A fondo

Mujer casada madura busca

Las crisis también tienen inclinación sexual. La que se ha cebado con España en los dos últimos años, a juzgar por sus efectos en el mercado de trabajo, tiene preferencia por las víctimas masculinas, y respeta, e incluso mejora en términos relativos, el estatus de las mujeres. Tan desequilibrante ha sido el comportamiento del mercado de trabajo, que ahora la tasa de desempleo es casi igual entre los hombres que entre las mujeres, cuando al iniciarse la crisis y el ajuste del empleo, la femenina duplicaba la masculina. Ya hace un año advertimos en estas páginas del riesgo que corría la economía española de sufrir el síndrome de Sheffield, un fenómeno que trasformó la vida en muchas ciudades británicas en los años ochenta (la de Sheffield, a caballo entre Manchester y Liverpool, de manera paradigmática), cuando la industria pesada comenzó a dar paso en Europa a las manufacturas más intensivas en tecnología, y los emergentes asumían la producción minerometalúrgica primaria.

En España el fenómeno se ha reproducido por otros motivos, porque la industria pesada tradicional llevó el mismo camino que en Reino Unido ya en los ochenta con la conflictiva reconversión. Pero ha sido la liberación súbita de la pesada carga de la que fue primera industria del país en los últimos quince años, la construcción residencial, la que ha transformado el mercado de trabajo, con un sesgo de género muy acentuado. La industria, aunque de manera menos determinante, ha tenido también una notable contribución al giro del mercado.

En los últimos doce meses la destrucción absoluta de empleo ha sido prácticamente igual en la industria y en la construcción, aunque en el balance de los dos años largos de recesión las pérdidas han sido mucho más acusadas en la obra residencial y sus servicios colaterales. En 2008 perdió el 10% de sus efectivos y un 23% adicional en 2009, mientras que la industria rescindió la relación laboral al 13% de sus efectivos en 2009, mientras que sólo lo hizo con un 1,3% de sus plantillas en el primer año del ajuste. En el primer trimestre de este año la contracción del empleo ha sido muy fuerte en ambos sectores, aunque ya se advierten los primeros síntomas de estabilización. En todo caso, los dos sectores se han cebado con el empleo masculino, mientras que en los servicios, donde la presencia de la mujer es relativamente más elevada, las pérdidas han sido mucho más moderadas: sólo en 2009 se ha perdido ocupación y a una tasa muy modesta: 2,5%.

Por cada mujer que pierde el empleo en la crisis, van cinco hombres al paro

Los propios datos revelan que las mujeres únicamente han perdido un puesto de trabajo por cada cinco que han cedido los hombres (324.000 por 1.648.000), con curiosos trasvases en las modalidades de contratación. Mientras que los hombres han perdido 489.000 puestos de trabajo fijos, la contratación indefinida entre las mujeres se ha incrementado en 275.000. La evolución de la temporalidad ha sido muy similar en términos absolutos, pero sigue siendo bastante más elevada entre las mujeres, aunque se ha reducido mucho la diferencia en los últimos trimestres: 25% frente a 23%.

Más formación para los jóvenes

Pero el fenómeno más llamativo de la crisis es el trasvase generado en la población activa, en función del movimiento provocado en cada colectivo. Se han manifestado dos fenómenos muy llamativos que son puros reflejos condicionados de la evolución de la cantidad de trabajo: aumento de la población activa femenina, y descenso de la población activa joven, tanto masculina como femenina.

El primero de los reflejos se produce por la pérdida masiva de empleo masculino. Cuando el cabeza de familia (hombres sobre todo) pierde el empleo y con él la renta regular, genera una inmediata reacción por parte del cónyuge, que busca una compensación en el mercado, aunque sea con ocupaciones peor remuneradas. Este movimiento se he concentrado sobre todo en las edades más elevadas de la vida laboral, con una pérdida de empleo estructural (para siempre) entre los hombres de más de cincuenta años, que ha provocado un avance muy fuerte de las mujeres activas en esas mismas edades. Mujeres casadas en edades maduras que buscan un empleo que reponga la renta perdida por sus maridos.

La comparación entre hombres y mujeres en relación con la actividad en edades maduras no deja lugar a dudas: en los dos últimos años los hombres inactivos han aumentado en 356.000 (perdida de empleo que se considera definitiva, incluso con prejubilación) y las mujeres inactivas descienden en 385.000. En el mismo periodo la EPA registra 149.000 hombres activos menos, y 579.000 mujeres activas más, con un avance relativo muy fuerte en las edades más maduras. De hecho, la tasa de actividad femenina de las mayores de 55 años pasa del 32,5% al 38,5% en dos años, mientras que la de los varones cae dos puntos.

El segundo fenómeno es la contracción de los activos jóvenes porque estiran su formación ante la imposibilidad de encontrar empleo. La caída es más acentuada entre los varones.