El caza europeo, una gran oportunidad perdida
El continente vuelve a cometer el mismo error cuatro décadas después; habrá que ver lo caro que sale esta vez
Este lunes se materializó lo que ya toda la industria sabía, pero los gobiernos alemán y francés no se atrevían a verbalizar: el FCAS, el mayor proyecto común de defensa europeo en lo que va del siglo XXI, con un coste estimado de 100.000 millones de euros, ni siquiera despegaba. En realidad, llevaba muerto un tiempo y solo faltaba que las dos grandes empresas implicadas certificaran su defunción. Si ambas cumplen con lo que han insinuado en los últimos meses, tanto Airbus como Dassault seguirán sus propios caminos por separado y harán sus propios cazas de sexta generación.
La razón de este desencuentro se halla en que ninguno de los dos gigantes quería ceder un ápice de protagonismo ni de capacidad industrial en beneficio del otro. Europa, si bien probablemente no se quede sin caza de sexta generación de cara a 2040-2050, sí ha perdido la oportunidad de poner en marcha una colaboración que ayude a unir a Europa (además de ahorrar costes y generar sinergias) en un momento en el que las amenazas geopolíticas arrecian por doquier. A esto se suma que los distintos cazas europeos que operan hoy en el mercado han quedado todos por detrás del F-35 estadounidense, un aparato de quinta generación que se caracteriza por su capacidad de sigilo para evitar ser detectado por los radares. Hasta Alemania, impulsor del FCAS, ha decidido comprar un lote del avión de combate estadounidense. España, de momento, se niega, por mucho que le encaje su versión naval.
A pesar del fracaso del proyecto, tanto germanos como galos aseguran que seguirán colaborando en lo referente a la nube de combate y los sensores, es decir, en la parte relacionada con el cerebro de la máquina y las comunicaciones, permitiendo así que los aviones, aunque diferentes, puedan comunicarse entre sí en un futuro. Indra, el tercer socio del programa (el más débil, ya que es el único que no cuenta con plataforma propia y su labor es encargarse de la mencionada nube y los sensores), probablemente se vincule al proyecto que quiera lanzar Airbus, multinacional de la que España tiene poco más de un 4%, pero un peso industrial mucho mayor.
La película del FCAS, sin embargo, ya la habíamos visto. En 1985, Francia decidió salirse del programa Eurofighter (en el que estaban Reino Unido, Italia, Alemania y España) para desarrollar su propio caza, el Rafale. Europa vuelve a cometer el mismo error cuatro décadas después. Habrá que ver lo caro que sale esta vez.