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En colaboración conLa Ley

Secretos para darle un cuerpo a la IA

Los secretos empresariales siempre han existido, pero desde hace unos diez años las empresas recurren cada vez más a esta figura para proteger sus activos intangibles

DNY59 (Getty Images)

Hace un par de semanas saltó la noticia de la demanda de Apple contra OpenAI por robo de secretos empresariales. Apple alega que ha captado selectivamente a exempleados suyos induciéndolos a exponer información propietaria, y que alguno incluso se habría descargado y llevado consigo información secreta.

Esto no resulta extraño: los secretos empresariales siempre han existido, pero desde hace unos diez años las empresas recurren cada vez más a esta figura para proteger sus activos intangibles.

Hay muchas razones para ello: su flexibilidad, la variedad de activos que puede proteger, su peso en sectores con ciclos de innovación y obsolescencia cortos, o la irrupción de la IA generativa como herramienta de investigación, que hace que en muchos casos los resultados no sean protegibles por otra categoría de propiedad intelectual o industrial.

El sector de la IA es un campo especialmente propicio para el uso del secreto empresarial como mecanismo de control de los avances: los datasets para entrenar y testar los sistemas, los casos de uso y reglas de negocio, las metodologías de entrenamiento, los algoritmos, los modelos, los parámetros y los hiperparámetros (tan importantes para afinar precisión y eficiencia), las reglas de comportamiento o las medidas de seguridad.

Como en todo sector muy competitivo y con varios grandes actores, es natural que surjan pleitos en materia de propiedad intelectual e industrial y que, dada la prevalencia de los secretos empresariales, las armas elegidas sean precisamente esos secretos.

La demanda de Apple se centra básicamente en dos tipos de ilícitos: captación selectiva de empleados y robo de información por parte de estos.

En California no son válidas las cláusulas de no competencia post-contractual; de ahí una parte del problema. En España y en muchas otras jurisdicciones, sí lo son. Estas cláusulas no previenen el robo de secretos: buscan impedir que los empleados pongan su experiencia profesional al servicio de competidores, algo del todo lícito de no mediar una cláusula así. Si un empleado sustrae información de su anterior empleador y la usa en beneficio propio o de terceros, eso siempre será ilícito.

Pero la demanda de Apple se sale del guion esperado en este sector, porque no tiene que ver con la IA propiamente dicha. El robo que se alega versa sobre todo lo necesario para darle un cuerpo a la IA: hacerla tangible para llevarla en el bolsillo.

OpenAI no quiere estar mediatizada por plataformas de terceros —como el iPhone, uno de los dispositivos de mayor éxito de todos los tiempos— y por eso su apuesta estratégica es crear su propia línea de dispositivos. Será una forma de obtener retornos económicos, pero, sobre todo, responde a una apuesta sobre el cambio de paradigma en la interacción entre usuario e IA. OpenAI aspira a hacer algo similar a lo que hizo Apple con el iPhone y a definir ese nuevo paradigma que, en un contexto donde las capacidades de los grandes modelos tienden a converger, puede ser decisivo para atraer una base amplia de clientes.

Pero pasar de desarrollar software a fabricar dispositivos de gran consumo no se enseña en ninguna parte: exige mucho tiempo e inversión para generar el conocimiento necesario, y personal especializado muy escaso.

Ante esta situación, OpenAI tenía dos opciones si quería cumplir su objetivo de final de año: obtener licencias sobre esos secretos o llegar a otro tipo de acuerdo con fabricantes, o bien acceder a ese conocimiento por otros medios. Puede ser que haya optado por esta última.

Por eso la demanda de Apple versa sobre la sustracción de activos como aleaciones de metales, técnicas de acabado, diseños de productos físicos, metodologías de fabricación, organización empresarial, proveedores clave, gestión de la cadena de suministro, diseño de sistemas miniaturizados, gestión del consumo de energía, escalado de los diseños a producción masiva, maquinaria y técnicas de fabricación o la reducción de interferencias en las comunicaciones, entre un largo etcétera —aquí se ve la versatilidad de la figura— que puede consultarse en el escrito de demanda.

Con esa demanda de por medio, es poco probable que OpenAI logre poner su dispositivo en el mercado a finales de año. Si finalmente se estimara, la condena podría ser muy cuantiosa y dificultaría enormemente que desarrolle una división de diseño y manufactura de hardware en el corto y medio plazos.

En cualquier caso, esta demanda deja muy patente la centralidad de los secretos empresariales en la industria actual, como elemento que permite controlar activos esenciales para mantener las ventajas competitivas y que puede utilizarse para excluir del juego a competidores que no respeten la legalidad.

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