Llega la mejor distopía de Silicon Valley, así es la serie The Audacity la nueva joya de AMC+
Esta serie llega para mostrar en forma de comedia las entrañas de lo que sucede en el lugar en el que germina la tecnología.
Seguro que os ha pasado alguna vez eso de estar hablando de comprar unas zapatillas y, de repente, aparece un anuncio en Instagram que encaja con el tema del que comentabas. Es un momento que ya tenemos casi interiorizado, ¿verdad? Pues esa sensación de que nos espían por el agujerito de la cámara es el punto de partida de The Audacity, la nueva serie de AMC+ que se mete de lleno en el fango de Silicon Valley para darnos un bofetón de realidad… aunque sea a base de carcajadas un poco amargas.
Si lo que buscas en una serie es reírte, esta es lo que ofrece. Y lo hace utilizando a esos directivos con cuenta corriente infinita, pero con una mentalidad de un bebé, esta joya creada por Jonathan Glatzer, un creador de lo más interesante que tiene en su currículum éxitos como Succession y Better Call Saul.
De que va The Audacity
La historia gira en torno a Duncan Park, interpretado por un Billy Magnussen que está sembrado en su papel de tech-bro insufrible, todo hay que decirlo. Este es el CEO de Hypergnosis, una empresa de minería de datos que básicamente se dedica a hurgar en nuestras vidas privadas. El caso es que el personaje es un poema: va por ahí creyéndose el nuevo genio del siglo, pero con una inseguridad tan grande como su ego (necesita que todo el mundo le diga lo listo que es a cada segundo, por poner un ejemplo). El caso es que se ha inventado algo nuevo: PINATA -que no es para apalearla en los cumpleaños, sino que significa Privacy Is Not a Thing Anymore- porque, según él, la guerra por la privacidad ya se perdió hace mucho tiempo. Nada mal para comenzar.
Pero donde esta serie toma ritmo es cuando entra en juego su terapeuta, JoAnne Felder, a la que da vida Sarah Goldberg. Cree no le pagan lo suficiente para aguantar a Duncan y sus trapicheos, pero es que ella tampoco es una hermanita de la caridad precisamente: se ha metido en un lío de tráfico de influencias que ríete tú de la bolsa. El caso es que cuando el protagonista toma cartas en el asunto, y no son precisamente las que puedes estar pensando. Es ahí donde empieza la divertida… es como observar un accidente de coche a cámara lenta pero sin poder dejar de mirar porque los dos actores son excelentes.
Pero la serie no se queda solo en estos dos personajes. Existe todo un ecosistema que completa una serie excelente para pasar el rato, tanto por la diversión como por el fondo. Por un lado, tenemos a Carl Bardolph, interpretado por Zach Galifianakis, un pionero del sector que está de vuelta de todo y que mira con asco en lo que se ha convertido el valle -aunque en el fondo se muere por volver a mandar-. Luego está Martin Pfister, que es Simon Helberg -sí, Howard de Big Bang Theory, pero aquí mucho más turbio-, un inventor que está obsesionado con crear un niño con Inteligencia Artificial mientras pasa olímpicamente de su hija real, Tess. Es de locos.
El lado oscuro que tiene esta serie
Este llega, precisamente, de la mano de los hijos de estos magnates. Realmente viven en una pesadilla constante. ¿El motivo? Para ellos, Silicon Valley no es un paraíso de oportunidades, es un entorno asfixiante donde el éxito de sus padres se mide por cuántos datos pueden robarle al resto de mortales.
Claramente, la serie lanza unos dardos envenenados a las grandes tecnológicas. Por ejemplo, se ríen de Apple llamándola simplemente Cupertino y la describen como la empresa más importante de la historia mientras Duncan intenta venderles su alma. Pero existe un listado de detalles que se aprenden viendo cómo funciona este mundillo ficticio, pero peligrosamente cercano en la serie:
- La privacidad no existe si hay un algoritmo que pueda empaquetar tu vida y venderla.
- El éxito en el valle no depende de ser listo, sino de saber venderse, como hace Duncan con los rumores que él mismo filtra.
- Las empresas tienen directores de innovación ética… que en la práctica no tienen ni voz ni voto y solo sirven de fachada.
- Los millonarios se sienten víctimas y se preguntan por qué no les hacemos un desfile en lugar de mirarlos con antorchas.
Hay que indicar que la serie en ocasiones se pasa de frenada. Hay momentos en los que parece que todo es demasiado cínico y que no hay nadie a quien apoyar, porque todos son unos narcisistas de manual. De hecho, hay un personaje, Tom Ruffage, un subsecretario de Asuntos de Veteranos interpretado por Rob Corddry, que es el único que parece tener un poco de humanidad… aunque sea para pedir limosna a las tecnológicas para digitalizar los archivos de los soldados (y tiene el que, posiblemente, sea el momento más triste de la temporada).
Sin embargo, The Audacity acierta de pleno al recordarnos que, aunque Silicon Valley sea una burbuja de egos y mucho dinero, lo que pasa allí nos salpica a todos. Como dice un personaje al final de la temporada: ¿cuándo fue la última vez que la tecnología ayudó de verdad? No hemos arreglado el clima -de hecho, los centros de datos contaminan más que los aviones- y tampoco somos más tolerantes. Lo único que hemos conseguido es que nos traigan unos bastoncillos para los oídos a casa en una hora. Da que pensar…
Merece la pena ver esta serie
Yo creo que sí, aunque solo sea por ver a Magnussen y Goldberg enfrentados, algo que es una delicia. Es una sátira resistente, que aguanta bien el tipo frente a otras producciones más grandes, y que te deja pensando en si no deberíamos borrar todas nuestras redes sociales hoy mismo.
Quizás no sea tan redonda como Succession, algo complicado de conseguir, y a veces los personajes parecen caricaturas… pero tiene una mala uva y una verdad que asusta. Al final, te ríes para no llorar ante la desfachatez de unos personajes que se creen dioses porque saben programar una aplicación que rastrea tus compras de champú. Tal como suena.