La deuda de EE UU marca el interés más alto desde 2007 impulsada por el petróleo
El temor a una inflación más prolongada penaliza a la deuda soberana y eleva al 90% la probabilidad de que la Fed suba tipos esta semana, mientras la corrección tecnológica pasa factura a las Bolsas
El encarecimiento de los precios energéticos, con el barril de petróleo tocando los 109 dólares y el gas natural en niveles no vistos desde finales de 2022, dispara los temores de una inflación más prolongada y se deja sentir en un mercado ya temeroso ante el estallido de una crisis en la inteligencia artificial. La escalada de los precios del crudo y el gas amenaza con encarecer los costes de financiación de las economías, mientras que los bancos centrales se preparan para subir los tipos de interés como contrapeso al repunte de la inflación. La rentabilidad del bono de Estados Unidos a diez años ha alcanzado el 5% por primera vez desde 2007, mientras que la deuda española a una década cotiza en récord de interés desde 2012, por encima del 4%. En la renta variable, las Bolsas corrigen lideradas por los valores tecnológicos y el Ibex pierde los 19.600 puntos al dejarse un 1,4%.
El recrudecimiento de las tensiones en Oriente Medio lleva ya semanas castigando los mercados, lo que ha llevado al barril de petróleo brent a tocar máximos de cuatro meses en 109 dólares, nivel que ha moderado posteriormente hasta los 105,68 dólares tras una subida del 1,02%. Arabia Saudí ha cerrado el oleoducto clave que le permite dar salida a su producción de petróleo por el mar Rojo, sin pasar por el estrecho de Ormuz, tras varios ataques de la milicia hutí. Además, se ha cancelado una reunión entre Irán y los estados del golfo Pérsico en Omán para analizar la gestión del estrecho de Ormuz. El repunte del crudo tiene su réplica en el mercado del gas natural, donde los futuros del gas natural de referencia en Europa, el TTF, alcanzan los 82 euros el megavatio hora.
Los analistas de Bankinter estiman que “el cierre del oleoducto de Yanbu es clave, ya que se calcula que podría circular por ahí en torno al 4% del suministro global”, aunque inciden en que no está claro el alcance de los daños y cuándo se reabrirá: mientras el ejecutivo estadounidense apunta a una reapertura en cuestión de días, varias fuentes consultadas por Associated Press creen que serán precisas varias semanas. El cierre de este corredor energético, que ha sido relevante tras el cierre del estrecho de Ormuz, limita la capacidad de exportación de Arabia Saudí en un contexto en el que ha reducido con fuerza su producción: en septiembre, según datos de la OPEP, el país produjo 7,2 millones de barriles diarios, lejos de los 10 millones de barriles diarios registrados en 2025.
Los analistas optan por el momento por mantener sin cambios sus escenarios. Los estrategas de ING se mantienen en su escenario base de un precio medio del brent en los 80 dólares por barril en el cuarto trimestre del año, aunque no descartan una situación cambiante. Los de Citi, a su vez, defienden una “resolución eventual y una reapertura gradual del estrecho de Ormuz en el cuarto trimestre 2026, lo que podría hacer que brent vuelva a los 60 dólares en 2027″. Si bien no descartan que, si el conflicto se extiende, el barril supere la cota de los 110 dólares.
La subida de los precios energéticos está castigando con fuerza al mercado de deuda, donde la rentabilidad de los bonos soberanos, que se mueve a la inversa que el precio, sigue en ascenso. En EE UU la deuda a una década ha superado el 5% por primera vez desde julio de 2007, encareciendo el coste de financiación de la primera economía del mundo a menos de dos meses para las elecciones de mitad de mandato.
Un movimiento que tiene su réplica en otras referencias: el bono español a diez años ha tocado por primera vez en tres años la frontera del 4% y apunta a máximos de 2013. De igual forma, el bono alemán con vencimiento en 2036 alcanza el 3,5% y el francés llega al 4,47%. La escalada de la deuda gala lleva a su prima de riesgo a rozar por primera vez desde 2022 los 100 puntos básicos. Los inversores exigen más rentabilidad por mantener deuda a largo plazo mientras Gobiernos y empresas compiten por el capital en un contexto de déficits presupuestarios crecientes y una avalancha de emisiones destinadas a financiar infraestructuras de inteligencia artificial. Además, el repunte de los rendimientos resta atractivo a una Bolsa ya bajo presión. Zach Griffiths, responsable de estrategia macroeconómica y de deuda con grado de inversión de CreditSights cree que la rentabilidad del bono de EE UU a 10 años podría continuar su escalada al 5,5%.
El alza del petróleo está complicando, además, la capacidad de movimiento de la Reserva Federal. Además, una inflación más alta de lo esperado en Estados Unidos refuerza los argumentos a favor de una subida de los tipos en la reunión que tendrá lugar esta semana. Los operadores otorgan ya una probabilidad de casi el 90% de un alza de tasas el miércoles, por encima del 60% de hace solo una semana, y llevan al dólar a fortalecerse frente al resto de divisas.
En línea con el consenso del mercado, Tiffany Wilding, economista de Pimco, la mayor gestora activa de renta fija del mundo, prevé que la Fed suba los tipos en 25 puntos básicos en septiembre “con la posibilidad de algunas subidas más en el futuro”. En su opinión, con unos precios energéticos al alza, la situación en Oriente Medio volátil y la inflación subyacente aún por encima del 2%, “unas pocas subidas para protegerse frente al riesgo de que las expectativas de inflación aumenten constituyen ahora nuestro escenario base”.
A todo ello se suma además la creciente presión de las principales empresas de inteligencia artificial para ralentizar el desarrollo de modelos avanzados. Un movimiento que pesa en el mercado de renta variable, influenciado desde hace meses por el empuje de la IA. En Wall Street el Nasdaq Composite ha cedido un 0,56% y S&P 500 ha bajado un 0,48% con los inversores reconsiderando si el auge del gasto en IA puede sostener las elevadas valoraciones y las expectativas de beneficios.
Unas caídas que se replican en Europa, donde el Ibex 35 ha cedido un 1,4% y ha perdido los 19.600 puntos penalizado por el recorte del sector bancario. Si bien, Solaria, ACS y ACS han sido los valores más bajistas, con caídas superiores al 5%.
El debate sobre la IA se ha intensificado después de que el consejero delegado de Anthropic, Dario Amodei, pidiera al sector que frenara el desarrollo de sus modelos de IA más avanzados y anunciara que su empresa introduciría salvaguardias adicionales, incluidas evaluaciones independientes de terceros.
El consejero delegado de OpenAI, Sam Altman, respaldó la propuesta, mientras que el jefe de xAI, Elon Musk, afirmó que “Dario tiene razón”. El presidente de EE UU, Donald Trump, sin embargo, restó importancia a las crecientes preocupaciones mientras las empresas siguen compitiendo de forma agresiva, especialmente con sus rivales chinos. Las advertencias han generado dudas sobre si un ritmo más lento de desarrollo de la IA podría reducir el gasto empresarial y poner en entredicho las expectativas de beneficios en toda la cadena de suministro.
Este cambio se produce al inicio de una semana crucial en la agenda de los principales bancos centrales. El mercado prevé cambios en la política monetaria tras las reuniones de la Reserva Federal (Fed) de EE UU, el Banco de Inglaterra y el Banco de Japón. La pasada semana, el Banco Central Europeo optó por subir las tasas por segunda vez en el año ante una inflación que se prevé prolongada.
“Se dan cita dos factores adversos”, afirmó a Bloomberg Tim Waterer, analista jefe de mercados de KCM Trade. ”Las advertencias de que el desarrollo de la IA debe ralentizarse, junto con una nueva subida de los precios del petróleo tras el cierre del oleoducto este-oeste de Arabia Saudí, constituyen una combinación difícil para los activos de riesgo. Ver cómo el rendimiento de los bonos del Tesoro a 10 años se acerca al nivel del 5% es otra señal preocupante para la Bolsa", apuntó.
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