Stuart no consigue salvar el universo: un viaje por el multiverso ideal para el verano
Esta comedia de HBO Max, que cumple perfectamente su cometido, es una excelente opción para divertirse con personajes de The Big Bang Theory.
Si me hubieran dicho hace unos años que el dueño de la tienda de cómics más deprimido de Pasadena acabaría protagonizando su propia odisea interdimensional, probablemente me habría reído. Pero aquí estamos, con HBO Max dándonos algo que nadie pidió… pero que, sorprendentemente, tiene mucho más de lo que parece a simple vista. Stuart no consigue salvar el universo es el último giro de tuerca de Chuck Lorre, Bill Prady y Zak Penn al universo de The Big Bang Theory, y os adelanto que no tiene nada que ver con lo que habéis visto antes en la franquicia.
La premisa arranca fuerte. Stuart Bloom, interpretado por un Kevin Sussman que tiene el personaje más que interiorizado, se encuentra en una Pasadena que parece sacada de The Last of Us. Así, como suena. El mundo se ha ido al garete: hay monstruos mutantes, polillas gigantes y la gente sobrevive intercambiando latas de comida por cómics antiguos. ¿El culpable? Un experimento fallido con una cosa de entrelazamiento cuántico creada por Sheldon y Leonard que salió terriblemente mal cuando Stuart estaba cerca. A partir de ahí, nuestro antihéroe recibe la visita de una versión alternativa de sí mismo con un objetivo: localizar un dispositivo -que parece un microondas- pero que permite viajar entre dimensiones con solo pulsar un botón.
Es una comedia, sí pero no es como Big Bang
Es importante indicar que la serie se aleja por completo del formato de multicámara tradicional para abrazar una estética de cámara única mucho más íntima y cinematográfica. Este cambio le sienta de maravilla, permitiendo que la relación entre Stuart y Denise (una fantástica Lauren Lapkus) gane en profundidad y matices, algo que en la serie original apenas se podía rozar. No están solos en esta locura; los acompañan el geólogo Bert Kibbler, encarnado por Brian Posehn, y el eterno rival Barry Kripke, interpretado por John Ross Bowie. Juntos forman un equipo de secundarios que ahora reclaman su lugar bajo los focos… dejando claro que ya no son simples personajes de relleno.
En su periplo por salvar (o intentar no destruir más) el multiverso, el grupo salta de una realidad a otra sin mucho control sobre su destino. El diseño de estos mundos es donde la serie saca a relucir su lado más imaginativo. Hay de todo: una dimensión donde todos son centauros, otra donde la magia es real y Pasadena es una zona de guerra activa e, incluso, una realidad bastante perturbadora donde la gente pasta hierba como si fueran vacas. En cada parada, el grupo debe enfrentarse a situaciones de vida o muerte que ponen a prueba su moralidad y su ingenio
Stuart no consigue salvar el universo merece la pena
Si buscáis motivos para darle una oportunidad a esta nueva serie de HBO Max, aquí os dejo unos cuantos puntos clave:
- La duración de los episodios es ideal para el ritmo actual, moviéndose entre los 15 y 25 minutos, lo que la convierte en un maratón muy ligero de apenas tres horas en total.
- El apartado técnico es sorprendente para ser un spin-off de una sitcom, contando con una banda sonora original compuesta por, nada menos, que el mismísimo Danny Elfman.
- El humor es mucho más adulto y arriesgado, permitiéndose muertes violentas impredecibles y un lenguaje mucho más directo y soez que encaja con el tono apocalíptico.
- Las apariciones sorpresa de personajes conocidos de la serie original están muy bien integradas, funcionando como guiños para los fans sin llegar a eclipsar a los protagonistas.
- La evolución de Stuart es genuina; Kevin Sussman logra que el personaje pase de ser un pobre diablo a alguien que, a pesar de sus miedos, intenta hacer lo correcto.
Sin embargo, no todo es perfecto en esta travesía interdimensional. Stuart no consigue salvar el universo también tiene sus puntos flacos. Por ejemplo, el humor basado en Barry Kripke puede resultar agotador; sus bromas sobre su impedimento en el habla o su actitud cínica y babosa se sienten a veces como un recurso fácil -que ya estaba agotado en la serie madre-. Además, la trama puede sentirse algo repetitiva: llegan a un mundo, se meten en líos, encuentran el dispositivo y escapan por los pelos hacia el siguiente capítulo.
Otro aspecto que que puede hacer que levantes las cejas es el trato a ciertos personajes secundarios. A veces, los habitantes de las otras dimensiones son tratados como simples decorados desechables, lo que le quita peso emocional a las supuestas heroicidades del grupo. Incluso la relación de Stuart y Denise tiene momentos que bordean lo cínico, tratando la conexión emocional casi como un premio que el protagonista gana por sus esfuerzos, más que como una relación orgánica entre dos personas.
A pesar de estos fallos, la serie tiene una energía contagiosa. Hay un episodio particularmente brillante donde el grupo aterriza en una utopía que desconoce la propiedad privada o la monogamia, y ver cómo consiguen destruirla por completo en cuestión de minutos es una de las sátiras más afiladas que ha firmado Chuck Lorre en años. Es en esos momentos de ingenio puro donde la serie justifica su existencia más allá de ser un simple producto derivado para exprimir la marca.
En definitiva, estamos ante una propuesta que, aunque a veces tropieza con su propia ambición o se apoya demasiado en gags antiguos, resulta ser un experimento muy solvente. Es una serie que sabe que es rara y lo celebra, permitiéndose el lujo de ser un producto resistente a las comparaciones directas con su predecesora gracias a su cambio radical de tono.
Algo que es completamente diferente
Un detalle final: me ha gustado especialmente cómo juegan con los títulos de los episodios, que siempre empiezan con la palabra Spoiler y te cuentan básicamente lo que va a pasar… burlándose de la paranoia actual que tenemos todos con los destripes. Es ese tipo de detalles meta-comentados los que elevan la experiencia y te mantienen pegado a la pantalla, esperando a ver qué nueva locura se les ha ocurrido a los guionistas.
Stuart no consigue salvar el universo no revolucionará la televisión, pero te aseguro que te sacará más de una carcajada y te dejará con ganas de ver en qué otro lío dimensional se mete este grupo de inadaptados en una posible segunda temporada. Al final, lo que importa de esta creación de HBO Max no es si se logra el objetivo del título, sino el divertidísimo caos que deja a su paso mientras lo intenta.