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El verdadero cuello de botella energético: la gasolina y el diésel no dan tregua aunque caiga el petróleo

El margen de refino se dispara por encima de los máximos de 2022 y refleja las crecientes limitaciones para transformar el crudo en productos derivados

Fotografía del 30 de abril de 2026 que muestra una refinería de petróleo en Houston (EE.UU). CARLOS RAMIREZ (EFE)

El precio del petróleo se ha encarecido más del 40% este año pero el de la gasolina se ha disparado aún más, por encima del 90%. Y en los días de fuertes descensos del crudo, como ha sucedido en las últimas jornadas, el precio de los productos derivados retrocede con mucha menor intensidad. La guerra en Oriente Próximo ha causado un drástico recorte en el suministro de petróleo en todo el mundo pero su impacto es aún mayor en la oferta de los productos derivados de esta materia prima, que son los que al fin y al cabo consume el ciudadano de a pie. De ahí que el precio de los derivados del petróleo suponga una medida adecuada para conocer el alcance del shock energético.

Gasolina, diésel o petróleo para calefacción están por las nubes sin que apenas les llegue la tregua de la que a veces disfruta el precio del crudo. Y mientras el suministro de oro negro sigue muy limitado por el cierre del estrecho de Ormuz y las nuevas tensiones en el mar Rojo, los obstáculos son aún mayores en los productos derivados: las refinerías estadounidenses ya están al límite, sin capacidad de producir aún más y con riesgo creciente de averías, y los ataques ucranios a las refinerías rusas han inutilizado más de un tercio de la capacidad de refino del país. El mundo ha logrado sortear a duras penas el menor suministro de petróleo sin que su precio haya vuelto a desbocarse sobre los 100 dólares, pero la gasolina va a tener aún más dificultades para abaratarse, motivo sin duda de disgusto para los consumidores y espoleta para las presiones inflacionistas.

El gran exponente de la intensidad con que se han disparado los productos derivados del petróleo es el margen de refino, que ha trepado hasta superar los niveles que alcanzó en 2022, con el estallido de la guerra en Ucrania. Es la ganancia que obtiene una refinería al transformar un barril de crudo en productos refinados, la diferencia entre lo que le cuesta comprarlo y lo que obtiene al vender gasolina, diésel, queroseno o fuel. Ese margen de refino marcó la semana pasada máximo histórico cerca de los 70 dólares, superando el pico de la crisis energética de 2022, según muestra el indicador más seguido para calcular el margen teórico de refino, el denominado 3-2-1 crack spread, que a partir de un barril de crudo asume un rendimiento de dos barriles de gasolina y uno de diésel en una refinería estadounidense.

“El verdadero cuello de botella en el sistema petrolero en este momento es el refinado, más que el crudo. El epicentro de todo esto es el mercado del gasóleo, Europa en particular”, sostienen los expertos de Morgan Stanley en un reciente informe, en el que calculan además que las existencias de gasóleo en Europa caerán a mínimos de varios años a finales de 2026. La propia Agencia Internacional de la Energía ha advertido recientemente que la actividad de las refinerías y el suministro de productos derivados no han aumentado tanto como las entregas de crudo, lo que significa que los precios en el mercado de derivados del petróleo están considerablemente más tensionados que los de la materia prima de origen.

En Estados Unidos la gasolina ha vuelto a superar los 4 dólares por galón (medida equivalente a 3,8 litros), el nivel más alto desde el verano de 2022. Todo un revés para Donald Trump de cara a las elecciones legislativas de noviembre y sin que se vislumbre una solución a la guerra con Irán, mientras que en Europa el margen de refino está en máximos históricos. En España, el precio medio de la gasolina está en los 1,658 euros por litro, frente a los 1,475 de antes del conflicto, y el diésel se paga a 1,747 euros. “La clave de todo es que el problema más agudo ya no está en el crudo sino en el refino: la guerra ha dejado fuera de servicio una parte enorme de la capacidad mundial, mientras que el resto de refinerías del mundo ya funcionan al máximo y no pueden compensar esa pérdida. Con menos refinerías operativas para atender la misma demanda, el diésel y la gasolina se encarecen más deprisa que el propio crudo, y esa diferencia es exactamente el margen de refino que se está disparando”, explica Jorge Molinero, analista de la plataforma de intermediación de materias primas Sparta.

Así, al recorte en el suministro de derivados que implica el bloqueo del estrecho de Ormuz, estimado en más de 2,5 millones de barriles al día, se han sumado más recientemente los ataques de Ucrania sobre las refinerías rusas, que han inutilizado más de un tercio de la capacidad de refino del país y dejado el procesamiento de crudo en mínimos de más de dos décadas. De hecho, Moscú ha decidido prohibir hasta final de año la exportación de gasolina, y la actual limitación de vender al exterior diésel solo se levantará en función de cómo evolucione el mercado.

ING advierte de que “no hay una solución rápida para la escasez de productos refinados”. Las refinerías estadounidenses, que han suplido en buena parte el impacto del recorte del suministro desde el golfo Pérsico, están ya a plena capacidad, de modo que para que fuera posible una rebaja de la gasolina o el diésel “es necesario que se normalicen los flujos de petróleo procedentes de Oriente Próximo, lo que permitiría a las refinerías de esa región y de Asia aumentar sus tasas de producción”, añade ING. Las refinerías estadounidenses están operando al 96,1% de su capacidad, según los últimos datos oficiales del Gobierno estadounidense, y ese elevado ritmo de producción, considerado como plena capacidad, las hace más vulnerables a las averías, más aún cuando están aplazando las labores de mantenimiento que requiere su actividad ante el pico de demanda. Una probable parada en septiembre, después de meses funcionando casi a pleno rendimiento, podría sin duda empeorar la situación, con menos oferta de derivados y precios más altos.

En cuanto a las refinerías europeas, el estallido de la guerra en Irán sorprendió al sector en un momento de debilidad. “Hay un problema estructural, la capacidad de refino ha caído en Europa en los últimos 20 años, se han cerrado refinerías”, explica Jorge León, analista de Rystad Energy, quien recuerda además que el stock comercial de derivados suele ser bajo en el mes de febrero, cuando se inició el conflicto, después del pico de demanda de la Navidad.

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