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Los gigantes alimentarios avisan de que tendrán que subir precios si se alarga la guerra en Irán

Empresas como Pepsico, Nestlé, Unilever, Mondelez o Coca-Cola mantienen sus previsiones de crecimiento para el año pese a admitir un alza en sus costes energéticos y logísticos

Un hombre en el interior de un supermercado en Madrid.Jaime Villanueva

Las grandes multinacionales de alimentación y bebidas aguardan con cierta tensión el desarrollo de los acontecimientos en Oriente Medio. La guerra de Estados Unidos e Israel sobre Irán, que ha provocado el cierre de uno de los corredores marí...

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Las grandes multinacionales de alimentación y bebidas aguardan con cierta tensión el desarrollo de los acontecimientos en Oriente Medio. La guerra de Estados Unidos e Israel sobre Irán, que ha provocado el cierre de uno de los corredores marítimos más importantes para el comercio mundial como el estrecho de Ormuz, empieza a ocasionar impactos en forma de subidas de costes.

Gigantes como Pepsico, Nestlé, Coca-Cola, Unilever, Mondelez, Danone o Heineken aguantan el tirón y, de momento, se mantienen a la expectativa. Esas primeras alzas de costes, sobre todo energéticos y logísticos, pero también en algunas materias primas, no están variando las respectivas hojas de ruta para este año. Todas estas empresas, que en los últimos días han presentado sus resultados del primer trimestre poniendo sobre la mesa todas las derivadas de la situación en Irán, han reafirmado sus objetivos de crecimiento de ventas y rentabilidad para 2026. El mensaje es prácticamente común: el tamaño y la escala de estos grupos les están permitiendo, de momento, manejar la situación actuando sobre la línea de gastos. Pero a medida que se alargue la guerra, los impactos serán mayores y las soluciones tendrán que ser más drásticas.

“La inflación llegará. Aún estamos trabajando en la magnitud del problema, y creo que gran parte del mismo todavía está por determinarse”, explicó hace pocos días ante analistas e inversores el director financiero de Pepsico, Steve Schmitt. Este resumió en tres las claves con las que su empresa maneja el escenario inflacionista: “Crecer y aprovechar al máximo la infraestructura propia; impulsar la productividad; y por último, analizar las opciones que te ofrece la estructura de precios”. Y en ese punto, fue claro: “Nos gustaría centrarnos en las dos primeras. Pero, dependiendo de la magnitud y la duración de la inflación, probablemente recurriremos a las tres”.

Una subida de precios aparece, por tanto, como un escenario inevitable si se prolonga el conflicto. No solo para Pepsico. Anna Manz, directora financiera de Nestlé, se ha manifestado en términos parecidos. “Estamos acostumbrados a gestionar las alzas de costes de las materias primas. Lo hemos hecho en 2025 con el café y el cacao, y nos verán utilizar las mismas estrategias de precios”, dijo también tras presentar sus resultados trimestrales. El homólogo en Unilever, Srinivas Phatak, reconoció que “no nos será posible combatir la inflación actuando solo en los costes. Tendremos que actuar sobre los precios en mercados y categorías concretas”, dijo, señalando específicamente a artículos de cuidado personal, fuera de la alimentación. Juergen Esser, consejero delegado de Danone, insistió en que el foco de la empresa está en las mejoras de productividad para atajar la situación, aunque sin descartar “otras medidas de mitigación. Pero es muy pronto para decirlo”, añadió.

“Hay una serie de palancas que podemos activar si las cosas cambian”, analizó, por su parte, el responsable financiero de Coca-Cola Europacific Partners, Ed Walker, sugiriendo también una actuación sobre los precios. Este comparó la situación actual con la crisis inflacionaria de 2022 a raíz de la guerra en Ucrania. “No creemos que sea tan dura como aquella. Pero la gestión de la inflación va a ser un reto en todo el sector de alimentación y bebidas. Y eso puede impactar en la demanda de los consumidores”.

Todas las miradas están puestas en el encarecimiento del petróleo. Este afecta de manera directa a los costes de transporte y distribución, pero también, como un efecto dominó, a envases y embalajes, con el aluminio o los plásticos en primera fila. También a fertilizantes y a otras materias primas agrícolas que pueden ser utilizadas como sustitutos de los combustibles fósiles.

La mayoría de estas empresas dicen tener la situación controlada. Por un lado, gracias a las coberturas financieras que tienen contratadas, y por otro, a través de los programas de ahorros y de eficiencias que tienen en marcha, primera línea de defensa antes de actuar sobre un punto sensible como es el de los precios.

Respuesta del consumidor

Porque la reacción del consumidor es uno de los grandes miedos del sector de alimentación y bebidas. La crisis de 2022 provocó una subida generalizada, y acentuada, de los precios por parte de los fabricantes para compensar las subidas de los costes. Durante ese año y 2023, estas empresas llegaron a reportar incrementos de dobles dígitos en sus precios, lo que al mismo tiempo provocó una contracción en los volúmenes de venta, además de un trasvase de clientes a las marcas de distribución.

De momento, estos grupos no observan peligros inmediatos en la reacción de los consumidores. Pepsico y Nestlé hablan de una “monitorización” de sus hábitos. También Heineken, que en su presentación trimestral de resultados dice que las disrupciones comerciales pueden “debilitar el ánimo de consumo y puede afectar al mercado de la cerveza”, ya castigado en los últimos años con un menor nivel de ventas y volúmenes debido a, precisamente, la inflación.

“En Europa la confianza del consumidor se mantiene estable, pero es frágil, y en EE UU sigue muy baja. En todas partes el consumidor se muestra bastante cauteloso en lo que respecta al conflicto, y a lo que este podría suponer para la inflación y sus costes energéticos”, valoró esta semana el consejero delegado de Mondelez, Dirk Van de Put. “Ya se han visto en este tipo de situaciones. El consumidor es vigilante. Pero no vemos, por ahora, una desaceleración o algo que nos preocupe”, añadió.

Está por ver si el conflicto en Oriente Medio trae mayores consecuencias. De momento, Nestlé o Heineken han anunciado respectivos planes de despidos: 16.000 la primera, con un ERE a 300 personas en España; y 6.000 la segunda, aunque ambos planes fueron anunciados antes del inicio del conflicto.

Por lo pronto, las empresas analizadas han finalizado el primer trimestre en línea con sus expectativas. Tanto las que han mejorado sus ingresos, como Pepsico, Coca-Cola, Heineken, y Mondelez, como las que los han contraído, como Nestlé, Danone o Unilever. Y con sus compromisos con los inversores inalterados. “No hemos asumido ningún impacto en nuestras previsiones anuales porque no vemos ninguno en este momento”, dijo hace unos días el presidente de Pepsico, el español Ramón Laguarta. El desarrollo de los acontecimientos en Ormuz pondrá a prueba esta resistencia.

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