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KPMG alerta de la dificultad en el suministro de gas de Europa para este invierno por el veto ruso

La consultora propone habilitar mecanismos de intercambio comercial de gas licuado (GNL) que permitan sustituir los volúmenes rusos

Estación de compresión de gas en Yamal, de la rusa Gazprom.KACPER PEMPEL (REUTERS)

Europa no puede dar por garantizada la seguridad de suministro de gas natural el próximo invierno debido a la coincidencia de la prohibición del gas ruso con un mercado global tensionado y bajos niveles de almacenamiento, según advierte KPMG en su informe El veto al gas ruso y sus implicaciones para la seguridad del suministro europeo y perspectivas para España.

Según el análisis, el calendario de eliminación de las importaciones rusas, establecido en el Reglamento (UE) 2026/261, se produce en un entorno de severas restricciones operativas. Entre ellas, las dificultades en el tránsito por el estrecho de Ormuz, la menor disponibilidad de exportaciones desde Qatar y Emiratos Árabes Unidos y una competencia feroz con el mercado asiático.

A esta compleja coyuntura, según la consultora, se añaden unos niveles de almacenamiento de gas en Europa inferiores a la media de los últimos 15 años y un incremento del riesgo geopolítico. Así, el informe considera que todos estos factores reducen de forma significativa el margen de seguridad energética en el continente de cara a los meses más fríos.

En concreto, KPMG destaca que, según la Agencia de la Unión Europea para la Cooperación de los Reguladores de la Energía (ACER), los contratos vigentes de gas ruso suponen entre 45y 55 bcm (mil millones de metros cúbicos) anuales, lo que representa entre el 11% y el 14% de la demanda europea y evidencia la magnitud del desafío de sustitución. Además, KPMG subraya que la seguridad energética europea depende de su capacidad para competir por cargamentos de gas natural licuado (GNL).

En este sentido, en 2026, los índices de referencia TTF europeo y JKM asiático registraron sus cotizaciones más altas desde la crisis energética de 2022, desplazándose el diferencial de precios a favor de Asia. De esta manera, con una prima del mercado asiático sobre el europeo en una media cercana a los 6,3 euros/MWh entre marzo y junio, el estudio advierte de que se ha incentivado el desvío de cargamentos hacia ese continente, lo que incrementa la presión sobre los precios globales y agudiza la competencia por conseguir el suministro necesario.

A ello, el informe añade que la situación se complica aún más por el estado de las reservas europeas, que afrontan el periodo invernal en niveles anormalmente bajos, una vulnerabilidad que merma la capacidad de respuesta frente a potenciales interrupciones en el suministro o picos imprevistos en la demanda energética. Asimismo, señala que la estructura de precios en situación de backwardation -donde los precios futuros cotizan por debajo de los precios al contado- desincentiva la inyección de gas en los depósitos, una dinámica financiera que dificulta considerablemente el llenado preventivo de las reservas antes de que comience el invierno.

España, mejor posicionada

El estudio considera que, en este contexto global, España cuenta con una posición relativamente más sólida que otros Estados miembros, debido, especialmente, a su elevada capacidad de regasificación, la diversificación de sus fuentes de aprovisionamiento y la conexión directa por gasoducto con Argelia, vía Medgaz. Sin embargo, KPMG aconseja no caer en el optimismo, dado que la elevada dependencia española del GNL la expone directamente a las turbulencias del mercado internacional, por lo que la volatilidad de precios y el riesgo de desvío de metaneros hacia destinos más rentables amenazan con impactar en la competitividad industrial y en los consumidores.

Para mitigar estos riesgos, el socio responsable de Energía y Recursos Naturales de KPMG en España, Eduardo González, cree que la Comisión Europea debería considerar la posibilidad de habilitar mecanismos de intercambio comercial (swaps) que permitan sustituir los volúmenes de GNL ruso actualmente consumidos en Europa por gas de origen no ruso, “favoreciendo una reasignación más eficiente de los flujos globales de GNL”. Y añade que, “bajo este esquema, Europa recibiría moléculas alternativas de terceros países, mientras que los volúmenes rusos podrían redirigirse a mercados sin restricciones equivalentes, reduciendo la competencia directa entre Europa y Asia por los cargamentos flexibles”.

Por otro lado, González destaca que estos mecanismos podrían permitir que los intercambios comerciales y la redistribución de cargamentos se realizarán utilizando navieras e infraestructuras sometidas a los estándares regulatorios europeos e internacionales, “evitando una dependencia creciente de operadores rusos o vinculados a la denominada “flota en la sombra”. Lo cual, “contribuiría a mejorar la transparencia, la trazabilidad y la supervisión de los flujos internacionales de GNL, reduciendo riesgos operativos”, concluye.

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