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Qué puede hacer Europa para captar el dinero que se va a EE UU

Las empresas europeas necesitan financiación alternativa a la comercial para crecer, innovar y mejorar la productividad

Las empresas europeas necesitan crecer con euros.Víctor Sainz

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En tiempos de revolución tecnológica las empresas europeas no despegan. Los expertos siguen dándole vueltas sobre cómo cerrar la brecha de productividad e inversión entre la UE y EE UU. No hay una tecla mágica pero está el debate candente.

Qué hay detrás

Hace unas semanas, la red social X —antes llamada Twitter— volvió a acoger un foro de discusión entre economistas como en los viejos tiempos. Y aunque con retraso, este boletín no lo podía dejar de abordar. El nobel de economía francés Philippe Aghion y el español Luis Garicano se enzarzaron con el también nobel de economía estadounidense Paul Krugman en un debate sobre cómo medir la evolución de la productividad y, en cierta manera, la calidad de vida asociada a la actividad económica en Europa frente a Estados Unidos.

El contexto del debate está dos años más atrás en la publicación del llamado “Informe Draghi” en el que el ex presidente del BCE desgrana los problemas de la UE que se centran en su crecimiento y productividad anémicas y la falta de inversión. La hoja de ruta de Draghi se convierte así en los diez mandamientos de los economistas europeos que chocan con un elemento muy básico: no hay una forma consensuada de medir la productividad y sí diversas aproximaciones.

Cuando algo no se puede medir, es difícil de evaluar, y los europeos estaban un poco en un soliloquio cuando llegó Krugman, al que le pirra el estilo de vida europeo, a defender en una de sus newsletters que publica regularmente en Substack que no había que obsesionarse tanto con la productividad y que Europa estaba mejor, o al menos se vivía mejor, que en EE UU.

Para defender su postura, Krugman utiliza el indicador de poder de compra a precios corrientes (PPA) según el cual la situación de Europa frente a EE UU está estable desde los años 2000. El estadounidense dice que el crecimiento económico de su país se basa por completo en la tecnología, pero que la UE también se beneficia de su desarrollo así que la brecha no se ensancha. A cambio, Europa habría empleado esa inversión en tecnología en el Estado del bienestar, lo que es más positivo para el ciudadano.

Garicano y Aghion salieron en tromba a contradecir a Krugman en un debate híbrido, que fue saltando de Substack, a X, pasando por artículos en plataformas de pensamiento” y foros de debate.

Un inciso. Hacía más de una década, desde la escaramuza de Carmen Reinhart y Kenneth Rogoff contra Thomas Herndon que la comunidad económica no asistía a un debate tan intenso e interesante. En 2013, Reinhart y Rogoff hicieron un alegato contra la deuda —en mitad de una crisis de deuda— que tuvo una ola de detractores y también fue saltando de medio en medio. Ese fue posiblemente el primer debate de calado con formato híbrido. Otros para la historia como los de Joan Robinson contra Robert Solow; el de Samuelson contra Milton Friedman o el de John Maynard Keynes contra Friedrich Hayek se habían sostenido básicamente en revistas y periódicos de papel.

Volviendo a la actualidad. Garicano y Aghion, que no hacen más que pinchar a los políticos europeos para que activen medidas a favor de la productividad, dijeron que Krugman estaba equivocado porque no agarraba la métrica adecuada que en su opinión es el indicador de Poder de Compra pero constante, esto es, con una foto fija de los precios en un año base determinado, sin tomar en cuenta la inflación en los sucesivos años. Con esta forma de medir, la brecha entre lo que ha producido Estados Unidos frente a Europa se va agrandando. Con la fórmula de Krugman, que va recalculando cada año con la inflación el coste de la vida, se queda estable.

Para atemperar este debate de un estadounidense defendiendo a Europa y dos europeos a favor de EE UU llegó Oliver Blanchard, un economista francés de formación estadounidense que irrumpió en el debate diciendo: “Tengo que admitir mi absoluta confusión”.

Aquí otro inciso sobre que la economía es considerada una ciencia social, no una ciencia exacta. Está sujeta a mucha observación y a mucha interpretación, y en ocasiones, como esta en la que coexisten varios indicadores, puede dar diferentes resultados según el cristal con el que se mire. Pero no, la economía no son matemáticas así que la ideología o filosofía que hay detrás es clave a la hora de entender las diferentes teorías.

Lo que lleva a un erudito como Blanchard a la confusión es que con su teoría, Krugman defiende que un país puede crecer más despacio que otro sin hacerse más pobre en términos relativos. En este caso lo haría bajo la asunción de que Europa disfruta a partes iguales del desarrollo tecnológico que produce EE UU.

La crítica a la postura de Krugman es que el que produce al final se queda con un mayor margen de ganancia competitiva. La tecnología de EEUU ha ido bajando de precio cada año (lo que hace que Europa salga favorecida en la foto que le hace Krugman) pero a cambio ha ido barriendo a sus competidores, dominando el mercado y creando oligopolios y tecnobros.

Para aliñar el debate se sumó Robert Inklaar, un economista de la Universidad de Groningen al que The Economist cita como un gurú de las estadísticas de poder de compra. Inklaar dice que el consumo no deja lugar a dudas de que hay una brecha. Los estadounidenses tienen capacidad para consumir mucho más que los europeos.

Un experto (muy experto) español que prefiere no ser citado concluye del debate que… no se puede concluir. “Hay menos crecimiento de productividad en Europa que en EEUU, eso es claro. Sobre si a pesar de ello Europa mantiene condiciones de vida similares a las de EEUU la cuestión es menos clara. Las mediciones según qué índices de paridad de poder de compra y definiciones de condiciones de vida que se utilicen dan respuestas distintas”. The Economist, que puede ser un buen árbitro, también se queda en su artículo con la idea de que hay puntos a favor y en contra de ambas teorías. En español tienen este resumen que Rafael Doménech, catedrático de la Universidad de Valencia y responsable de análisis económico de BBVA Research, publicó recientemente en EL MUNDO.

Para solventar el plano teórico, los economistas saltan al plano empírico y cual periodistas proponen salir a pisar calle. Krugman dice que no hay mejor forma de medir las condiciones de vida de los europeos que darse un paseo por las grandes ciudades y ver las aceras limpias, el transporte público funcionando y gente acudiendo a la sanidad pública sin miedo. Garicano le reta con un paseo… en coche, por los barrios o suburbios de ciudades de Estados Unidos donde se vive en casas enormes, con automóviles nuevos aparcados en las puertas y —añado yo— con un iPhone en cada mano.

Se puede concluir que estos economistas son como los adolescentes, que quieren el pelo rizado cuando lo tienen listo y se lo queman con permanentes; o lo quieren liso cuando lo tienen rizado y se lo queman también pero con planchas (esta comparación es un poco ochentera, los métodos modernos ya casi no queman). También que es muy difícil medir algo tan básico como las condiciones de vida, una dificultad de la que ya hemos hablado en boletines anteriores y que por ahora no está resuelta.

Pero de que la posición europea de beneficiarse sin mojarse de la creación tecnológica de su rival le ha hecho estar en una posición de debilidad extrema, no hay duda. Así que se resuelva no el debate de los niveles de vida, la geopolítica obliga a que la UE se ponga las pilas y empiece a producir más y mejor.

Qué va a pasar

Con muchas dudas, pero también la certeza de que hay que mejorar la competitividad y la actividad tecnológica europea, los economistas también siguen discutiendo de las vías más rápidas para hacerlo. Hay consenso en que las empresas innovadoras europeas tienen que captar más financiación para poder escalar y dar el salto dentro del continente, sin cruzar el charco. Pero en cómo captar ese capital, también discrepan los expertos.

Una de las demandas unánimes es avanzar en la Unión del Mercado de Capitales, un clamor entre las capitales europeas que sin embargo no acaba de materializarse.

España, junto con otro grupo de países, ha acordado acelerar las posibles vías para lograr esta Unión que facilitaría mover el dinero a lo largo y ancho del bloque, compitiendo así cara a cara con EE UU. Pero aunque en el papel todos están de acuerdo, en los detalles salen las miserias de la cesión de soberanía, ya que una unión auténtica supondría ceder la supervisión de los bancos, lo que a la hora de la verdad nadie parece estar dispuesto a soltar.

Para sortear el muro del supervisor único, España ha cambiado la semántica e impulsa la “Unión de ahorro”, intentando que el enfoque esté más en cómo liberar el ahorro de los europeos que está embalsado en cuentas a la vista o depósitos, y canalizarlo hacia la inversión productiva en el continente. El objetivo es que los bancos locales ofrezcan productos de inversión paneuropeos que permitan que el dinero viaje tan libre como un estudiante de Erasmus.

En el reciente informe anual del Banco de España, el primero publicado con David López Salido como economista jefe, se ahonda en todo un capítulo sobre cómo mejorar la productividad, haciendo especial hincapié en la necesidad de tener un mejor mercado de crédito que facilite crecer a las empresas españolas. El BdE recuerda que las firmas con mayor potencial exigen grandes inversiones iniciales y financiación temprana. La evidencia dice que los países con sistemas financieros más desarrollados registran mayores tasas de crecimiento a largo plazo. Buena parte de este desarrollo se hace fuera de la banca comercial tradicional, a través del capital riesgo que en la zona del euro supone el 0,2 % del PIB, frente al 0,6 % de Estados Unidos. En España se queda en un 0,15 % del PIB.

Sobre cómo desviar financiación a las actividades con más riesgo, se están poniendo algunas fórmulas imaginativas sobre la mesa. Los expertos en innovación sugieren levantar los límites al riesgo de inversión de los fondos de pensiones europeos. Los fondos de Estados Unidos invierten alrededor de un 10% de sus carteras en activos de riesgo, mientras que los europeos sólo tienen alrededor de un 0,1% para cumplir las exigencias de prudencia que les dicta la regulación europea.

En esta nota del Banco Central Europeo (BCE) sobre cómo profundizar (hacer más grandes) los mercados de capitales europeos, se aboga por una reforma en la regulación de los fondos de pensiones para asemejarlos a los estadounidenses, y liberar así un buen flujo de inversión hacia empresas innovadoras europeas. En contraposición, es habitual la advertencia del BCE y otros supervisores de que los fondos de pensiones son los que más riesgos están acumulando en el mercado. El presidente del Consejo de la Productividad de España, Juan Francisco Jimeno disiente de la opción de flexibilizar los criterios de inversión de los fondos de pensiones. “El riesgo en la innovación es elevado y no deben soportarlo los futuros pensionistas. Lo que necesitamos es más y mejor capital riesgo” dice, recordando que no es suficiente con conseguir una unión de capitales sin nuevos instrumentos de capital riesgo en los mercados europeos.

Aún más heterodoxa es la reciente propuesta del histórico think tank alemán Kiel Institute para desviar dinero de Estados Unidos a la UE. Los autores piden aplicar un criterio “prudencial” a las inversiones en bonos estadounidenses, que en la actualidad tienen la calificación de “riesgo cero” gracias a una exención que les otorga la propia regulación comunitaria. El informe recuerda que con este alto grado de inversión, los europeos han acumulado casi diez billones de activos, 1,5 veces más que la cantidad de bonos europeos en manos de estadounidenses.

Sin embargo, las recientes revisiones de las casas de crédito sobre la deuda de EE UU y el elevado nivel de apalancamiento de EEUU no son compatibles con esta calificación de riesgo cero. Eliminar este privilegio supondría que los inversores institucionales —como los fondos de pensiones que no pueden invertir en activos de riesgo— retirarían alrededor de 200.000 millones de dólares de los bonos del Tesoro estadounidense en una década. Como derivada, aumentaría la rentabilidad del bono americano que tendría que pagar entre 33.000 y 42.000 millones de dólares más al año en servicio de la deuda.

Pero el cambio reasignaría capital hacia bonos soberanos y bancarios europeos, mejorando las estructuras de financiación de los bancos de Europa y reduciendo su dependencia de la financiación en dólares, dice el informe. La propuesta suena a shock bursátil pero el autor asegura que el contagio en los mercados es manejable ya que la mayoría de estas operaciones están aseguradas. Lo cierto es que es una buena reflexión para cuando se dice que la UE no puede hacer nada coercitivo a EE UU.

El dato: -2 ppt

La casa de análisis Oxford Economics ha calculado que la ola de calor de cuatro días rebajará en dos puntos porcentuales la productividad en Europa continental y 1,5 ppt en Reino Unido. Y añade: “Las jornadas laborales perdidas contribuyen a los riesgos a largo plazo al provocar un aumento indirecto de los precios de los alimentos, generar tensiones en la cadena de suministro y transformar el mercado laboral con condiciones de trabajo cada vez más difíciles en los sectores más vulnerables, lo que influye en la migración económica y en el atractivo de los puestos de trabajo”.

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