El reto ya no es demostrar el impacto, es financiarlo a escala
Movilizar más capital es imprescindible para llevar soluciones probadas al volumen que exigen los desafíos
Hay problemas cuya solución depende menos de encontrar nuevas ideas que de encontrar suficiente capital para hacerlas crecer. España no tiene, precisamente, un déficit de retos en los que invertir; tampoco de proyectos y organizaciones innovadoras aportando soluciones. Si acaso, lo que puede apuntarse es un déficit de capital orientado a resolverlos y, nuestro reto, como ecosistema de economía de impacto, es cómo movilizar los recursos financieros necesarios para abordarlos a la escala que requieren.
Los datos del informe de capital de impacto que presentamos este mes apuntan a una conc...
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Hay problemas cuya solución depende menos de encontrar nuevas ideas que de encontrar suficiente capital para hacerlas crecer. España no tiene, precisamente, un déficit de retos en los que invertir; tampoco de proyectos y organizaciones innovadoras aportando soluciones. Si acaso, lo que puede apuntarse es un déficit de capital orientado a resolverlos y, nuestro reto, como ecosistema de economía de impacto, es cómo movilizar los recursos financieros necesarios para abordarlos a la escala que requieren.
Los datos del informe de capital de impacto que presentamos este mes apuntan a una conclusión clara. El mercado español de financiación e inversión de impacto continúa creciendo y consolidándose. En 2025, la oferta de capital de impacto efectivamente invertido alcanzó 5.051 millones de euros, frente a los 3.341 millones registrados dos años antes. Hablamos de un crecimiento cercano al 51%, impulsado especialmente por la inversión directa y a través de fondos de impacto, que ha duplicado su volumen alcanzando 3.200 millones de euros, y por la progresiva diversificación de los canales de movilización de capital. Estamos, por tanto, ante un mercado en expansión. Pero interpretar estas cifras únicamente como un indicador financiero sería perder de vista lo esencial.
Más que una clase de activo
Cuando hablamos de financiación e inversión de impacto, no hablamos únicamente de fondos, instrumentos, vehículos o rentabilidades. Hablamos de innovación financiera, adaptación y alineación del capital al propósito. Y, por tanto, hablamos de vivienda social y asequible. De transición energética. De biodiversidad. De salud. De dependencia y cuidados. De inclusión financiera. De alimentación y agricultura sostenibles. Hablamos de sectores y actividades que no solo generan valor económico, sino que contribuyen a responder a retos cuya relevancia seguirá creciendo durante las próximas décadas.
Detrás de cada dato de crecimiento del mercado de la “oferta de capital de impacto” hay una realidad mucho más tangible. Existe la posibilidad de ampliar el parque inmobiliario con enfoque de preservación de asequibilidad a largo plazo, de regenerar ecosistemas, de impulsar proyectos empresariales que generen empleo inclusivo o de financiar servicios que mejoren la calidad de vida de una población cada vez más envejecida. La lectura de estos datos debe ser, por tanto, no solo financiera, sino económica y social.
Un mercado que empieza a madurar
Otro de los mensajes que reflejan los datos es que el mercado español está entrando en una nueva fase de desarrollo. Tres de cada cuatro entidades esperan seguir aumentando sus activos bajo gestión durante los próximos años, con un total de capital comprometido que casi triplica la inversión de 2023.
Asimismo, desaparecen prácticamente las expectativas de fuerte contracción que aparecían en ejercicios anteriores y también se reducen las previsiones de crecimiento explosivo. Esto, que puede parecer una señal de moderación, es, en realidad, un síntoma de madurez: frente a mercados emergentes caracterizados por expectativas extremas, los mercados que empiezan a consolidarse muestran trayectorias más previsibles, una base de actores más amplia y una progresiva capacidad de atraer capital más estable.
El gran desafío de la próxima década
Y, sin embargo, los avances logrados hasta ahora no deben ocultar la magnitud del reto que tenemos por delante. Si queremos que las soluciones de impacto alcancen la escala necesaria para responder a los desafíos sociales y ambientales existentes, para abordar cambios a nivel de sistemas, será imprescindible incorporar a más propietarios de activos y a más actores de impacto.
Necesitamos una participación creciente de fondos de pensiones, aseguradoras, banca privada, tesorerías corporativas, fundaciones patrimoniales, family offices, business angels y grandes inversores institucionales. No porque deban sustituir a los actores pioneros ni a la financiación pública, sino porque solo sumándolos a ellos alcanzaremos la escala necesaria para convertir soluciones prometedoras en respuestas capaces de transformar sectores completos. Y, ¿por qué no?, necesitamos también acercarnos al mercado minorista a través de instrumentos como los fondos 90/10 que ya operan en Francia.
La buena noticia es que la propia evolución del mercado muestra que existen múltiples formas de participar. Más de la mitad de las entidades de inversión de impacto esperan obtener rentabilidades de mercado ajustadas al riesgo, mientras que aproximadamente un tercio acepta retornos inferiores cuando ello permite financiar actividades insuficientemente atendidas.
Esta diversidad constituye una fortaleza de la financiación de impacto. Los desafíos complejos rara vez se financian con una única fuente de recursos, sino que requieren combinar capital público, filantrópico y privado; instrumentos más concesionales y otros plenamente orientados al mercado; inversores dispuestos a asumir riesgos iniciales y otros preparados para escalar soluciones consolidadas.
De la prueba de concepto a la escala
Durante la última década, la financiación y la inversión de impacto han demostrado que pueden generar resultados económicos sostenibles al tiempo que contribuyen a resolver retos sociales y ambientales relevantes. La próxima década estará marcada por una ambición diferente: ya no es necesario demostrar que el impacto es posible, se trata, ahora, de financiarlo a la escala que exigen los desafíos de nuestro tiempo.
Detrás de cada millón movilizado hay algo más importante que una cifra de mercado: hay soluciones reales para problemas reales. Y cuanto antes consigamos atraer más capital hacia ellas, mayores serán nuestras posibilidades de construir una economía más resiliente, competitiva y capaz de responder a las necesidades de las personas y del planeta.