Infraestructuras, salud e IA: tres vectores de inversión y futuro
La sanidad y las redes energéticas resisten la debilidad del ciclo y, a la vez, se benefician del auge tecnológico
Hasta ahora, una de las decisiones más trascendentales que tenían que tomar los inversores es la elección entre sectores defensivos o sectores de crecimiento. Una elección que además debe irse adaptando a lo largo del tiempo, en función de los riesgos que el mercado descuenta en cada momento.
Pues bien, en los mercados actuales empieza a surgir una idea muy potente acerca de poder eliminar esa necesidad de elección entre defensa y crecimiento, encontrando sectores capaces de ofrecer resiliencia ante la debilidad del ciclo y, al mismo tiempo, ...
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Hasta ahora, una de las decisiones más trascendentales que tenían que tomar los inversores es la elección entre sectores defensivos o sectores de crecimiento. Una elección que además debe irse adaptando a lo largo del tiempo, en función de los riesgos que el mercado descuenta en cada momento.
Pues bien, en los mercados actuales empieza a surgir una idea muy potente acerca de poder eliminar esa necesidad de elección entre defensa y crecimiento, encontrando sectores capaces de ofrecer resiliencia ante la debilidad del ciclo y, al mismo tiempo, participar del superciclo de inversión que está provocando la inteligencia artificial.
Dos sectores que pueden responder perfectamente a esta idea son el de las infraestructuras y el de la salud. En la Conferencia Global sobre Energía & IA, celebrada en París en diciembre de 2024, con más de 500 asistentes entre personas del gobierno de más de 25 países y consejeros de las principales multinacionales, se extrajo una conclusión demoledora: “no hay IA sin energía”. Y es que el verdadero cuello de botella en la expansión de la IA no es la producción de chips, sino la energía necesaria para soportar el consumo de datos que viene. Un centro de datos de tamaño grande, como por ejemplo el Campus que está desarrollando ACS en Alcalá de Henares, equivale al consumo diario de 100.000 hogares, más o menos el de la ciudad de Toledo. Resulta curioso porque todo esto requiere de un despliegue brutal de infraestructuras. Cuanto más digital es la economía, más dependencia tiene del desarrollo de activos físicos como redes, electrificación, equipamiento eléctrico, construcción, refrigeración, etc.
Lo atractivo de las infraestructuras es que, además, no han perdido sus características como activos con una demanda relativamente estable, contratos de largo plazo referenciados a la inflación en muchos casos y con barreras de entrada con situaciones casi de monopolio en sus nichos de mercado. Y, por si fuera poco, son activos esenciales para el crecimiento económico, muchas veces con servicios básicos insustituibles como luz, agua, movilidad y digitalización, con lo que participan tanto de financiación pública como privada para el desarrollo de sus proyectos.
Desde el punto de vista bursátil, aunque ha sido un sector con un comportamiento positivo en los últimos tres años, su evolución dista mucho de la rentabilidad alcanzada por el mercado, en general, y por el sector utilities, en particular, que es parte del causante del empuje en crecimiento. Es posible que, al tratarse de un sector intensivo en capital y con un elevado grado de apalancamiento en el inicio de los proyectos, la subida de tipos de interés haya jugado en su contra, con lo que se ha quedado con múltiplos atractivos y con un descuento importante frente a los múltiplos que se pagan en los proyectos de infraestructuras del private equity.
En cuanto al sector salud, las tarifas internacionales del gobierno americano, las exigencias de inversión en EE UU a las compañías farmacéuticas -especialmente europeas-, y el recorte en precios de algunos medicamentos y en subsidios a vacunas en EE UU han pesado notablemente en la evolución bursátil del sector en los últimos tres años, que se ha quedado muy atrás y a múltiplos francamente atractivos frente al mercado. Sin embargo, tanto la resiliencia como el crecimiento están presentes también aquí.
Es cierto que se trata de un sector un tanto desilusionante a la hora de invertir en Bolsa. Cada vez que aparece algún fármaco en estudio que no supera alguna de las fases clínicas, suele implicar una reacción negativa -muchas veces considerable- en la acción de la compañía dueña del fármaco potencial, lo que provoca que los inversores pierdan un poco la paciencia. Pero nos encontramos en un momento en el que están saliendo muchas innovaciones médicas importantes y en muchos campos (diabetes, enfermedades autoinmunes, temas respiratorios, etc.) y donde solo expiran en torno al 3-4% de las patentes al año. Ni que decir tiene que la mayor esperanza de vida requiere de un mayor gasto sanitario, que todavía existen muchas enfermedades donde el porcentaje de tratamientos sobre pacientes es muy bajo y que hay muchas zonas del mundo donde la atención sanitaria todavía escasea -por desgracia-. Al final, el sector crece en beneficios entre el 5 y el 10% al año de forma estructural, y al igual que en infraestructuras, también se trata en muchas ocasiones de activos esenciales que se benefician de la necesidad de inversión, tanto pública como privada.
Con respecto a la influencia de la IA en el sector salud, Nvidia y Eli Lilly anunciaron a principios de año una inversión de hasta 874 millones de euros para fabricar un laboratorio que combine el modelo de la IA, tratando bases gigantescas de datos biológicos y experimentación práctica posterior para el desarrollo de moléculas y nuevos fármacos. La reducción en los tiempos en ensayos clínicos, la mejora en diagnósticos y en el conocimiento de los datos de los pacientes en investigación clínica y en imagen, la mayor eficiencia en farmacias y hospitales, en cuanto a aprovisionamientos y pruebas médicas, son ventajas inigualables de la IA que pueden disparar la rentabilidad del sector, a la vez que contribuyen positivamente a la sociedad en su conjunto. Ojalá llegue ese momento en el que podamos decir que la IA nos ha salvado la vida por detectarnos una enfermedad en una fase temprana.