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Los supervisores financieros alertan de que la IA podría tomar acciones por su cuenta y cometer ilegalidades

El FSB lanza una batería de doce pautas para que bancos, asegurados y gestoras hagan un uso responsable de la inteligencia artificial

Andrew Bailey, presidente del Consejo de Estabilidad Financiera (FSB, por sus siglas en inglés) en una imagen de archivo.Kirsty Wigglesworth (via REUTERS)

La inteligencia artificial (IA) se ha convertido en una de las principales fuentes de transformación de la economía, pero también en un riesgo, y los supervisores financieros buscan cómo las entidades pueden incorporar la tecnología sin que comprometa su seguridad ni la de los clientes. El Consejo de Estabilidad Financiera (FSB, por sus siglas en inglés), el organismo internacional encargado de vigilar la estabilidad del sistema financiero, ha publicado un informe en el que ha propuesto un conjunto de doce pautas para que los bancos, aseguradoras y gestoras de activos adopten la inteligencia artificial en su operativa de forma responsable.

El FSB constata que la IA ya no es una tecnología experimental en el sector financiero, sino una herramienta ampliamente utilizada en muchas de las áreas de negocio, desde la detección del fraude hasta la evaluación de riesgos del crédito, gestión de carteras, atención al cliente o el cumplimiento normativo. El informe recoge numerosos casos de usos donde la IA ayuda a mejorar la operativa.

Por ejemplo, destaca algunos modelos para detectar señales tempranas de deterioro en el flujo de caja de pequeñas y medianas empresas, que son capaces de identificar el 95% de los créditos impagados tres meses antes de que se produzca el impago real, permitiendo ofrecer soluciones preventivas a los clientes. También menciona otros casos, en el ámbito de la prevención del fraude, donde la IA es capaz de procesar 80 millones de señales diarias de forma continua para crear reglas automáticas que frenen estafas con tarjetas de crédito.

Pero más allá de la eficiencia en el día a día, los supervisores también han detectado nuevos riesgos. El principal foco de preocupación está en la autonomía de los agentes de IA. Las autoridades temen que la inteligencia artificial cometa ilegalidades o tome decisiones no autorizadas para lograr el objetivo que se le ha encargado, sin que la entidad tenga conocimiento de ello. El organismo advierte de que en este tipo de escenarios, revertir esas decisiones de forma manual resultaría muy difícil.

Para evitar estos problemas, el FSB ha elaborado una batería de doce buenas prácticas. Las recomendaciones comienzan por la gobernanza. El organismo insiste en que la responsabilidad última no puede recaer en los desarrolladores ni en los proveedores tecnológicos, sino en los órganos de dirección de los bancos, aseguradoras y gestoras. El supervisor pide que las entidades definan con claridad quién toma las decisiones sobre el uso de la IA, qué departamentos son responsables de supervisar los modelos y cómo se informa a la alta dirección y al consejo de administración.

Otro bloque de pautas se centra en la calidad de los datos y en la validación de los modelos. El FSB considera imprescindible que las entidades conozcan el origen de la información que usan para entrenar los sistemas, que evalúen posibles sesgos y sometan los algoritmos a pruebas periódicas antes y después de su uso. El objetivo es evitar errores masivos en decisiones sensibles como la concesión de crédito, la detección de fraude o la gestión de las inversiones.

El informe también se centra en la supervisión humana. Aunque la IA pueda automatizar procesos complejos, el organismo recomienda que existan mecanismos para revisar, cuestionar y, en caso necesario, corregir las decisiones adoptadas por los sistemas. Asimismo, el FSB advierte del riesgo de dependencia de un número reducido de proveedores tecnológicos. Muchas aplicaciones de inteligencia artificial dependen de infraestructuras en la nube, chips especializados o modelos desarrollados por unas pocas compañías. Esta concentración podría convertirse en un riesgo si se produjera una interrupción operativa, un ciberataque o problemas de acceso a esos servicios. Por ello, pide contar con planes de contingencia.

El FSB completa sus guías de buenas prácticas con recomendaciones de vigilancia continua, auditorías internas, controles de ciberseguridad, mecanismos de documentación y trazabilidad y programas de formación para empleados y directivos.

El texto del organismo estará abierto a consulta pública hasta el próximo mes de julio de 2026. El mensaje del supervisor es que las ventajas de la IA en cuanto a la eficiencia son inmensas, pero si los riesgos no se gestionan directamente desde los consejos de administración, la estabilidad financiera global y los derechos de los consumidores correrán un peligro real.

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