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MFS, la ‘medusa’ del crédito privado que picó al Santander y amenaza con provocar una nueva crisis financiera global

La entidad presidida por Botín tenía una exposición a la firma de 300 millones, según los cálculos del sector

La presidenta de Banco Santander, Ana Botín.A. Pérez Meca (Europa Press)

Han pasado cerca de dos décadas, pero las cicatrices de la Gran Recesión aún permanecen en la piel del sector financiero. Una de ellas es el temor de que aquel desastre se vuelva a repetir. E, incluso en pleno bum de resultados récord del sector, los inversores otean si se vislumbran nuevos nubarrones. Los últimos en encender las alarmas han sido los recelos sobre el crédito privado: se trata de ...

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Han pasado cerca de dos décadas, pero las cicatrices de la Gran Recesión aún permanecen en la piel del sector financiero. Una de ellas es el temor de que aquel desastre se vuelva a repetir. E, incluso en pleno bum de resultados récord del sector, los inversores otean si se vislumbran nuevos nubarrones. Los últimos en encender las alarmas han sido los recelos sobre el crédito privado: se trata de los fondos y empresas dedicados a conceder préstamos corporativos al margen de los canales de la banca tradicional —si bien con el apoyo financiero de esta en muchos casos— y que han protagonizado un rosario de quiebras en los últimos meses.

El hombre más poderoso del mundo financiero, el presidente de JP Morgan, Jamie Dimon, las definió hace ya unos meses como “cucarachas”. “Cuando ves una cucaracha, probablemente haya más. Todos deberían estar prevenidos sobre esto“, afirmó durante una presentación de resultados, preguntado sobre la caída de la compañía estadounidense Tricolor, financiera de automóviles, y First Brands, fabricante de componentes para automóviles. La presidenta del Santander, Ana Botín, respondió a estas palabras de Dimon y le enmendó; en su opinión, este tipo de firmas no eran cucarachas, sino “medusas”. “A veces te pican un poco, pero si tienes cuidado, no importa. Aun así, puedes nadar”, sostuvo.

Botín se pronunció una vez que los tambores de crisis cruzasen el Atlántico y afectasen a la financiera británica MFS. Esta compañía está especializada en un tipo de préstamos conocidos como bridging. Esto es, créditos a corto plazo, utilizados para reformar un activo inmobiliario (como reacondicionar una casa o reconvertir un edificio de viviendas, por ejemplo), de modo que su colateral se revalorice con esa operación. Sobre el papel es un negocio algo sofisticado, pero cercano a lo que hacen los bancos; sin embargo, MFS no es en puridad un banco, sino algo más cercano a una empresa al uso.

El negocio de los bancos se basa en prestar dinero a sus clientes (por el que cobran un tipo de interés) con el dinero depositado en las cuentas corrientes (por el que ellos pagan). El problema está en que MFS carecía de esos depósitos, por lo que debía recurrir a préstamos de bancos y fondos de inversión para obtener ese dinero. Después lo empaquetaba y lo prestaba a un interés muy superior a otras empresas a las que los bancos tradicionales no concedían créditos.

El problema surgió cuando se destapó que MFS utilizaba el mismo colateral para respaldar varios préstamos concedidos de varios bancos; esto es como si un cliente pidiera la misma hipoteca, sobre el mismo piso, a varios bancos a la vez. La operativa provocó que algunos bancos, ante las dudas surgidas, empezasen a recortar las líneas de financiación a la firma, que empezó a no poder captar dinero para prestárselo a los clientes. El castillo de naipes se derrumbó y declaró la quiebra.

“Se trata de un caso claro de fraude y no tanto de una sobrevaloración de activos por el crédito privado. El problema está en que los bancos no lo detectaron en sus trabajos de due diligence [análsis financiero de las operaciones] y no se puede descartar que puedan surgir más en el futuro”, apunta un analista especializado en banca española. En puridad, MFS no es un fondo de crédito privado, sobre los que se centran muchas de las dudas en Estados Unidos, pero su operativa y sus fuentes de financiación sí están ligadas con estos. Entre las entidades que prestaban dinero a MFS y están afectadas por su caída figuran Barclays, Jefferies, Wells Fargo o el mismo Banco Santander, pero también fondos como Apollo o Elliott.

El banco español, a diferencia de otros involucrados en el asunto, aún no ha reconocido cuántas pérdidas le provocará este asunto. La agencia Bloomberg ha publicado que rondarán los 300 millones. El consejero delegado, Héctor Grisi, afirmó en la última presentación de resultados que la exposición a MFS está totalmente provisionada y “no supone ningún riesgo material”.

Varias fuentes próximas a los departamentos de riesgos de los principales bancos coinciden en señalar que la exposición de los bancos españoles no solo a MFS sino a todo el crédito privado es muy reducida y se limita al Santander y al BBVA. En recientes reuniones con analistas, el Santander ha afirmado que su exposición al mercado privado (dentro del cual está incluido el crédito privado) es inferior al 1% del crédito total del grupo, lo que incluye unos 2.000 millones de crédito privado. Su director financiero, José García Cantera, lo consideró como insignificante.

En cuanto al BBVA, el banco estima una exposición del 0,5% del riesgo total del grupo a fondos. Un portavoz del banco indica que el crédito privado es una parte pequeña del mismo y que la mayoría corresponde con préstamos a empresas de private equity y, fundamentalmente, financiaciones a proyectos respaldados por estos fondos.

“La exposición de la banca española es baja, pero el problema es si la calidad de todos los fondos a quienes han prestado dinero es tan alta como se suponía”, explica un analista de una de las principales firmas españolas. Estos temores se acrecentaron la semana pasada, cuando HSBC admitió un efecto de 400 millones por MFS. Sobre el papel, el banco no estaba afectado por su quiebra, pero se vio obligado a asumir esos números rojos al admitir que sufragaba principalmente al fondo Atlas, propiedad del gigante del capital riesgo Apollo, uno de esos grandes nombres del sector que sobre el papel dan tranquilidad a los inversores.

“Si las dudas empiezan a acrecentarse, sobre todo el capital privado, es posible que los bancos tengan que provisionar toda su exposición a él. Según las cifras divulgadas, esto podría comprometer las ganancias de todo el año del Santander y del BBVA, que se frenarían tras muchos trimestres consecutivos encadenando máximos”, asegura una fuente del sector.

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