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Trump tendrá la última palabra sobre la compra del banco estadounidense Webster por el Santander

Dos organismos dependientes del Gobierno federal de Estados Unidos tienen que aprobar la operación

Donald Trump tendrá la última palabra sobre la expansión prevista del Santander en Estados Unidos. En la extensa lista de organismos que deben dar el visto bueno a la compra de Webster por el Santander aparecen dos que dependen directamente del Ejecutivo que pilota el presidente republicano. Son el supervisor principal de los bancos con licencia federal, la OCC, dependiente del Departamento del Tesoro, cuyo jefe es Scott Bessent, y la división antimonopolio del Departamento de Justicia, pilotada por Pamela Bondi.

El banco se muestra convencido de que la transacción se cerrará durante la segunda mitad de año. Además del visto bueno de estos dos organismos dependientes de la Casa Blanca, el Santander también se encomienda a otras autoridades independientes. Necesitará igualmente el sí de la Reserva Federal, cuyo mando asumirá previsiblemente Kevin Warsh en el mes de mayo. También deberá contar con el visto bueno de su homólogo en Europa, el Banco Central Europeo (BCE).

Una vez obtenga todos estos requisitos regulatorios, el plan de Botín pasa por fusionar ambas entidades, Webster y su filial en EE UU, tal y como ella misma afirmó en la conferencia con analistas de la semana pasada que se celebró tras la publicación. Para ello, reconoció, deberá contar con el sí de la junta de accionistas de ambas entidades. La máxima ejecutiva del Santander afirmó que esto ocurrirá en los próximos meses y que no esperan ningún problema sobre ello.

Las partes han pactado un pago de 489 millones de dólares (unos 410 millones de euros) por si una de ellas se echase atrás en la venta. El contrato de compraventa establece, además, la salvaguarda de que no tendrían que abonar esta cantidad si la operación no se ejecuta por problemas regulatorios.

Es habitual que las operaciones corporativas, y más las del sector financiero, terminen por adquirir una pátina política. En España, el ejemplo de la opa del BBVA sobre el Sabadell está reciente. El Ejecutivo no solo no se conformó con el análisis de la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC), sino que realizó una consulta pública abierta para que ciudadanos, empresas y asociaciones dieran sus opiniones sobre la operación. Y finalmente, introdujo una condición extra a las que impuso la CNMC, que obligaba a mantener la independencia de la entidad desde el punto de vista societario, de patrimonio y de toma de decisiones durante entre tres y cinco años, lo que impedía su fusión o los despidos. Esto condicionó las sinergias planteadas de la operación y jugó un papel relevante en el fracaso de la transacción.

La autorización de los mencionados supervisores es el trámite habitual en una operación corporativa como la prevista. Pero en la era Trump, es especialmente relevante la luz verde de la Casa Blanca. En el pasado Botín ya exhibió sintonía con el presidente estadounidense. Ambos compartieron una mesa redonda en la cumbre de Davos del año pasado, junto a Stephen Schwarzman, presidente de Blackstone; Brian Moynihan, presidente de Bank of America, y Patrick Pouyanné, de Total Energies. En aquella ocasión se intercambiaron elogios. Botín quiso poner en contexto y explicó el tamaño del banco y su voluntad de invertir en EE UU, al tiempo que aplaudió la agenda desreguladora de Trump en la Casa Blanca. El dirigente estadounidense le felicitó por haber hecho “un trabajo fantástico”.

Sin embargo, en la actual Administración Trump las ideas se mueven rápido. El presidente ha denunciado reiteradamente que otros países sacaban provecho de EE UU y es algo que quiere revertir. Está por ver si en esa idea y en el repliegue proteccionista que han traído consigo incluye que una entidad extranjera compre una estadounidense.

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