Los defensores de la IA no tendrán fácil influir en las urnas
Los votantes son mucho más escépticos ante el auge de las máquinas de lo que lo fueron con las criptomonedas
A la inteligencia artificial le costará replicar el manual político de las criptomonedas. Los defensores del dinero digital obtuvieron un buen retorno de los 170 millones de euros que gastaron en campaña durante el último ciclo electoral en EE UU: el Congreso se movió con rapidez en la legislación sobre las stablecoins y estudia otras ventajas para el sector. La diferencia para los adalides del aprendizaje automático que intentan repetir la hazaña es que esta vez la oposición es firme.
El grupo de presión de la IA mejor financiado ha levantado 120 millones de euros, en su mayoría de directivos de OpenAI, la empresa de Sam Altman, del desarrollador de software Palantir y de la firma de capital riesgo Andreessen Horowitz. La resistencia la lidera Anthropic, cuyo chatbot, Claude, compite con ChatGPT, de OpenAI, y con otros. Los votantes, además, son mucho más escépticos ante el auge de las máquinas de lo que lo fueron ante las redes descentralizadas.
Nutrido de dinero de Andreessen Horowitz, entre otros, el comité de acción política Fairshake ayudó a que sus aliados del token virtual salieran elegidos en 2024, al tiempo que desalojaba a los partidarios de normas más restrictivas. El presidente del Comité Bancario del Senado, Sherrod Brown, fue uno de los expulsados de Washington por el grupo cripto, que ganó 53 de las 58 carreras al Congreso en las que se implicó en 2024, además de un presidente que ejerce de altavoz del sector. Leading the Future es el principal super PAC prointeligencia artificial, una organización a la que se le permite recaudar y gastar sumas ilimitadas en unas elecciones. Aspirará a igualar el registro de Fairshake, pero la competencia es más dura.
Los pasivos políticos de la IA se acumulan. Gobernadores y otros cargos estatales ganaron el año pasado tras prometer que contendrían la escalada de las facturas de la luz, que atribuyeron a la demanda de capacidad de computación. Dos tercios de los demócratas y la mitad de los republicanos dijeron en una encuesta de Reuters/Ipsos de junio que se opondrían a la instalación de centros de datos en sus comunidades. Un intento, promovido por la Casa Blanca, de anticiparse a la regulación estatal —que amenaza con crear un mosaico de normas— acabó eliminado de las propuestas federales cuando quedó claro que no contaba con apoyo suficiente entre los legisladores.
Los candidatos que presionan por normas más duras tendrán respaldo. Unos 68 millones de euros procedentes de Public First Action, financiada por Anthropic, y de grupos afines se destinan a “mitigar los grandes riesgos de la IA”. En 2024 no existía una fuerza anticripto con un presupuesto de ese calibre. Aunque una primera prueba de fuego falló cuando un candidato favorable a la regulación perdió unas primarias en Nueva York, la oposición como mínimo amortiguará el efecto del dinero desplegado para elegir aspirantes partidarios del laissez faire. En la carrera del hiperescalado puede haber más de un ganador, pero los resultados electorales son binarios.