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En colaboración conLa Ley

La regularización extraordinaria y el coste jurídico de sacar a la luz la economía informal

La ley puede abrir una vía, pero si el expediente llega incompleto, mal probado o con documentos incorrectos, la persona puede quedar de nuevo en un limbo

Vista de una oficina de Extranjería este martes en Valladolid. NACHO GALLEGO (EFE)

La regularización extraordinaria de personas extranjeras no solo debe analizarse como una medida migratoria. También es una radiografía jurídica y económica de una realidad que España llevaba años gestionando de forma imperfecta como es la de miles de personas que ya vivían, trabajaban o cuidaban en nuestro país, pero fuera de los canales formales.

La medida puede ser positiva si permite ordenar situaciones preexistentes, reducir economía informal y ofrecer seguridad jurídica a trabajadores, familias y empresas. Pero su éxito no dependerá únicamente de la voluntad política ni del texto normativo. Dependerá, sobre todo, de la capacidad de convertir expedientes complejos en autorizaciones efectivas sin generar un nuevo cuello de botella administrativo.

El debate público suele centrarse en las grandes cifras, es decir, cuántas personas podrán regularizarse. Sin embargo, la experiencia práctica demuestra que muchos procedimientos no se bloquean por grandes controversias jurídicas, sino por detalles documentales aparentemente menores que pueden tener consecuencias decisivas.

Uno de los ejemplos más claros aparece en familias con menores. Muchas intentan regularizar directamente al hijo, pero no siempre tienen en cuenta que, cuando existe un progenitor ausente, fuera de España o no conviviente, puede ser necesario aportar poder notarial autorizando al otro progenitor a iniciar el trámite. Si ese poder se otorga ante notario extranjero, además, debe venir legalizado o apostillado. Para una familia, puede parecer un formalismo; para el expediente, puede ser la diferencia entre avanzar o quedar bloqueado.

También se están detectando incidencias en menores en edad de escolarización obligatoria que no constan correctamente escolarizados. En estos casos, la Administración puede requerir acreditación o informe de escolarización. Lo mismo ocurre con los empadronamientos. Este es el caso de padres que están efectivamente a cargo del menor, pero que no aparecen empadronados en el mismo domicilio, por lo que se encuentran con dificultades para acreditar convivencia o dependencia familiar.

Estos problemas no siempre reflejan fraude ni incumplimiento material. Muchas veces reflejan precariedad administrativa, desconocimiento o trayectorias vitales complejas. Pero en Derecho administrativo la forma importa. Y en extranjería, la forma puede condicionar el fondo.

Otro ejemplo habitual es el pasaporte incompleto. Falta una página, incluso aunque esté en blanco, y el expediente puede quedar condicionado. O los antecedentes penales, ya que en algunos países, como Colombia, es frecuente que las personas aporten certificados disciplinarios de la Procuraduría, en lugar de los antecedentes penales con fines migratorios emitidos por la Policía Nacional. Ese error obliga a pedir un nuevo documento, apostillarlo y volver a incorporarlo, con el consiguiente retraso.

Todo ello muestra que la regularización no se juega únicamente en la norma, sino en la gestión documental y en la interpretación administrativa. La ley puede abrir una vía, pero si el expediente llega incompleto, mal probado o con documentos incorrectos, la persona puede quedar de nuevo en un limbo.

Ese limbo tiene consecuencias económicas. Una persona regularizable, pero pendiente de subsanar, no siempre puede incorporarse al mercado laboral en el momento en que una familia o empresa la necesita. Y una familia o pyme que necesita cubrir una necesidad inmediata no puede esperar indefinidamente a que se corrija un documento, llegue una apostilla o se aclare un criterio provincial.

La regularización, por tanto, obliga a equilibrar tres planos: derechos, seguridad jurídica y capacidad real de tramitación. Formalizar empleo es positivo, ya que genera cotización, protección social, trazabilidad y reduce economía sumergida. Pero esa formalización también revela tensiones que estaban ocultas. Muchas familias dependían de cuidados informales. Muchos pequeños negocios funcionaban con márgenes muy estrechos. Muchos trabajadores extranjeros estaban presentes en la economía real, pero ausentes del sistema jurídico.

El reto no es negar esa realidad, sino ordenarla sin romperla. Para ello harán falta criterios homogéneos, instrucciones claras, expedientes bien preparados y una Administración capaz de distinguir entre defectos subsanables y verdaderos incumplimientos.

La regularización extraordinaria puede convertirse en una herramienta útil de integración y orden económico. Pero para que lo sea, hay que entender que no basta con abrir una puerta jurídica. Hay que acompañar a quienes tienen que cruzarla con documentos correctos, plazos razonables y seguridad para todas las partes.

Porque en extranjería, muchas veces, la diferencia entre una oportunidad y un bloqueo no está en la ley, sino en una página del pasaporte, una apostilla pendiente o un poder notarial que nadie explicó a tiempo.

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