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La cuenta de inversión es una buena medida, también para mitigar la adicción al ladrillo

La fórmula puede llevar el ahorro español de los depósitos y el inmobiliario hacia la economía productiva

El vicepresidente primero y ministro de Economía, Comercio y Empresa, Carlos Cuerpo.Marta Fernández - Europa Press (Europa Press)

De un modo inverosímil, la movilización popular para evitar el desahucio de una anciana de 87 años ha abierto la puerta a una modificación muy esperada por el sector financiero español. La propuesta de la cuenta de inversión fue oficiada por la Comisión Europea, la OCDE, la CNMV y el Tesoro hace casi dos años, y ha sido una prioridad para Carlos Cuerpo, que ha liderado varias iniciativas a nivel europeo para fomentar la inversión productiva en Europa. La medida nace de las necesidades de inversión marcadas en los informes de Draghi y Letta, se inspira en el exitoso modelo sueco para movilizar ahorro ciudadano hacia el sector productivo y ha sido muy bien recibida en el sector financiero.

En España no falta cultura del ahorro, falta cultura de la inversión: se acumulan 1,2 billones de euros en depósitos, de escasa rentabilidad y de impacto limitado en la economía productiva, a través del canal bancario. El ciudadano no suele mirar la Bolsa; si acaso, cuando comprueba que los depósitos apenas dan rendimiento, opta por la inversión en vivienda, a veces un sucedáneo del plan de pensiones. Esta tendencia, no obstante, se puede mitigar con incentivos, y es ahí donde entra la cuenta de inversiones. Su diseño, menos ambicioso que el modelo sueco, se asemeja a los planes de inversión individual de Reino Unido, da flexibilidad a los inversores para mover su cartera y proporciona incentivos fiscales para que las rentas medias inviertan en Bolsa a largo plazo. Cada español puede tener su pequeño fondo de inversión, si quiere, aunque tiene que estar invertido en acciones europeas. Una limitación que puede rechinar, como podría rechinar, también, subvencionar un fondo cotizado de Bolsa estadounidense.

En todo caso, es un paso en la buena dirección, una que casi todos los organismos internacionales consideran adecuada. El manido ejemplo sueco ha mostrado cómo el mayor interés inversor del público facilita las salidas a Bolsa, la financiación de las empresas y se convierte en elemento dinamizador de la economía.

No solo eso. La endiablada aritmética parlamentaria puede no haber creado una paradoja, sino una parábola. Si la cuenta tiene éxito, si los ahorradores españoles ven ahora un poco más allá del depósito y el ladrillo, una parte de la demanda especulativa de vivienda se trasladará a la Bolsa, lo que debería reducir la presión sobre los precios y facilitar el acceso. La cuenta única, al fin y al cabo, puede ayudar a colocar cada cosa en su sitio: la vivienda, para vivir, y la Bolsa, para invertir.

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