El 6G se atasca por la falta de acuerdo sobre cómo sustituirá al 5G
El organismo internacional encargado de definir el estándar aplaza hasta diciembre la decisión, con los fabricantes europeos y Huawei enfrentados
La próxima generación de telefonía móvil tendrá que esperar al menos hasta diciembre para avanzar en una de las decisiones clave para su desarrollo. El organismo internacional encargado de definir los estándares de las redes móviles, 3GPP, no ha conseguido cerrar un acuerdo sobre cómo deberán realizar los operadores la transición de las actuales redes 5G hacia el futuro 6G. La falta de consenso obliga a mantener abiertas varias alternativas y trasla...
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La próxima generación de telefonía móvil tendrá que esperar al menos hasta diciembre para avanzar en una de las decisiones clave para su desarrollo. El organismo internacional encargado de definir los estándares de las redes móviles, 3GPP, no ha conseguido cerrar un acuerdo sobre cómo deberán realizar los operadores la transición de las actuales redes 5G hacia el futuro 6G. La falta de consenso obliga a mantener abiertas varias alternativas y traslada la decisión a la próxima reunión del organismo, prevista para diciembre en Boston.
El desacuerdo no afecta por ahora al horizonte previsto para la llegada comercial del 6G, que la industria sitúa alrededor de 2030, sino a la forma en que se producirá la transición entre ambas generaciones. La decisión es relevante porque condicionará cuánto podrán aprovechar los operadores las redes que ya han desplegado para el 5G, desde las frecuencias utilizadas hasta parte de los equipos y de la infraestructura. Una transición más sencilla permitiría contener las inversiones, mientras que una arquitectura más compleja podría elevar los costes y dificultar el despliegue.
La alternativa que cuenta con mayor respaldo parte de una idea relativamente sencilla: permitir que las redes 5G y 6G compartan determinadas bandas de frecuencias durante los primeros años. Es el denominado Multi-RAT Spectrum Sharing (MRSS), que permitiría introducir progresivamente el 6G sin que los operadores tengan que disponer desde el primer momento de grandes cantidades de nuevo espectro. De esta manera, las dos generaciones podrían convivir mientras la nueva tecnología va ganando peso.
Los fabricantes principales también están divididos sobre la solución a adoptar: mientras que la sueca Ericsson y la finlandesa Nokia defienden una evolución del núcleo 5G hacia 6G, la china Huawei apuesta por una arquitectura más disruptiva basada en IA
La reunión en la que debía avanzarse en esta decisión se celebró en Madrid los días 14 y 15 de septiembre, según ha podido saber EL PAÍS/Cinco Días de fuentes del sector. Durante esos encuentros, los grupos de trabajo de 3GPP abordaron distintos aspectos relacionados con la futura generación móvil, pero no consiguieron cerrar una posición común sobre la arquitectura que deberá utilizarse durante la migración. La decisión tendrá que continuar discutiéndose en las próximas reuniones antes de llegar a la cita de diciembre en Boston.
Tres alternativas
El debate se centra principalmente en tres alternativas. Una de ellas propone que el 6G vaya asumiendo progresivamente el papel principal mientras mantiene conexiones con el 5G. Es la opción que actualmente recibe mayor apoyo. Otra plantea que el 5G siga siendo durante más tiempo la tecnología sobre la que se apoyen las comunicaciones, mientras que una tercera mantiene mecanismos separados para las dos generaciones durante el periodo de coexistencia.
Detrás de la discusión hay dos posiciones dentro del sector. Algunos fabricantes y operadores consideran conveniente mantener abiertas varias posibilidades para que cada compañía pueda elegir la que mejor se adapte a sus redes y a su estrategia. Otros creen que demasiadas alternativas pueden acabar generando una mayor complejidad y encareciendo el proceso. La experiencia del paso del 4G al 5G está muy presente en el debate, ya que aquella transición dejó diferentes arquitecturas y obligó posteriormente a los operadores a adaptar sus redes.
La alianza NGMN, que representa los intereses de numerosos operadores internacionales, apuesta por simplificar el proceso y considera que el sistema de compartición de espectro entre 5G y 6G debería ser la referencia para la transición. Su argumento es que cualquier alternativa adicional debe demostrar que aporta ventajas suficientes para justificar la mayor complejidad que introduciría.
El propio sistema de convivencia entre ambas generaciones todavía necesita pruebas adicionales. Durante las reuniones de Madrid se analizaron diferentes simulaciones para comprobar qué efecto tendría compartir frecuencias entre 5G y 6G. Los primeros resultados apuntan a que la pérdida de eficiencia podría ser limitada en determinadas configuraciones, pero la industria considera necesario seguir estudiando el comportamiento de la tecnología antes de adoptar una decisión definitiva.
El calendario de 3GPP convierte los próximos meses en una etapa importante. El organismo trabaja en la futura Release 21, que concentrará buena parte de las especificaciones de la nueva generación. El aplazamiento no significa que la llegada comercial del 6G, prevista para 2030, se retrase automáticamente. Lo que se pospone es una decisión sobre cómo llegar hasta él. La industria busca evitar que la nueva generación repita parte de la complejidad que acompañó al nacimiento del 5G y pretende que operadores, fabricantes de equipos y proveedores tecnológicos dispongan de un estándar suficientemente claro antes de acometer las grandes inversiones.
Mucho más que una red rápida
Aunque el 6G suele asociarse a velocidades de conexión muy superiores a las del 5G, la nueva generación pretende introducir cambios que van bastante más allá. La Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT) contempla velocidades máximas que podrían alcanzar entre 50 y 200 gigabits por segundo, además de una menor latencia y una capacidad mucho mayor para conectar dispositivos simultáneamente.
En la práctica, esto permitirá que determinadas aplicaciones que hoy resultan difíciles de desarrollar sobre redes móviles puedan funcionar de forma más fluida. Entre ellas se encuentran servicios de realidad virtual y aumentada, vehículos autónomos, robótica, aplicaciones industriales y sistemas que necesitan reaccionar prácticamente en tiempo real.
Una de las grandes diferencias será, además, la integración de la inteligencia artificial dentro de la propia red. El 6G no se plantea únicamente como una infraestructura para transportar datos más deprisa, sino como una red capaz de distribuir tareas de procesamiento entre los dispositivos, las antenas y los centros de datos. La inteligencia artificial podrá utilizar la propia red para decidir dónde y cómo ejecutar determinadas operaciones.
Otra de las novedades será que las antenas podrán utilizar las señales de comunicaciones para obtener información sobre el entorno. Esta tecnología permitirá detectar movimientos, objetos o posiciones con mucha mayor precisión y abre posibilidades para sectores como la industria, la logística, la conducción autónoma o la seguridad. En otras palabras, la red podrá servir no solo para conectar dispositivos, sino también para percibir lo que sucede a su alrededor.
El 6G también busca integrar de manera más estrecha las redes móviles terrestres con los satélites. El objetivo es que un usuario pueda mantener la conectividad al pasar de una antena terrestre a una red satelital, una posibilidad especialmente relevante para zonas rurales, marítimas o de difícil cobertura.