Sánchez se queda sin narrativa; ni gobierna ni frena a Vox
El presidente carece de apoyos para afrontar los problemas graves (vivienda) y la extrema derecha es el gran beneficiario de la inacción
Gobernar un país significa dirigir con autoridad su funcionamiento, tomando decisiones que resuelven los problemas de la colectividad, mediante el establecimiento de normas para que se cumplan. Por tanto, cuando ejerces el poder pero no puedes sacar adelante las medidas que estimas necesarias para mejorar la vida de la ciudadanía, porque no cuentas con los votos para sacar adelante las medidas legislativas que las sustenten, te conviertes en un mero administrador de finca. Ocupas el gobierno sin ejercer una influencia transformadora, que eso es la política.
Esto es lo que está sucediend...
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Gobernar un país significa dirigir con autoridad su funcionamiento, tomando decisiones que resuelven los problemas de la colectividad, mediante el establecimiento de normas para que se cumplan. Por tanto, cuando ejerces el poder pero no puedes sacar adelante las medidas que estimas necesarias para mejorar la vida de la ciudadanía, porque no cuentas con los votos para sacar adelante las medidas legislativas que las sustenten, te conviertes en un mero administrador de finca. Ocupas el gobierno sin ejercer una influencia transformadora, que eso es la política.
Esto es lo que está sucediendo en España. Cada semana, el Gobierno propone normas, las vende como la solución a problemas reales, de mayor o menor urgencia y complejidad, pero quedan en nada. En la última semana ha sido la reforma de la financiación autonómica (rechazada hasta por las comunidades gobernadas por el PSOE) o la desgravación del alquiler para aquellos propietarios que no suban la renta a los inquilinos. Anuncios que ocupan el debate público y conducen a la melancolía, puesto que el Ejecutivo no cuenta con mayoría en el Legislativo para que sean medidas efectivas.
Esta política de fuegos de artificio es rutina desde que el pasado 6 de noviembre Junts anunciara que bloquearía 24 iniciativas legislativas del Gobierno y que no le apoyaría el resto de la legislatura. Además, la deserción entre los partidos que apoyaron la investidura va en aumento, atrayendo a en ocasiones a Podemos, Compromís, BNG o la Chunta Aragonesista. Es más, últimamente, hasta Sumar, su socio de Gobierno, forma parte del coro crítico.
El gran beneficiario de este tipo de situaciones son las fuerzas extremistas. En los últimos meses, todas las encuestas coinciden en señalar a Vox como el gran receptor del desencanto ciudadano con la política. La encuesta de 40dB de esta semana apuntaba un crecimiento de 5,5 puntos en la intención de voto a la fuerza liderada por Santiago Abascal desde las pasadas elecciones, hasta alcanzar al 17,9% de los votantes. Mientras, el PSOE baja 4,6 puntos, hasta el 27,1%, y el PP pierde un 1,6%, para quedarse en el 31,5%. Es más, los datos de esta encuesta apuntan a que la fuerza de ultraderecha ya pesca en el caladero del PSOE: un 4,8% de los que votaron las listas de Pedro Sánchez dice que ahora votaría a Vox.
Este panorama cuestiona definitivamente la narrativa construida por el propio presidente del Gobierno, empeñado en agotar la legislatura, pese a que el bloque de oposición es ahora mayoritario, aprovechando que la oposición es incapaz de aglutinar una moción de censura ganadora. Los argumentos de Pedro Sánchez son básicamente dos: que puede/quiere seguir gobernando con minoría en el Congreso y que su Gobierno es el dique de contención de la ultraderecha. La realidad de los datos refuta cada día con más contundencia esas aseveraciones.
Es evidente que la agenda legislativa del Ejecutivo ha quedado rota por falta de apoyo parlamentario. Gobernar sin Presupuestos, ni grandes leyes, solo a base de normas que no requieran la votación parlamentaria, significa que no va a poder entrar a resolver ningún problema de raíz, que se instala en una gestión por parches y regates cortos. Es una estrategia de mera ocupación de espacio que no sorprende que sea considerada un abuso, un fraude de ley, incluso dentro del propio partido. Lo que es seguro es que esta manera de hacer política es el gran motor del desplazamiento de voto.
La demoscopia deja bien claro que el principal beneficiario de la actual situación es la extrema derecha y es fácil prever que esto va a seguir siendo así. Para colmo, la gran baza política que esgrime este Gobierno, “la pacificación de Cataluña”, va camino de ser una ensoñación. El último barómetro del Centro de Estudios de Opinión (CEO) de la Generalitat (el CIS catalán), de noviembre pasado, colocaba a las fuerzas de extrema derecha Aliança Catalana y Vox como los grandes beneficiarios del desplome de Junts, derrumbe que explica el cambio de estrategia de esta formación con Sánchez. Según esta encuesta, Junts y Aliança están en empate técnico, como tercera fuerza política, por detrás de PSC-PSOE y ERC, de manera que se están disputando la hegemonía de la derecha, y la siguiente formación es Vox. Los dos partidos de extrema derecha sumarían 32-34 diputados, la cuarta parte del parlamento catalán, y provocarían un cambio en el debate público.
Hasta ahora, lo primero que se analizaba la noche electoral era si las fuerzas independentistas (Junts-ERC-CUP) sumaban mayoría y qué camino tomarían los republicanos de Junqueras, el de las políticas identitarias (asociarse con Junts) o la agenda progresista (apoyar al PSC-PSOE). Ahora, tal como evoluciona la intención de voto, este debate salta por los aires y la clave es si Aliança Catalana se convierte en la facción líder de una eventual coalición ultraconservadora, junto con Junts, Vox y PP, que es la cuarta fuerza de derechas. El barómetro de CEO da a estos cuatro partidos 63-67 escaños, casi mayoría absoluta (68), y ejecutarían un programa en el que el mayor aglutinante es la xenofobia.
Estos datos son demoscópicos son muy consistentes con lo que ha sucedido en Extremadura. En 2023, el PSOE y el PP obtuvieron los mismos diputados, 28 cada uno; mientras que Vox y Podemos obtuvieron 5 y 4, respectivamente. Las elecciones de diciembre pasado supusieron un durísimo golpe al PSOE, que perdió diez diputados, de los que seis han ido a Vox; tres a Podemos y uno al PP. Por tanto, el PSOE no sólo no detiene a Vox, sino que al reforzarlo, debilita la opción conservadora tradicional que representa María Guardiola (PP), que va a ser más dependiente de la extrema derecha.
Si Pedro Sánchez se tomara en serio sus propias argumentaciones estaría pensando ya en convocar elecciones, como hizo en 2023 tras el desastre de autonómicas y municipales. La política adquiere su verdadero significado cuando resuelve problemas comunes, integra a las minorías y garantiza derechos. Es la gestión del poder por influencia, que nada tiene que ver con la gestión por ocupación (Pedro Sánchez) o por coacción (Donald Trump), que pueden ser consideradas formas de abuso de poder. Como concluye el manifiesto Socialdemocracia 21 de Jordi Sevilla, hay que “recuperar la política útil”.