Los supervisores internacionales advierten de la exposición de la banca al crédito privado, que cifra en 220.000 millones
El Consejo de Estabilidad Financiera avisa sobre los riesgos que implican los préstamos de las entidades tradicionales a estos prestamistas alternativos, que pueden ascender al medio billón
El Consejo de Estabilidad Financiera (FSB, por sus siglas en inglés) ha publicado hoy un informe en el que advierte de los riesgos del crédito privado, que se encuentra en el epicentro de las preocupaciones del mercado desde hace meses. El ecosistema de este tipo de prestamistas al margen del circuito bancario clásico es el centro de gravedad de varias vulnerabilidades, que el FSB identifica. Y la visión no es exclusiva de este organismo, sino que la comparten otros supervisores que han participado en el análisis, como el Comité de Supervisión Bancaria de Basilea (BCBS), el Banco de Pagos Internacionales (BIS), el Fondo Monetario Internacional (FMI) o la Organización Internacional de Comisiones de Valores (IOSCO).
El tamaño del crédito privado se sitúa entre los 1,5 y los 2 billones de dólares, con un fuerte crecimiento desde el estallido de la Gran Crisis Financiera de 2008, que provocó una rápida reducción de los balances de los bancos. Estos fueron sustituidos por otros prestamistas, como los fondos especializados en conceder créditos al margen de las entidades financieras tradicionales y sin las restricciones regulatorias de estas últimas. Además, están pasando de financiar solo empresas medianas a compañías de mayor tamaño que antes se situaban bajo la tutela de los bancos o del mercado de bonos.
Uno de los principales peligros está en que, pese a que no están bajo los mismos criterios supervisores, los bancos y los fondos de crédito privado no son compartimentos estancos. Existen crecientes vínculos entre gestoras, bancos, aseguradoras y firmas de private equity. “Los bancos y los fondos de crédito privado están conectados a través de acuerdos de financiación y alianzas estratégicas”, advierte el FSB.
La opacidad es de tal magnitud que las cifras de la conexión de los dos mundos oscilan entre los 220.000 millones de dólares reportados por los miembros del FSB, formado por bancos centrales, ministerios de finanzas y autoridades supervisoras, y los entre 270.000 y 500.000 millones de dólares de otras estimaciones. La vinculación puede ser incluso mayor debido a otras interconexiones, como líneas de crédito revolving, otras formas de financiación y alianzas estratégicas.
Además de la exposición directa, el FSB identifica otras vulnerabilidades potenciales derivadas de exposiciones indirectas, como las líneas de crédito a empresas que al mismo tiempo obtienen préstamos de fondos de crédito privado, así como el uso creciente de transferencias sintéticas de riesgo. De hecho, el FSB subraya que los bancos no solo venden riesgo a través de esta fórmula, sino que lo hacen precisamente a fondos de crédito privado, que se han convertido en los principales compradores de titulizaciones sintéticas en Europa. Estas operaciones añaden otra capa de interconexión. En teoría, el banco transfiere riesgo, pero el fondo que lo compra está financiado por bancos, de manera que ese pelirgo, sobre el papel ya conjurado, puede volver de forma indirecta al sistema bancario.
La falta de transparencia es otro problema. El informe advierte de que la opacidad en las valoraciones y la dependencia de calificaciones crediticias privadas pueden amplificar las tensiones en momentos de crisis. Las empresas a las que prestan los fondos de crédito privado suelen carecer de calificaciones públicas, y si las tienen, son inferiores al grado de inversión: en su mayoría de B o B-. El FSB añade además que presentan, por lo general, “una menor calidad crediticia y un mayor apalancamiento que los observados en mercados públicos comparables”.
El creciente uso de calificaciones privadas, en ocasiones de agencias poco conocidas, para facilitar la inversión de actores que dependen de estas notas, como las aseguradoras, también requiere vigilancia. Los préstamos se concentran en sectores como tecnología, salud y servicios, lo que complica la supervisión y aumenta el riesgo de que un problema específico en una empresa o sector se convierta en una tensión de mercado más amplia.
La concentración surge de la exposición significativa a los sectores mencionados. El apalancamiento se refleja en la presencia de estructuras opacas de múltiples niveles. Los problemas de liquidez derivan de la creciente popularidad de fondos que ofrecen opciones de reembolso a los inversores, lo que podría acentuar el carácter procíclico del crédito privado.
Y no solo eso. Las señales que anticipan tensión en las empresas más dependientes del crédito privado son crecientes. Así lo revelan los acuerdos para el pago en especie (PIK o payment in kind) a base de más deuda y los incrementos en las tasas de incumplimiento.
Los problemas han crecido con la aparición de un nuevo tipo de inversor en este universo. Los particulares han llegado en los últimos tiempos a estos vehículos y estos han sufrido una metamorfosis para adaptarse a ese público que no siempre ha entendido sus características y tiempos. En España, los problemas con los fondos inmobiliarios surgieron justo después del estallido de la Gran Crisis Financiera en 2008. No podían obtener liquidez de sus inversiones al ritmo que los partícipes solicitaban el dinero y, como respuesta, las gestoras bloquearon los vehículos en una suerte de corralito que atrapó a más de 50.000 partícipes. Ahora, la situación es similar, pero de momento las perturbaciones solo se están produciendo en Estados Unidos.
El seísmo comenzó con la firma Blue Owl. Tras una avalancha de solicitudes de reembolso a finales de febrero en uno de sus fondos abiertos a minoristas, cerró el vehículo con 1.400 millones de dólares en créditos y comenzó su liquidación ordenada. Esto provocó un efecto dominó. Lo siguió BlackRock, con un producto con 26.000 millones de dólares en el que se solicitaron reembolsos por casi el 10% —y limitó la distribución al 5%—, y más tarde, Morgan Stanley y la gestora Cliffwater en respectivos fondos.
El informe advierte que las carencias de información obstaculizan la supervisión efectiva. Las diferencias en las definiciones entre jurisdicciones y la limitada información a nivel de fondos y préstamos dificultan la evaluación de las exposiciones y los posibles canales de transmisión. Así el informe propone un conjunto de métricas básicas comparables para que las autoridades rastreen el tamaño y crecimiento del mercado, los vínculos con los bancos y las aseguradoras, el apalancamiento, las características de liquidez, la concentración, la actividad transfronteriza y la calidad crediticia de los que reciben los préstamos.