Oda al mínimo esfuerzo
Algo falla cuando un libro de poco más de 100 páginas sobre 'el arte y la necesidad de hacer lo menos posible en la empresa' se convierte en un éxito con más de 30.000 ejemplares vendidos en cinco meses. Bajo el título Bonjour paresse (Michalon, 2004), que sería algo así como Buenos días pereza, una economista de æpermil;lectricité de France, Corinne Maier, se despacha a voluntad con las empresas en general y con algunos 'cretinos' que trabajan en particular. 'La ética es un poco como la cultura, cuanto menos se tiene tanto más se habla de ella', escribe Maier.
El libro aborda, con un tono incendiario, los juegos de poder en la empresa, la jerga gerencial, la incompetencia de jefes y compañeros, revela un gran desencanto profesional y una realidad preocupante: los asalariados ya no creen en la gran empresa. Los foros en internet sobre el libro se multiplican con una opinión muy extendida: 'Maier dice en voz alta lo que todos los trabajadores pensamos, pero callamos'.
Ceferí Soler, director del departamento de dirección en recursos humanos de Esade, reconoce que 'se está controlando el absentismo físico, pero no el absentismo psicológico'. Para Soler, el desapego que los trabajadores tienen respecto a la empresa, que es lo que en definitiva pone de relieve Maier en su libro, 'es cierto pero con matices. No es lo mismo trabajar en una empresa de sistemas de información en la que el conocimiento lo es todo y las relaciones son democráticas, que en una automovilística en la que se trabaja bajo presión y con relaciones jerárquicas y autoritarias'.
Electricité de France llegó a amenazar con el despido a la autora del libro, pero no la sancionará
El desapego del empleado hacia la empresa es definido como absentismo psicológico
Ante la apología del mínimo esfuerzo que se desprende de Bonjour paresse, Soler señala que 'la empresa debe detectar cuándo un trabajador va con el freno puesto y es importante que quienes estén en primera línea de mando tengan preparación para abordar estas situaciones y evitarlas'. 'Además', añade Soler, 'los trabajadores tienen canales suficientes en las empresas para hacer llegar su malestar' sin necesidad de acudir a técnica de los brazos caídos.
Sobre quién es responsable de este clima de decepción laboral, Soler cree que a cada parte le toca lo suyo. Por un lado, 'las empresas no han sabido hacer que los empleados dejen la compañía con la sensación del trabajo bien hecho', al tiempo, considera muy importante que 'el trabajador también tenga iniciativa para establecerse por su cuenta'.
Del pataleo de Corinne Maier ha dado buena cuenta la prensa internacional. Si para el New York Times el libro permite cuestionar las bondades de las 35 horas semanales de trabajo en Francia, en el Financial Times el tema central es el malestar de los mandos poco cualificados en las empresas. Pero ambos, según cuenta Le Monde, hacen suyas las críticas de la autora sobre la meritocracia interna reservada a las élites de las grandes escuelas. Para ese diario, lo esencial del libro, al que llama panfleto, está en la falta de credibilidad que despierta el discurso de las empresas.
Santiago Álvarez de Mon, profesor de dirección de personas del IESE, cree que parte del problema está 'en las empresas que lanzan un mensaje y luego no están a la altura porque esto genera falta de credibilidad'. ¿Ejemplos? Cuando se hace alarde de responsabilidad social, pero se procede a un dura política de prejubilaciones o cuando se propugna la transparencia, pero de la noche a la mañana los trabajadores se topan con una fusión. 'Los hijos de una persona que ha vivido una mala prejubilación seguro que van cuidarse de darlo todo en su empresa', señala Álvarez de Mon.
Este profesor reconoce que se está viviendo una época en la que hay que 'repensar la empresa, la ética empresarial y las relaciones dentro de la empresa'. En su opinión, 'la solución no está en apuntarse a la última moda en gestión' sino en recordar que las personas 'ya no viven para trabajar sino que trabajan para vivir'. Al tiempo señala que 'detrás de todo esto está el individualismo, que puede ser entendido como el de la persona a la que nada le concierne, pero también como sinónimo de respeto y libertad para crecer en una empresa'.
Para ambos especialistas, las empresas están mejor ahora que hace décadas aunque siga habiendo quien ve el factor humano como un problema y no como solución. Quizá una de estas empresas sea EDF. Maier apenas cita en su libro a la compañía en la que trabaja desde 1992, pero EDF la amenazó con el despido por 'falta de respeto al deber de lealtad' y 'leer el periódico en la reunión de grupo'. Empresa y escritora se reunieron el pasado lunes como trámite previo al despido, pero la compañía anunció al final que archivaba el expediente contra ella, con lo que renunciaba a sancionarla. ¿Lo celebrarán algunos de sus compañeros, 'esos cretinos con los que te codeas'?
Pensando en los empleados
Si una empresa quiere tener a sus trabajadores en pie de guerra le basta con tener una visión cortoplacista únicamente centrada en los resultados y con tendencia al autoritarismo. Pero si quiere tener empleados orgullosos de pertenecer a esa organización puede seguir el ejemplo de aquellas compañías que son elegidas por sus propios trabajadores como las mejores para trabajar. Eso sí, recordando que, como en toda buena familia, siempre puede haber problemas.Según la encuesta GPTW (Great place to work), en 2004 la mejor empresa para trabajar en España es Danone. Según explica su director de Recursos Humanos, Francesc Martínez Rius, 'la base de nuestra política es nuestra cultura'. Y esta cultura consiste en 'no entender el crecimiento económico si no va de la mano de un desarrollo social paralelo'. En la práctica esto supone ofrecer un teléfono 900 para dar respuesta a las necesidades personales de los trabajadores, flexibilidad horaria o un férreo compromiso de no destrucción de puestos de trabajo. 'Si hemos tenido que hacerlo por cambios organizativos lo que hemos hecho ha sido recuperarlos', aclara Martínez.