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En colaboración conLa Ley

La IA se sienta en el consejo: del experimento al gobierno corporativo

El ICAM reúne a juristas, empresas y tecnólogos para aterrizar el AI Act y la ISO/IEC 42001 en controles internos, supervisión y responsabilidad empresarial

Foto de la mesa “Hacia una IA responsable: gobernanza, confianza y gestión responsable bajo la ISO/IEC 42001", organizada por el Colegio de la Abogacía de Madrid.Foto cedida.

La inteligencia artificial ha dejado de ser un asunto reservado a los laboratorios de innovación o a los equipos técnicos para instalarse en el centro de la conversación empresarial. El Ilustre Colegio de la Abogacía de Madrid (ICAM) ha celebrado hoy la jornada “Hacia una IA responsable: gobernanza, confianza y gestión responsable bajo la ISO/IEC 42001”, una cita que reúne a juristas, empresas y especialistas tecnológicos para abordar un reto que ya no es solo tecnológico, sino de cumplimiento, supervisión y control corporativo.

En la jornada participaron Alejandro Touriño, presidente de la Sección TIC del ICAM; Jesús Heredero; Irene Agúndez, de Iberdrola; Miriam Oñoro, de Banco Santander; representantes de Amadeus; y especialistas de Numintec, SesameHR e Instituto de Ingeniería del Conocimiento, en un encuentro que confirmó que la gobernanza de la IA ya forma parte central de la agenda corporativa.

La cita parte de una convicción cada vez más extendida en el ámbito jurídico y empresarial: la inteligencia artificial ha entrado en la fase de madurez organizativa. Como resume Alejandro Touriño, presidente de la Sección TIC del ICAM, “la inteligencia artificial ya no es el futuro. Es el presente”. Y ese presente, advierte, exige pasar del entusiasmo a la responsabilidad, de los pilotos aislados a la integración real en la estructura de gobierno de las compañías

Touriño situó el cambio de escenario con nitidez: hace apenas dos años, el debate giraba en torno a si las empresas debían o no usar IA; después, la conversación se centró en sus implicaciones éticas; ahora, la pregunta decisiva es otra. “Hemos pasado de la experimentación al gobierno corporativo, de los pilotos a la implantación y del entusiasmo a la responsabilidad”, sostiene. Esa evolución obliga a que la conversación deje de ser tecnológica para convertirse en una cuestión de gobernanza, con impacto directo en los órganos de dirección y en las asesorías jurídicas

El núcleo del problema ya no es solo desplegar herramientas, sino saber quién responde cuando un sistema se equivoca, cómo se controlan los asistentes que ya usan los empleados, cómo se documentan las decisiones y cómo se demuestra el cumplimiento. Para Touriño, “la conversación ya no es tecnológica, sino de gobernanza”. Y ese giro abre un espacio especialmente relevante para la abogacía, llamada a trasladar a la inteligencia artificial la experiencia acumulada en gobierno societario, protección de datos, ciberseguridad y cumplimiento regulatorio

En esa misma línea, el planteamiento que recorrió la jornada del ICAM es que la organización no puede descargar en el algoritmo una responsabilidad que le corresponde a ella. La regulación europea y los estándares de gestión empujan precisamente en esa dirección: identificar sistemas, clasificar riesgos, asignar responsables, revisar decisiones y dejar evidencia verificable del cumplimiento

La primera mesa, dedicada al tránsito “del AI Act a la gobernanza corporativa”, puso el foco en la traducción del Reglamento europeo de Inteligencia Artificial a la práctica interna de las empresas. En sectores muy regulados, el desafío no pasa necesariamente por crear una arquitectura paralela, sino por integrar la IA en mecanismos ya existentes de inventario, supervisión, riesgos y control interno. Se trata, en otras palabras, de evitar que la inteligencia artificial se gestione como un compartimento estanco dentro de la organización

La segunda mesa, centrada en “la implementación” y en la arquitectura de controles, subrayó el papel de la ISO/IEC 42001, descrita como la primera norma internacional de referencia para los sistemas de gestión de inteligencia artificial

La utilidad de ese estándar reside en que permite establecer, implementar, mantener y mejorar de forma continua un sistema de gestión de IA, algo decisivo para transformar principios genéricos en procesos internos verificables

En ese contexto, la idea de “IA responsable” deja de ser una fórmula retórica y empieza a medirse en procedimientos concretos. Inventarios de sistemas, evaluaciones de riesgo, trazabilidad, supervisión humana, controles sobre proveedores y revisión periódica de decisiones pasan a formar parte de una misma infraestructura de confianza No es casual que la jornada insista en conectar la gobernanza de la IA con otras disciplinas ya consolidadas, como la protección de datos, la seguridad de la información o el cumplimiento normativo

Touriño resumió ese cambio con una frase que funciona también como advertencia estratégica. “No ganarán las compañías que utilicen más IA. Ganarán aquellas capaces de demostrar que la utilizan mejor: de forma responsable, explicable, auditable y segura”. La afirmación desplaza el eje de la competencia: la ventaja ya no estará solo en adoptar tecnología, sino en gobernarla con criterio y con pruebas

Ese es, en el fondo, el mensaje que sobrevuela la jornada del ICAM. La inteligencia artificial ha dejado de ser una promesa abstracta para convertirse en una realidad que exige reglas, estructuras y responsabilidad. Y en esa nueva etapa, la confianza ya no se presume: se acredita

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