La ola europea en gasto militar exigirá a España más competencia empresarial, estabilidad fiscal e inversión sostenida en I+D
El IEE destaca la elevada concentración del sector industrial y la necesidad de orientar las políticas hacia la innovación
El gasto militar en España y Europa lleva años librando su propia guerra de cifras para aplacar el flanco del discurso de Donald Trump sobre la falta de compromiso con la seguridad que demuestra el Viejo Continente. Que si a mitad de año al fin se logró llegar a un gasto equivalente al 2% del Producto Interior Bruto nacional (más de 33.000 millones de euros), según admitió la propia OTAN; que si la Casa Blanca contestaba que el objetivo engorda al 5%. Mientras tanto, los mercados impulsan a toda empresa que se dedique a las armas, en el Ibex 35 o en el Nasdaq, porque se entiende que la apuesta por pertrecharse de tanques y barcos solo acaba de empezar. Pero subirse a esta ola exige a España tener desde una industria más descentralizada a mayor estabilidad fiscal, pasando por una verdadera reorientación del sector hacia la tecnología y la innovación que exigirán los nuevos armamentos.
Esta es la principal conclusión lanzada desde el Instituto de Estudios Económicos, en su primera revista de este año, titulada La industria de seguridad y defensa en España ante los desafíos geopolíticos y económicos actuales, y presentada este jueves. En ella, analiza la situación actual de la industria militar nacional y la confronta al espejo de las oportunidades que se abren en un mundo abiertamente más proclive a incrementar su gasto en esta industria. “En este contexto, la industria española de defensa representa tanto un desafío como una oportunidad”, razona un documento que también aporta datos los datos macroeconómicos que sostienen esa oportunidad.
Entre ellos, se rescatan estimaciones habituales de este tipo de análisis cuando se intenta dar brillo a la importancia del gasto en defensa. Uno, el que esgrime Tedae, la patronal de la industria tecnológica militar, y con el que calcula que cada euro invertido en defensa genera 2,2 euros para la economía. Dos, el calculado por un informe de mediados del 2025 de BBVA Research en el que se estimaba que un aumento del gasto del 1% del PIB en armas elevaría la actividad económica en general un 1,4% en el primer año y un 1,6% en el segundo.
No obstante, antes hay que prepararse. El IEE considera que el desafío para España radica en la “elevada concentración empresarial” y las “limitaciones tecnológicas”, mientras que resalta en el lado contrario de la balanza el “potencial industrial y su creciente integración en los programas europeos”. “España dispone de una base industrial suficientemente diversificada como para convertirse en un pilar relevante del esfuerzo europeo, siempre que articule una estrategia sostenida y coordinada”, incide el IEE en una primera aproximación a la estrategia.
Sobre los parapetos en contra, como esa acumulación que roza el monopolio, el Instituto de Estudios Económicos recaba la última estadística cerrada, la de 2023. Entonces, nada menos que cerca del 60% del volumen de negocio que manejó la industria española de defensa vino de una misma matriz, dividida en dos ramas: Airbus Defence and Space y Airbus Military. Otro 20% de la facturación total se lo repartieron entre seis empresas: Navantia, Cepsa (ahora Moeve), Rheinmetall, Expal, ITP Aero y General Dynamics-Santa Bárbara. El 11% que faltaría fue al numeroso grupo de pymes de un sector altamente atomizado. Por aquel entonces, el que está llamado a ser el próximo campeón nacional, Indra, todavía no había iniciado una conquista del sector que la ha empujado a ser la empresa con mayor subida bursátil en los últimos tres años, casi multiplicando por cinco su capitalización.
Desde lo micro a lo macro, el IEE expone que “el reto central para España será transformar el incremento presupuestario en una política industrial de largo plazo. No basta con aumentar el gasto en defensa; es necesario orientarlo hacia la innovación, la modernización tecnológica y la creación de capacidades nacionales que refuercen la autonomía europea”. Para ello, tampoco se puede ir solo al frente: hay que aprovechar, “con visión estratégica, los nuevos instrumentos financieros europeos, integrando su acción nacional en los consorcios multinacionales y priorizando proyectos con alto retorno tecnológico y productivo”, propone el informe.
Sobre el terreno abierto para la financiación en Europa, el presidente del IEE, Íñigo Fernández de Mesa, ha insistido en la presentación del informe la “gran oportunidad” que representa el futuro gasto de 700.000 millones de euros en defensa en la Unión Europea y en el “riesgo” de que dos tercios “se vayan al bolsillo de EEUU” si no se establece “una estrategia coordinada”.
De fronteras para adentro, “la política de defensa española debe vincularse estrechamente con su estrategia de reindustrialización. La defensa puede acelerar la modernización para sectores estratégicos como el naval, el aeroespacial, o la ciberseguridad”.
En definitiva, considera el IEE, “la autonomía estratégica europea no debe entenderse como un fin en sí mismo, sino como un medio para asegurar la resiliencia económica, industrial y política del continente”. España tiene experiencia industrial, capacidad de cooperación y una ubicación geoestratégica. Pero, a la hora de competir con otros países que también buscan su posición de privilegio en la carrera armamentística, “necesita una política de defensa que combine visión europea, estabilidad fiscal e inversión sostenida en tecnología e innovación. Solo así podrá convertir sus debilidades actuales en una ventaja estructural dentro del nuevo orden mundial”.