Obasanjo, a cuya reelección de 2003 Dangote contribuyó económicamente, lo llamó una mañana para preguntarle cómo podía Nigeria dejar de importar cemento. En 2002 el Gobierno aprobó la llamada política de integración hacia atrás, que solo permitía importar cemento a quien invirtiera en fábricas en el país, prohibió la importación de cemento ensacado y redujo las licencias. Ese año Dangote compró Obajana Cement, cuya planta del Estado de Kogi empezó a producir en 2007. Dangote Cement es hoy el mayor productor de África, con 55 millones de toneladas anuales de capacidad.
Este es un ejemplo del capitalismo de amiguetes del que a veces se le acusa. Además, su nombre apareció en los papeles de Panamá. La base de datos del Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ) lo identifica como accionista de al menos dos sociedades offshore. Dangote rechaza las acusaciones de haber construido su imperio gracias a favores políticos. “Si vas a llamar monopolistas a los primeros que entran en un negocio, nunca crearás una base industrial”, dijo a Bloomberg.
Quizá nada resuma mejor la figura de Dangote que la refinería. Levantada sobre unas 2.500 hectáreas de terreno pantanoso, muchos dudaban de que el proyecto fuera posible. Dangote demostró que sí. Hoy produce unos 700.000 barriles diarios y aspira a alcanzar los 1,4 millones en 2029. Nigeria es el mayor productor de petróleo de África, pero durante décadas importó buena parte de su combustible por falta de capacidad de refino. La planta cubre ya más del 70% del consumo energético del país. Ahora Dangote invita a los nigerianos, con cierto toque populista, a participar en el negocio. Pero solo sacará al mercado alrededor del 3% del capital. Democratiza el acceso, no el control, y traslada parte del riesgo a pequeños inversores con menos margen para asumirlo. Será el magnate del pueblo, o solo un magnate.