El BCE alerta del riesgo de sustitución de los depósitos bancarios ante el auge de las ‘stablecoins’
La salida de los ahorros de los consumidores y la mayor concentración de depósitos mayoristas de los emisores plantean riesgos de liquidez y estabilidad para las entidades financieras
El mercado de las stablecoins se mueve rápido y pretende remodelar el sistema financiero tradicional. Su creciente interconexión con el sector bancario y su uso cada vez más amplio tienen implicaciones en la política monetaria y, por ello, los supervisores las siguen de cerca. El Banco Central Europeo (BCE) ha publicado un paper en el que destaca que, en caso de que se hagan populares entre la ciudadanía, hay un riesgo de que los ahorradores muevan su dinero de las cuentas bancarias hacia las stablecoins. Esto mermaría la capacidad de los bancos para conceder crédito y les obligaría a buscar otras vías de financiación. Asimismo, desde el BCE alertan del peligro de un cambio en la composición de los depósitos, con un mayor peso de los mayoristas frente a los minoristas, lo que también afectaría al crédito bancario.
Aunque el Viejo Continente representa una fracción mínima del mercado de stablecoins, su presencia crece en Europa, donde la gran banca está entrando en este negocio para emitir sus propios activos. El sector busca aprovechar las funcionalidades de las monedas estables, como los pagos transfronterizos más rápidos y más baratos, para renovar sus procesos. Pero las autoridades alertan de que la creciente expansión de este mercado conlleva muchos riesgos, especialmente para los depósitos, su principal fuente de financiación.
El BCE explica que el auge de estos activos, tanto en dólares como en euros, puede provocar una salida de los ahorros de las cuentas bancarias de los usuarios, reduciendo la base de depósitos minoristas de las entidades financieras. Aunque los emisores de stabelcoins redepositen parte de sus reservas que respaldan el activo en los bancos, compensando total o parcialmente las salidas de los minoristas, se produciría un cambio en la composición de los depósitos bancarios. Este desplazamiento, según el BCE, representa un peligro, ya que empeora la liquidez de los bancos porque los depósitos mayoristas se consideran menos estables: de hecho, presentan mayores tasas de salida (por ejemplo, en caso de retiradas masivas) y mayor sensibilidad a situaciones de estrés de mercado. Además, se trata de depósitos concentrados en pocos actores, como son los grandes emisores de stablecoins.
Todo ello afecta al crédito bancario. “Para preservar el cumplimiento de los requisitos de liquidez, los bancos pueden reequilibrar sus balances alejándose de préstamos ilíquidos y de largo plazo hacia activos más líquidos, o endurecer las condiciones crediticias reduciendo el volumen de préstamos, acortando los vencimientos o incrementando los tipos de interés aplicados”, explica la autoridad monetaria. En momentos de estrés, buscar financiación para los bancos puede volverse más caro y escaso y, para proteger su liquidez, podrían optar por reducir la concesión de préstamos.
Aunque el BCE señala que, por ahora, estos riesgos son mínimos porque el mercado de monedas estables es aún pequeño (vale unos 310.000 millones de dólares), en caso de adopción masiva, sí podrían presentarse, e incluso agravarse si el espacio sigue dominado por activos ligados al dólar (el 99% de las stablecoins están vinculadas al billete verde). Para la entidad, el uso generalizado de estos instrumentos tiene el potencial de debilitar la capacidad de los bancos centrales de fijar la política monetaria; los tipos de interés tendrían menor transmisión hacia los depósitos y la eficacia de las operaciones de liquidez podría verse mermada. “Las fluctuaciones en la demanda de stablecoins en moneda extranjera podrían, en la práctica, importar condiciones monetarias externas a la zona del euro”, señalan. En casos extremos podrían incluso provocar una sustitución parcial de la moneda.
Por ello, advierten de la importancia de la regulación y la exigencia de requisitos estrictos de transparencia sobre las reservas de las monedas estables, garantías de reembolsos y colchones de capital adecuados para absorber las pérdidas. Asimismo, presentan su proyecto estrella, el euro digital, como una alternativa pública a estos activos, aunque los bancos también han mostrado su recelo ante esta iniciativa por el temor de que pueda reducir sus márgenes y fomentar una fuga de depósitos. Algo que el BCE niega: al establecer un tope a las tenencias individuales, se reduce el riesgo de una migración masiva de depósitos hacia el dinero del banco central en períodos de tensión.
No es la primera vez que el BCE alerta sobre los riesgos de estos activos. El año pasado las autoridades monetarias lanzaron una cascada de advertencias sobre los peligros para la estabilidad financiera, la solidez del sector bancario y la eficacia de la política monetaria de los bancos centrales ante el auge de este mercado. Varios analistas proyectan un crecimiento sólido de este mercado en los próximos años, situándose entre los 900.000 millones y los 4 billones de dólares en 2030. En un reciente informe, S&P Global Ratings estima que el valor de las monedas estables en euro se situará entre 25.000 millones y 1,1 billones de euros en 2030, frente a los 650 millones actuales.