Lorenzo Mariani, el elegido de Meloni para dirigir Leonardo y calmar a Washington
El ejecutivo italiano llega al cargo envuelto en cierta polémica: sustituye a Roberto Cingolani, que había quintuplicado el valor de la compañía
Lorenzo Mariani (61 años, Roma) no ha conocido otro oficio que el de la defensa. Tras más de tres décadas entre cazas, misiles y radares navales, acaba de alcanzar el puesto más alto de Leonardo, el gigante italiano de la a...
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Lorenzo Mariani (61 años, Roma) no ha conocido otro oficio que el de la defensa. Tras más de tres décadas entre cazas, misiles y radares navales, acaba de alcanzar el puesto más alto de Leonardo, el gigante italiano de la aeronáutica, la electrónica militar y los sistemas de seguridad. Sin embargo, su nombramiento como consejero delegado, que deberá pasar por la junta de accionistas del 7 de mayo, ha irritado a no pocas figuras de la política italiana, sobre todo porque llega para relevar a Roberto Cingolani, un antecesor que en tres años quintuplicó el valor bursátil de la compañía. Mariani es, en la expresión de la prensa italiana, un prodotto interno de la galaxia Finmeccanica-Leonardo. Hijo de Aureliano, sanitario, y de Concetta Vicari, farmacéutica, creció en un entorno de clase media-alta profesional. Desde 1997 está casado con Alessandra Balzani. Ingeniero electrónico de formación, se licenció con la máxima calificación en 1990 por La Sapienza de Roma con una tesis sobre procesamiento de datos radar vía satélite. Un año después cumplió un breve periodo como oficial en la marina militar. En 2008 completó un máster en gestión y tecnología en el Imperial College London.
En 34 años ha construido su carrera en paralelo a la metamorfosis de Finmeccanica en un grupo tecnológico global, el actual Leonardo. Empezó en 1992 en Alenia Marconi Systems, entonces dentro del grupo Finmeccanica, como analista y diseñador de sistemas de radares navales, y más tarde asumió la dirección comercial de la división de sistemas terrestres.
En 2002 dio el salto a MBDA, el consorcio europeo de misiles en el que participa Leonardo, donde ocupó un puesto estratégico en el desarrollo de armamento. Regresó después a Finmeccanica y en 2012 alcanzó la dirección general del grupo. Cuatro años más tarde, ya con la casa rebautizada como Leonardo, volvió para hacerse cargo de la división de electrónica de defensa terrestre y naval. En 2018 fue nombrado consejero delegado de Leonardo International, la filial que agrupa las participaciones internacionales del grupo. Volvió a MBDA en 2020 y tres años después regresó a Leonardo como codirector general y director de operaciones. El año pasado se reincorporó al comité ejecutivo de MBDA y a MBDA Italia; entre sus hitos figura el empuje dado a las exportaciones de los cazas Typhoon dentro del programa Eurofighter, además del fortalecimiento de alianzas con socios internacionales.
Su perfil responde al de un directivo con bagaje técnico, conocimiento profundo de la industria armamentística y notable olfato comercial. El Istituto Affari Internazionali lo describe como un gestor orientado a la producción acelerada, frente al perfil más estratégico y digital de Cingolani.
Su llegada a la cúpula carga con una clara dimensión política. Leonardo sigue siendo una compañía semipública –el Tesoro italiano controla el 30,2%– y cualquier relevo debe pasar por la junta de accionistas. La decisión de Giorgia Meloni de apartar a Cingolani ha abierto un debate de calado. La prensa italiana viene especulando con un enfriamiento entre el Gobierno y el ya ex consejero delegado, producto de tensiones por la autonomía en decisiones estratégicas y de desacuerdos sobre nombramientos internos. En ese tablero, a Mariani se le percibe como una figura más cercana al núcleo técnico-industrial y respaldada por entornos próximos a Fratelli d’Italia, el partido de Meloni.
Aunque las interpretaciones sobre su nombramiento lo sitúan como el candidato más alineado con Washington, sus declaraciones recientes son marcadamente europeístas y favorables a la cooperación industrial continental. En una entrevista con Adnkronos el pasado septiembre, defendió el plan Rearm EU y subrayó que el instrumento SAFE permitirá movilizar hasta 150.000 millones de euros, lo que daría un impulso sin precedentes a un sector históricamente infrafinanciado. Ha insistido en repetidas ocasiones en el riesgo de los “celos nacionales”, entendidos como la incapacidad de fijar requisitos comunes frente a amenazas compartidas por toda la UE, y ha defendido que el socio británico es irrenunciable para una defensa europea real. En otra entrevista, en Il Riformista, afirmó que sin seguridad no hay economía que funcione ni servicios esenciales que puedan operar.
Algunos analistas apuntan, además, a razones geopolíticas. En el centro de esa lectura está el Michelangelo Dome, el sistema antimisil basado en inteligencia artificial que Cingolani había impulsado para conectar plataformas europeas de defensa aérea. El Financial Times informó de alianzas con Rheinmetall, Airbus y Thales como parte de una estrategia de integración defensiva europea que se alejaba de los fabricantes estadounidenses. Según Fanpage, la rapidez del proyecto habría encendido alertas tanto entre oficiales estadounidenses como entre otros aliados europeos, preocupados por el avance de alternativas a proveedores americanos e israelíes.
L’Espresso ha contado que, al parecer, en un vuelo hacia Adís Abeba en febrero, Meloni dijo directamente a Cingolani que el escudo antimisil “no gusta a los americanos”. La versión oficial del Gobierno, en cambio, habla exclusivamente de motivos industriales y de un nuevo contexto geopolítico que obliga a acelerar la producción. En ese escenario, sostienen, la dilatada experiencia sectorial de Mariani lo convierte en la opción más adecuada.
Medios como Wired ironizaron con que el nombramiento equivale a “un regalo a Trump”. Desde la oposición, Carlo Calenda y Matteo Renzi han reprochado la falta de explicaciones oficiales y han pedido mayor transparencia. El mercado, por su parte, ha reaccionado con cautela. Inversores como Guy Wyser-Pratte advierten de que, “si algo funciona, es mejor no tocarlo”. Barclays apunta que el relevo introduce riesgos a corto plazo en la cotización, mientras Equita considera que Mariani garantizará la continuidad estratégica y mantendrá el foco en ventas y cartera de pedidos.
El reto para el directivo es mayúsculo en todos los frentes. Por un lado, deberá demostrar independencia frente a un Gobierno que lo ha puesto a dedo y que ya ha mostrado poca paciencia con los consejeros delegados que se salen del guion. Por otro, tendrá que estar a la altura de un antecesor al que cuesta encontrarle faltas. Poco margen, y la vara muy alta.
Soldado impecable
Cumplió el servicio militar como oficial de la Marina en Livorno, en el Instituto Mariteleradar. Se licenció primero de su promoción, tras especializarse en electrónica aplicada a la navegación y la defensa.