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Un mercado bipolar ante un conflicto asimétrico

La inversión direccional tiene muchas más papeletas para descarrilar que la clásica diversificación de activos

Un hombre vendía banderas con la imagen del líder supremo de Irán, Mojtaba Jameneí, en las cercanías de la plaza Engelab en Teherán, el 24 de abril.Jaime León (EFE)

La última vez que el precio del petróleo cotizaba en el entorno de los 105 dólares, todavía caían docenas de bombas sobre Teherán y otras localidades de Irán. El mercado ha amortizado buena parte del alivio experimentado tras el alto el fuego de hace dos semanas anunciado por Donald Trump y las autoridades de Teherán. El acuerdo prometía reabrir Ormuz, evento que finalmente no sucedió. La semana pasada, la perspectiva de negociaciones de paz volvió a encender los mercados ante la previsión, pero de nuevo la realidad defraudó las expectativas. El mercado tiene claro desde hace casi un mes que Teherán y Washington están condenados a entenderse... Pero la dificultad está en el cómo terminar con un conflicto asimétrico, con sobredosis de retórica belicista y donde el umbral del dolor, político y económico, es inverso al poder militar.

Así, cuando las negociaciones parecen cerca, el petróleo se asoma a los 90 dólares; cuando las posiciones se alejan, es la cota 110 la que asoma. Por un lado, el mercado petrolero no será como antes de que el estrecho de Ormuz se demostrara tan sencillo de bloquear. Por el otro lado, la tesis de que Trump no quiere una crisis a gran escala y la perspectiva de un rápido rebote contienen el pesimismo de los inversores. Pero, mientras tanto, el tiempo pasa y se agravan los problemas de abastecimiento, patentes en el combustible de aviación, pero que con el tiempo llegarán a otras áreas; si hay algún consenso en el mercado energético, es que el brent subestima la gravedad de la situación. Igualmente, el paso del tiempo eleva estadísticamente las probabilidades de un accidente o error de cálculo que devuelva el Golfo al conflicto abierto. Un escenario que llevaría a una crisis inflacionista y de actividad a gran escala.

En paralelo, el poder seductor de la IA planea sobre el mundo del dinero, como han demostrado los máximos del Nasdaq. Un escenario binario, y endiablado para el inversor. En este sentido, los expertos apelan al sentido común: tan peligroso es dejarse llevar por el pánico como por la euforia; predecir el desarrollo del conflicto es una utopía para los expertos en inteligencia militar, no digamos ya para los ciudadanos a pie de calle. La inversión direccional (sea al alza o a la baja) tiene muchas más papeletas para descarrilar que la clásica diversificación de activos. Y, dentro de la renta variable, los perfiles defensivos no garantizan rendimiento, pero sí pueden limar los picos y valles de una montaña rusa imprevisible.

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