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Por qué los grandes bancos vuelven a apostar por la globalización

El coste implícito del capital converge en alrededor del 10% entre bancos internacionales y domésticos

Sucursal de NatWest en Londres.TOLGA AKMEN (EFE)

Hace no mucho, el modelo de negocio de la banca global parecía estar muriendo. Jane Fraser, que asumió las riendas de Citigroup en 2021, metió la tijera en la expansión mundial de la entidad estadounidense. HSBC hizo lo mismo, e incluso afrontó presiones de inversores para acometer una ruptura total. ...

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Hace no mucho, el modelo de negocio de la banca global parecía estar muriendo. Jane Fraser, que asumió las riendas de Citigroup en 2021, metió la tijera en la expansión mundial de la entidad estadounidense. HSBC hizo lo mismo, e incluso afrontó presiones de inversores para acometer una ruptura total. El Banco Santander de Ana Botín y otras entidades con operaciones crediticias muy dispersas geográficamente parecían sufrir una penalización en Bolsa frente a rivales más concentrados en sus mercados nacionales, como Lloyds Banking Group y CaixaBank.

Pero todo eso parece estar cambiando. El mercado está dando implícitamente a los consejeros delegados permiso para volver a cruzar fronteras. Cabe esperar una mayor expansión internacional ―incluidas las fusiones y adquisiciones―, esperemos que sin los niveles de arrogancia anteriores a 2008.

Es fácil detectar indicios anecdóticos de este nuevo giro favorable a la globalización. JP Morgan, por ejemplo, está adentrándose en la banca minorista británica y alemana. El día 26, Reu­ters informó de que BNP Paribas estudia tomar una participación en el vietnamita Techcombank. NatWest, antes conocido como Royal Bank of Scotland (RBS), ha obtenido autorización para abrir una “oficina de representación” en Estados Unidos, según el Financial Times. Es un paso modesto para crecer: estas oficinas pueden captar nuevo negocio, pero no aceptar depósitos. Aun así, es simbólico. Después de que una serie de desacertadas adquisiciones en el extranjero culminara en un rescate en 2008, la estrategia de RBS tras la crisis consistió en replegarse al Reino Unido.

En términos más generales, los asesores en Europa están entusiasmados ante la posibilidad de que se produzcan operaciones bancarias transfronterizas. Contrasta marcadamente con el periodo comprendido entre 2009 y 2024, cuando las fusiones y adquisiciones se centraron en gran medida en la concentración nacional o en la venta de filiales extranjeras. Ahora, una pregunta clave que se hacen los banqueros es si entidades con abundante capital y centradas en sus mercados nacionales ―como CaixaBank, Lloyds e Intesa Sanpaolo― podrían dejarse convencer para comprar un rival de peso en el extranjero.

Los datos encajan con el tono de esas conversaciones. En primer lugar, los bancos parecen cada vez más dispuestos a prestar dinero en el extranjero. El Banco de Pagos Internacionales (BPI) recopila datos sobre el crédito bancario transfronterizo, que aumentó en 1,7 billones de dólares (1,48 billones de euros) en el primer trimestre, lo que supone un incremento interanual del 11,4%, cerca del 11,5% del trimestre anterior. Son los dos registros más elevados desde el primer trimestre de 2008, tras el cual las tasas de crecimiento fueron negativas o insignificantes durante muchos años. Esto apunta a que, incluso dejando de lado las fusiones y adquisiciones, el crédito bancario se está reglobalizando rápidamente.

En segundo lugar, la penalización en las valoraciones por operar en varios países parece estar reduciéndose. Véase UniCredit, que está presente en Alemania y otros países además de su mercado nacional, cotiza con un descuento de solo el 8% frente a Intesa Sanpaolo, más centrado en Italia, utilizando múltiplos de valor contable tangible estimado. La brecha era del 20% o más antes de 2025.

Estos múltiplos dependen en gran medida de la rentabilidad que esperan los inversores. Pero, incluso ajustando por ese factor, la penalización por operar en varios países está disminuyendo. Los bancos siguen de cerca la rentabilidad implícita que exigen los inversores para mantener sus acciones, conocida como coste del capital. A menudo ha habido una gran diferencia entre entidades presentes en varios países, como HSBC, el Santander, UniCredit, Barclays, el BBVA y Deutsche Bank, y otras más centradas en el mercado nacional, como Lloyds, NatWest, CaixaBank, Commerzbank e Intesa Sanpaolo. Esa brecha implicaba que los inversores consideraban la dispersión geográfica una fuente adicional de riesgo.

Ahora, sin embargo, el coste medio implícito del capital de ambos grupos ronda el 10%, calculamos. Si los inversores dan su visto bueno a la banca transfronteriza, no sorprende que los consejeros delegados también lo hagan.

Los autores son columnistas de  Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de  Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de  CincoDías

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