Cien días que pusieron a prueba al capital que mira hacia los Emiratos
El Dubai International Financial Centre sumó 775 nuevas empresas, un 62% más que un año antes
Cuando estalló la tensión en el Golfo, hace ahora más de cien días, muchas corporaciones y family offices españoles con intereses en los Emiratos se hicieron la misma pregunta: ¿replegarse o consolidar posiciones? La respuesta que el capital global ha dado sobre el terreno encierra una lección que va mucho más allá de la coyuntura. Hoy, con un acuerdo preliminar entre Estados Unidos e Irán que apunta al cese de hostilidades y a la normalización del tránsito por el Estrecho de Ormuz, el balance de estos cien días resulta aún más revelador.
El golpe inicial fue real. En los primeros días de marzo, el puerto de Jebel Ali, que mueve cerca del 36% del PIB de Dubái, suspendió su actividad de forma preventiva mientras se revisaban las condiciones de seguridad. Las grandes navieras detuvieron reservas y tránsitos por el Estrecho de Ormuz. Quien anticipó entonces una retirada tenía motivos visibles para hacerlo.
Cien días después, el panorama es otro.
La interrupción de Jebel Ali duró horas, no días. El puerto recuperó la operatividad de sus terminales sin daños estructurales. Pero lo realmente revelador no es la velocidad de la reapertura, sino lo que hizo el dinero. Según la agencia oficial WAM, DP World captó 854 millones de dirhams, unos 230 millones de dólares, en nueva inversión en la zona franca de Jebel Ali durante el primer cuatrimestre. Más del 43% de esos compromisos se firmaron en marzo y abril, en plena tormenta.
No es capital especulativo. Son fabricantes de acero, compañías agroalimentarias, empresas de salud, operadores logísticos. Negocios que invierten en infraestructura fija y piensan en décadas, no en trimestres. El responsable de operaciones de DP World lo definió como un giro hacia la inversión a largo plazo, con grandes compañías anclando sus operaciones en Dubái para los próximos años.
El plano financiero cuenta lo mismo. En el primer trimestre, el Dubai International Financial Centre sumó 775 nuevas empresas, un 62% más que un año antes. Solo en marzo, con el conflicto activo, se establecieron 258, frente a 162 el año anterior. Y las fundaciones familiares, el inversor más conservador que existe, crecieron un 108%. Que el patrimonio familiar duplique su presencia en plena tensión regional no es casualidad. Es un voto de confianza.
Hubo, claro, quien se replegó. Contratos aplazados, operaciones congeladas, empresas que prefirieron esperar. Y al mismo tiempo, sobre el mismo terreno, otras aceleraron su implantación. Dos respuestas opuestas ante un mismo hecho. La pregunta no es cuál acertó, sino qué las separó.
Después de trece años acompañando a empresas españolas en su implantación en los Emiratos, la respuesta que veo no está en el apetito por el riesgo ni en la suerte. Está en cómo cada una había leído el mercado antes de pisarlo. Quien entendía el entorno (su continuidad institucional, su forma de responder bajo presión, su historial) supo distinguir un sobresalto pasajero de un problema de fondo. Quien había llegado solo por la oportunidad, sin esa lectura, se fue en cuanto llegó la duda.
Hay además un dato que conviene no perder de vista. El comercio exterior no petrolero de los Emiratos alcanzó en 2025 los 3,8 billones de dirhams, lo que va convirtiendo al país en un nodo logístico cada vez menos dependiente del petróleo. Y para una empresa española hay un factor decisivo: los acuerdos de asociación económica que los Emiratos han firmado con India, Indonesia o Turquía. Instalarse en el Golfo ya no es solo entrar en un mercado. Es usarlo como plataforma hacia Asia y África, dos regiones donde España siempre ha mirado de reojo, sin atreverse a entrar del todo. Pocos contextos como el actual ofrecen una invitación tan clara a hacerlo con tiempo y criterio.
La lección de estos cien días es incómoda pero útil. El titular diario no es un criterio de decisión, y el momento de entender un mercado no es cuando estalla la crisis, sino mucho antes de pensar siquiera en entrar. Internacionalizarse bien no consiste tanto en elegir el destino correcto como en conocerlo lo suficiente para saber quedarse cuando otros se marchan.